Diego Morillo: Media vida en la iglesia

Diego Morillo nació amando a la iglesia. Foto: Carlos Becerra

Una serie de defunciones familiares situaron a Diego en la iglesia. Dejando de lado las misas de los fieles difuntos, Diego comenzó a sentir fascinación por la iglesia y por todo lo que ello representa. A los nueve años realizó la primera comunión y durante su preparación fue captado por el padre David Trujillo, en Base Aragua. “Él nos sentaba a todos los niños y nos hablaba de la iglesia, allí comenzó mi contacto permanente con la vida eclesiástica”.

Después de la primera comunión siguió yendo a la iglesia, entonces el padre José Miguel le propone ser monaguillo, cuestión que aceptó inmediatamente.

“Mi mamá me regañó, porque yo tenía otras responsabilidades, iba a música y entrenaba karate, además de la escuela, me decía que de dónde iba a sacar tiempo (…) pero, de igual forma, aceptó”.

Diego Alfonzo Morillo García aún no llega a la veintena. Apenas cumplirá 19 años dentro de unos pocos días. Su corta edad, sin embargo, contrasta con la gran responsabilidad que ha asumido en el cumplimiento de su misión evangelizadora. A estas alturas de la vida no es nada común que los jóvenes se involucren tanto con la iglesia. Diego es la excepción a esta regla.

“Sí hay jóvenes que se comprometen con las actividades de la iglesia, pero realmente no son muchos”, expresa.

Desde que hizo su primera comunión, en mayo de 2009, Diego no ha dejado de acudir a la iglesia. Después de su preparación como Servidor del Altar, que duró un mes, fue en agosto de 2010, a la edad de once años, cuando tuvo su primera misa como monaguillo.

“Esa fue la primera vez que usé el alba (traje blanco que representa pureza) durante la eucaristía que ofició el padre Luis Martínez, en la parroquia San Juan Apóstol del sector 3 de Caña de Azúcar.

Desde aquel día y hasta el sol de hoy su labor como monaguillo continúa. Como regla de vida, Diego debe ir a la iglesia, cada domingo, llueva, truene o relampaguee. “A veces tengo mucho sueño o estoy enfermo, pero aun estando bastante enfermo no he dejado de ir a la iglesia, tengo que ir, no puedo faltar, es un compromiso”, se repite a sí mismo.

Dicen que soy acólito

Escuchar frases como “allá va el cura” o “ya vienes tú con tu iglesia” se volvió rutinario para su vida, sobre todo de su entorno, especialmente en sus años de adolescente. Sin embargo, entre la broma que le echaban sus amigos, a muchos de ellos los pudo “arrastrar” a la iglesia y acercarlos al Señor, aunque fuera por un breve tiempo.

Con el paso de los años la labor de monaguillo aún continúa. “Me dicen que soy acólito, sin embargo para eso necesito la institución del obispo, aunque a los 22 años puedo solicitarle ser ministro”, expresa. Además, desempeña una labor evangelizadora que combina con sus estudios universitarios y con sus pasatiempos.

Formando en el sacramento

Después de haber hecho su confirmación, Diego se preparó durante un año. Por petición de una catequista tuvo algunos niños a quienes formó para la comunión.

“Es una labor bonita, pero realmente no tengo mucha paciencia para los niños, entonces comencé a preparar a los muchachos para hacer la confirmación, el año pasado se confirmó un grupo de 32 muchachos y muchachas”.

Desde que comenzó a ser monaguillo, Diego, siendo apenas un preadolescente, comenzó a involucrar a su comunidad entera en las actividades de la iglesia. “Tengo a mis viejas que no me fallan y también adolescentes y adultos de todas las edades, desde hace algún tiempo rezamos el Santo Rosario, diariamente, y también estamos a cargo de organizar las actividades para la parroquia, entre ellas las procesiones de Semana Santa y el septenario de San Juan Apóstol, lo cual procuramos realizar en fechas que no nos choquen con las Misas de Aguinaldo previas a la Navidad”.

De las redes a la pastoral

Su amplio conocimiento en el ámbito eclesiástico lo llevó a formar parte del equipo de prensa de la Diócesis de Maracay, donde tiene contacto directo con los jerarcas de la iglesia aragüeña. Con su inicio en la universidad, Diego forma parte activa de la Pastoral de la Universidad de Carabobo (UC) Núcleo La Morita, por medio de la cual también se aviva la fe.

“Además de recibir la réplica de la Virgen de Belén, el pasado noviembre, tuvimos el gran honor de recibir a la Virgen de Fátima, un evento en el que contamos con la presencia del nuncio apostólico y en el que se involucró a la comunidad de Santa Rita con la universidad”, resalta sobre el grupo del cual hace vida desde octubre de 2015 y en el cual presta apoyo al profesor Tomás Chacón, junto a quien tiene el proyecto de construir una capilla.

Sin vocación sacerdotal

A pesar de su cercanía perenne a la iglesia, Diego confiesa que no tiene intenciones de formarse dentro del sacerdocio. “Cuando era niño sentí el llamado de la iglesia, con el tiempo he mantenido contacto con ella, pero no tengo la disposición de ser sacerdote, al menos por ahora”.

MÁS ALLÁ DE LA IGLESIA

-A pesar de que no le llama la atención las discotecas o sitios nocturnos, le gusta mucho ir a fiestas y divertirse.

-“Yo no sé bailar ni cantar, pero hago como que si bailo y me divierto mucho”.

-Es devoto de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

-Practicó karate en el Dojo del Negro, donde llegó hasta cinta naranja, pasatiempo que debió sacrificar cuando comenzó a ser monaguillo.

-Perteneció a la coral de los Niños Cantores de El Limón.

-Es devoto de la Madre María de San José.

-Aunque no es zuliano, afirma que es “chiquinquireño” por su devoción a La Chinita.

-Trabaja con su padre en una carnicería.

-Le gusta el pasticho y la pasta con carne molida.

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