Eloína Salazar: Memoria histórica del dulce criollo

Eloína Salazar es querendona y muy conversadora. Foto: Pedro Lara

Aunque con una gran sonrisa Eloína Salazar Campelo prefiere fingir que no recuerda su edad, en realidad conserva una memoria histórica que la convierte en una mujer de gran experiencia y conocimientos gastronómicos artesanales, más cuando a dulcería criolla se refiere.

Por el ángulo que se le ubique, cualquier anécdota que le viene a la mente a Eloína está vinculada con temas de postres y dulcería.

Es la décima de 13 hermanos y a la fecha aún vive con su familia en la misma casa en la que pasó su infancia y creció con sus seres queridos. Estudió Economía Doméstica y después se continuó formando en escuelas de arte y oficio.

Además de ser la presidenta de la Organización Ferial Dulcería Criolla de Palo Negro, actividad muy conocida tanto dentro como fuera de la jurisdicción, es hija de fundadores del municipio, lo que la hace conocedora de la historia local.

Desde temprana edad se inclinó hacia las delicias de la cocina, tanto en lo salado como en lo dulce, aprendizajes y conocimientos que ha sabido aprovechar y sembrar en la mente de la nueva generación, meta que se trazó desde hace más de treinta años.

“Cuando tenía 15 años ya hacía platanitos cubiertos”, contó la dulcera de trayectoria, quien no duda ni un segundo en recibir a sus invitados en casa con una buena bebida artesanal, más en esta época del año.

“El majarete, el carato y las pelotas, eran los dulces y bebidas con los que los indígenas celebraban las cosechas en el mes de septiembre”, narró Eloína.

Aunque sabe cocinar prácticamente de todo un poco, entre sus preparaciones favoritas en materia de dulcería son los platanitos con queso, catalinas rellenas (de las cuales no queda ni una fría), el majarete y el dulce de lechosa.

Parte de su preparación se la debe a que nació y creció en un municipio dulcero. “Desde 1910, cuando Libertador era un caserío, ya se conocía el pan de horno que era cocido en hornos de barro. Y se fue pasando de tradición en tradición, hasta nuestros días que lo mantienen algunas familias”.

A este dato acotó como relevante que “Palo Negro fue a principio un municipio de gran potencial, producción que por muchos años le sirvió hasta de punto de referencia cuando se hablaba de trabajos agrícolas y artesanales”.

Saberes generacionales

Aunque nació en este rincón del estado Aragua, el nombre de Eloína se ha acentuado aún más en Palo Negro desde hace 27 años tras el surgimiento de la feria que realiza con agrado para sostener viva la tradición criolla.

“Aquí en frente existió una bodeguita que vendía mucha artesanía y con ello un refrán que decía: ‘Lo que no consigues donde Pedro Juan no lo consigues en ninguna parte’. Con el paso del tiempo vimos que los dulces criollos estaban desapareciendo. Luego, nosotros, por esa necesidad social, decidimos organizarnos, hicimos un diagnóstico por la comunidad y la mayoría nos dijo que lo que consumían los muchachos era mucho producto importado y artificial”. Fue la segunda quincena del mes de noviembre de 1990 que decidieron enrumbarse al rescate artesanal.

“La primera feria fue exactamente el 24 de noviembre de 1990. Fue tan concurrido que poco a poco se fue consolidando hasta alcanzar un éxito rotundo. A medida que hacíamos más ferias, se iba agregando más gente. Hoy día tenemos más de 100 unidades de producción familiar. Hemos servido de punto de referencia”.

Como preparadora, desde joven se preocupó por mantener las tradiciones y pasar sus conocimientos a la nueva generación a través de visitas a escuelas y hasta talleres comunitarios. Para ella, “el mayor logro obtenido en todos estos años es que hoy en día cualquier muchacho del municipio te hace un dulce”.

TRADICIÓN

Descubrió que en el dulce puede preservar la historia de un municipio.

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