19 de December del 2018

Aquiles Ortiz es más que un sinónimo del arte en Aragua

Su presentación “Aquiles Ortiz, el más bonito de por aquí” lo acompaña a donde va. Foto: Pedro Lara

Su presentación “Aquiles Ortiz, el más bonito de por aquí”, acompañada de una grata sonrisa, ha quedado marcada y grabada por los rincones de los países que ha visitado en su afán por impulsar el arte, compromiso que ha asumido con responsabilidad. Es por ello que el próximo 10 de noviembre del año en curso espera celebrar su quincuagésimo séptimo aniversario dentro esta materia.

Es fruto de la unión matrimonial de un agricultor de nombre Aquiles y una maestra llamada Edith, y nació bajo el nombre de Aquiles José Ortiz Bravo en la ciudad de Santa María de Cariaco, estado Sucre, hace 71 años, de los cuales gran parte los ha dedicado al arte en Aragua.

Quienes lo conocen saben que es un periodista, escritor y todo un experto en cuanto a materia artística se trata. Sostener una conversación y disfrutar de un café con este conocedor es sinónimo de un sinfín de anécdotas, expresiones populares y cuanta ocurrencia le pasa por la mente.

Vistiendo sus característicos sombreros, contó que parte de su infancia la vivió en Oriente junto a sus cuatro hermanos, donde su mamá se desempeñaba como docente. Años más tarde se mudaron a Caracas. Allí comenzó a incursionar en los estudios de arte y posteriormente se enrumbó a España para continuar su preparación durante siete años.

Sin embargo, como todo buen hijo regresó a su casa. “Culminé mis estudios y me regresé a Venezuela, porque para mí el mejor país del mundo sigue y seguirá siendo Venezuela”. Y fue el estado jardín, Aragua, donde –hasta la fecha- se ha desempeñado como propulsor de estos menesteres culturales. “Luego de 35 años de servicio pasé a ser jubilado de la Escuela de Arte de Maracay. No he hecho otra cosa sino que trabajar con el arte, y Aragua me ha dado grandes oportunidades”.

Un oriental atípico

Aquiles se considera un oriental atípico en vista que no cumple con algunas costumbres y tradiciones que caracterizan a los habitantes de esa región. “Yo soy un oriental muy malo. No como pescado, tampoco sé tocar cuatro y mucho menos jugar truco”.

Pese a que no fue un alumno destacado, su incursión en la cátedra cultural se la debe a su madre y a un profesor. “Yo no nací con el arte, fue cuestión del destino, porque yo era muy mal estudiante. Saqué primaria con una puntuación de 14, de los cuales confieso que al menos 10 eran de mi mamá. En sexto grado había un profesor que daba manualidades y yo era la mano derecha de él, y un 10 de noviembre, hace 57 años, me dijo que organizara la exposición de fin de año, y ahí fue cuando comenzó la cuestión”.

Otra anécdota curiosa de Aquiles es que su primera aspiración académica se inclinó al ámbito agrario, pero la realidad tomó otro giro.

“Cuando salí de sexto grado me inscribí para estudiar agropecuaria, porque mi papá era agricultor, pero no ingresé porque me aplazaron en el examen de admisión. De la siembra sabía lo que mi papá me enseñó: Abrir un huequito, colocar tres granitos, tapar, dar tres pasos y repetir el proceso. En el examen me preguntaron en metros y hectáreas, fue cuando descubrí que eso no era lo mío”.

La vida le regaló tres hijos que le han brindado afecto y compañía. “Diego, que es pastor evangélico; Beatriz, que es fotógrafa profesional, y Tania, la menor, que es músico y trabaja en España”.

“Me gusta el cine venezolano y con satisfacción presumo de haber visto bastantes películas venezolanas”.

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