21 de August del 2018

Neri Pabón: Aprender a través de los niños

Con su sonrisa amable esta docente confiesa amar su profesión. Foto: Sergio Olivo

 

28 años de la vida de Neri Pabón han transcurrido en una institución de educación inicial, espacio desde donde ha contribuido al comienzo de la formación académica de miles de niños, quienes le han permitido vivir maravillosas experiencias.

Para esta licenciada en Educación Inicial, egresada de la Universidad de Carabobo, ser docente de niños preescolares constituye estar en contacto directo con un mundo donde predomina la espontaneidad, las travesuras y del cual se pueden obtener grandes enseñanzas.

“De los niños podemos aprender muchas cosas, una de ellas es que todo tiene solución. Un niño puede estar peleando o llorando, pero a los dos minutos está feliz; tiene una pataleta, pero al ratito está bailando y está haciendo sus actividades con mucho amor, y eso es algo que deberíamos aplicar los adultos, a no quedarnos enfrascados en la rabia, en el rencor y otros sentimientos negativos. También se puede aprender de su franqueza, porque cuando algo les molesta inmediatamente lo expresan, no como el adulto que la sociedad lo obliga a callar”.

Ponerse a nivel del niño

Buena parte de su carrera como educadora la ha ejercido desde cargos directivos, y aunque reconoce que ser docente de aula es más lindo porque permite disfrutar mejor de la espontaneidad de los niños, ser directora no le ha impedido interactuar con ellos, pues ha hecho de la Dirección un lugar donde los pequeños se sientan cómodos y no un sitio de castigo, “yo me siento y hablo con ellos, trato de ponerme a su nivel, para comprenderlos y para saber el porqué de sus rabietas”.

Gracias a esa actitud ha conocido, de boca de los niños como protagonistas, muchas historias de familias, algunas no gratas, pues incluyen casos de violencia doméstica o de extrema pobreza, pero que le han servido para canalizarlas de tal forma que estas afecten en menor medida al alumno involucrado.

Preparación constante

Para “la maestra Neri” ser docente de educación inicial significa amar la profesión y tener una profunda vocación, con el deseo no sólo de aprender cosas nuevas, sino también de innovar y de prepararse día tras días. Bajo esa premisa ha realizado postgrados, diplomados y especializaciones, aceptando, además, que los niños de hoy no son iguales a los de hace 20 años atrás, porque “ahora son más autónomos e independientes, incluso desde los 2 años y medio, por eso es que hay que aprender a negociar con ellos y llegar a acuerdos de convivencia donde por supuesto se resalten los valores”.

El amor que siente por su profesión va de la mano con el que siente por su familia, y a través de su carrera aprendió también a ser mejor madre, pues le permitió entender mejor a sus tres hijos, a quienes dedicó más tiempo de calidad que de cantidad, y el hecho de verlos hoy como hombres profesionales es su mayor satisfacción, al igual que los es el haber cumplido su labor como docente.

De la educación aprendió que si una puerta se cierra otra se abre, de allí que a pesar que está próxima a ser jubilada, tiene planificado seguir ligada a ella, pero ahora como jurado y asesora de tesis de los alumnos del Pedagógico de Maracay.

MÁS ALLÁ DE LA PROFESIÓN

Con la amplia sonrisa que la caracteriza, confiesa ser una trabajadora incansable, con una profunda vocación para ayudar a los demás, le gusta entender a las personas y si está en sus manos brindarles una solución a sus problemas.

En sus momentos libres disfruta de la compañía de su familia, incluida su nieta a quien ahora ve menos porque se fue a vivir a México. Le gusta preparar comidas y si es un hervido mejor, porque es su plato preferido. La torta selva negra y el mango forman parte también de sus gustos culinarios.

Ama la playa y leer, sobre todo libros relacionados con la neurociencia y la neurodidáctica, y sus películas favoritas son las de comedia y las que dejan alguna enseñanza.

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