16 de November del 2018

Maruja Flores: Una dama que sintió y respiró cultura

Maruja Flores Alcoba es leal protectora de la cultura indígena venezolana. Foto: Sergio Olivo

PÉSAME

El día martes 26 de este mes falleció Maruja Flores, nuestras sentidas palabras de condolencia a sus familiares y amigos. Como un tributo a esta dama que dedicó gran parte de su vida a la cultura indígena de Venezuela, estamos incluyendo esta página en nuestra Edición 45° Aniversario. No se editó la entrevista, se mantuvo el tiempo verbal como el día cuando se redactó, pocas horas antes de su fallecimiento. Paz a su alma.

A pesar de describirse a sí misma como una mujer de números y de gerencia, Maruja Flores Alcoba ha dedicado la mayor parte de su vida a la elaboración de artesanías y a la exaltación de la cultura venezolana, a través de la puesta en marcha de proyectos como “Quincalla indígena y guaralla” y el Centro Cultural Higuaraya-Capanaparo, ambos ubicados en las instalaciones de la Maestranza Cesar Girón de Maracay.

Esta mujer, amante de la perfección y la rectitud, nació y se crió en El Limón, y hoy por hoy vive en la misma casa donde pasó su juventud. Tiene ascendencia árabe, porque su abuelo, siendo muy joven, llegó a Venezuela proveniente de Arabia, sin embargo se identifica plenamente con las tradiciones y costumbres de los indígenas venezolanos, pues asegura que su abuelo, a quien el General Gómez le cambió el nombre a José Antonio Flores, no le enseñó nada a su familia de las tradiciones árabes, sino, por el contrario, siempre prefería lo criollo.

Confiesa que siente tristeza con quienes han nacido en Venezuela y no valoran la cultura indígena ni las tradiciones propias del país, y se molesta cuando oye a alguien decir que va a disfrazar a un niño de guajiro o quejarse del precio que pueden tener las alpargatas, porque las consideran un calzado ordinario. “A un niño o niña le pones un jeans, una camisa y sus alpargatas y está bien vestido”.

Internada en la cultura

Maruja se internó en el mundo cultural en San Fernando de Apure, donde se mudó a los 25 años luego de casarse, antes de eso había tenido la oportunidad de controlar a todo un personal de una empresa norteamericana, estudiaba en Valencia y su vida transcurría entre números y organización de eventos.

Mientras estuvo en Apure fundó el primer centro cultural de San Fernando llamado El Muro, que consistía en una pared donde montaban exposiciones, y activó el Cine Club, espacio donde proyectaba películas de 16 milímetros, esto con el apoyo de la Cinemateca Nacional y la Embajada francesa.

Cuando nació su hija mayor retornó a Maracay y como su esposo trabajaba para el Departamento de Asuntos Indígenas, siempre le traía pieles que le daban los indígenas de las distintas regiones del país, con ellas Maruja comenzó a hacer bolsitos y carteras.

En 1973, al pasar por la Maestranza César Girón vio una pared “igualita” a la de San Fernando de Apure, donde funcionaba el centro cultural, lo que le dio la idea de hacer lo mismo en Maracay, por lo que esa misma noche realizó su proyecto cultural, lo presentó ante el Concejo Municipal y fue aprobado en Cámara.

Un año después, el 17 de julio de 1974, luego de pasar por inconvenientes como retrasos en la entrega de llaves del lugar y la adquisición de un crédito para acondicionar el espacio, logró abrir “Quincalla indígena y guaralla”, donde ofrecía sus artesanías elaboradas en cuero y decoradas con las piezas indígenas que le traía su esposo.

El sitio fue tomando un auge rápidamente con la venta de artesanía traída de todos los estados del país, pero su fuerte seguía siendo la artesanía indígena, de hecho era muy concurrido por las esposas de los grandes empresarios, que al viajar a otros países llevaban consigo mantas y tapetes indígenas.

A la par de eso, en la plazoleta se comenzó a organizar eventos culturales e instaló el Cine Club, que para la época se convirtió en visita obligatoria para los estudiantes del recién abierto Pedagógico de Maracay, con un evento cultural tras otro dio inicio al centro cultural donde hoy por hoy se realiza un sinfín de actividades culturales y además se imparten clases de teatro, música, artes plásticas y danza.

Mujer sencilla

A pesar de estar a cargo de estos dos espacios, Maruja siguió elaborando sus piezas en cuero, y especializándose en bordados indígenas y otras técnicas, pero en cada una de sus piezas busca proyectar la fauna y la flora del país.

“Soy del criterio que una pieza artesanal venezolana tiene que tener algún rasgo característico de nuestra identidad para que pueda decirse eso es venezolano”.

A través de su labor ha tenido la oportunidad de viajar a diferentes países, siempre promocionando la cultura de Venezuela, sin embargo sus gustos son sencillos, su postre preferido es el quesillo y ama tomarse un buen carato. En cuanto a la comida, asegura que come poca carne, ya que prefiere los vegetales y si hablamos de frutas le gustan todas las cítricas y “el aguacate me fascina”. Los pocos ratos libres que tiene los utiliza para inventar manualidades y compartir en familia.

CURIOSIDAD

El amor y el respeto que siente Maruja hacia todos los pueblos indígenas de Venezuela propició que sus cuatros hijas lleven nombres propios de estas culturas, como lo son Canaima, Higuaraya, Atamaica y Kay, este último significa sol en el dialecto guajiro.

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