20 de June del 2018

Rosangélica Rodríguez aprendió que “discapacidad” es sólo una palabra

Rosangélica Rodríguez, a donde quiera que vaya, es acompañada gustosamente por sus padres "y eso es algo que les agradezco". Foto: Sergio Olivo

De lento andar, pero siempre con una sonrisa y unas inagotables ganas de hablar, así es Rosangélica Rodríguez Donis, una chica de 24 años que cuenta las horas para recibir su título de licenciada en Comunicación Social, tras haber culminado sus estudios en la Universidad Bicentenaria de Aragua y pertenecer a la “promo 33”.

Quien observe caminar a Rosangélica, probablemente pueda pensar que tiene limitantes. Pero ella ha aprendido, a lo largo de su vida, que los límites sólo están en la mente. ¡Y vaya que lo ha demostrado!

Simplemente, lo que Rosangélica se propone, lo logra, sin importar cuánto se tarde o cuántas veces haya que volver a empezar desde cero.

A pesar de los sustos, el 8 de agosto de 1993 fue un día de felicidad para Carmen y Tito, porque nació la primera de sus dos hijas. Un fuerte dolor hizo pensar a Carmen que se trataba de un parto adelantado, pues tenía siete meses de gestación. Una apendicitis no detectada y devenida en peritonitis provocó que la niña se infectara al nacer, aunado a una parálisis cerebral por hipoxia (falta de oxígeno) que contrajo, complicó su panorama.

Tras ser evaluada por un neurólogo y obtenido un diagnóstico, Rosangélica comenzó a recibir terapia desde que tenía tres meses de edad. Por ello, es muy común para ella estar rodeada de médicos, aparatos ortopédicos y luchar pacientemente con las terapias fisiátricas, a las cuales aprendió a tenerles aguante e incluirlas en su día a día.

Otro comienzo

Rosangélica comenzó a caminar con una andadera. Posteriormente pasó a usar bastón. A pesar de ver a otros niños correr y saltar, ella se sentía feliz. “No me preocupaba ver a los demás hacer cosas que yo aún no hacía, siempre he estado rodeada de gente, de amigos, de compañeros, especialmente mis padres, hermana y abuela, así que nunca me sentí desplazada”.

Cuando apagó su velita número 15, Rosangélica contrajo una fractura de cadera, lo cual ameritó una operación. “Rosi”, como se hace llamar y le conocen cariñosamente, estuvo en cama. “A los cinco días me mandaron a caminar y eso fue contraproducente”, comenta. Tuvo otro comienzo, desde cero. Debió, otra vez, aprender a caminar.

“De allí pasé a la andadera y de la andadera a un bastón trípode. Llevo un par de años caminando sin aparatos, me han recomendado no usarlos para no generarme lesiones”.

La universidad: Un nuevo mundo

Rosangélica debió cursar el cuarto año de bachillerato en casa, yendo una vez a la semana para buscar los planes de evaluación. “Me sentía extraña, pero en quinto año, ya más recuperada de la operación, pude asistir al liceo, y allí tanto profesores como compañeros intercedieron para que el aula de clases se me asignara abajo y así poder acudir a clases”.

Pero la vida le cambió el 10 de octubre de 2012, cuando inició sus estudios en la universidad. “Mi mamá me llevó y le dije, espera afuera, cualquier cosa te aviso”. Sin embargo, no fue necesario, se sintió muy segura en la universidad y logró hacer muchas amistades, tanto con alumnos como con docentes.

Predicadora, equitadora, actriz y payasita

Antes de prepararse para ser comunicadora, Rosangélica se ha inmiscuido en el mundo de las artes. “Acudo a una iglesia cristiana y mi papá observó mi fascinación por las artes, entonces he sido actriz de teatro, además de predicadora de la palabra, cuestión que hice durante un año, en 2007”.

Comenta que en 2014 protagonizó la obra ‘Ojos de exilio’, escrita en base a hechos reales, durante su participación en la Compañía Teatral Garabato Motita.

La equitación también es una faceta que durante cuatro años ha cubierto Rosangélica. “Lo tomé como una terapia y luego se convirtió en una afición, yo nunca pensé que me convertiría en una equitadora, ahora estoy practicando atletismo de lanzamiento, el cual también me sirve como terapia, pero de igual forma me preparo a nivel deportivo”.

También se incluye, en su larga lista de experiencias, su participación como voluntaria dentro de “Doctor Yaso”, pues “Es mejor servir, que ser servido”.

A donde quiero ir, llego

Rosangélica está mandada a hacer para cumplir con todo aquello que le apasiona. “Quiero recibir mi título para hacer un curso de locución, cuando hice mis pasantías en radio quedé encantada con ese mundo”, explica.

A donde quiera que vaya, Carmen y Tito gustosamente acompañan a su hija y eso es algo que ella agradece. “Mis papás me llevan a donde debo ir, al igual que mi hermana y mi abuela, quienes siempre me apoyan, así como han estado allí en cada terapia, en cada hospitalización, también están para verme cumplir mis sueños, así como cuando íbamos al Ortopédico Infantil y después de la terapia teníamos que pasar por Venevisión y Rctv para ver a los artistas, porque yo quería”, recuerda.

Su frase

En su vida, Rosangélica ha aprendido que se debe ser perseverante, por ello, recuerda “Yo me fortalezco en tus debilidades”.

UNA SONRISA QUE CAUTIVA

-“No me gusta hacer juicios a priori”.

-“Me fui a Cuba y regresé subiendo escaleras y caminando con bastón canadiense”.

-“Dios tiene un propósito con cada una de nuestras vidas, por ello quiero motivar”.

-“Nunca digas no puedo”.

-“Nunca te limites, yo no tengo límites”.

-“Me gusta la pasta, la comida mexicana, el chocolate”.

-“Una de mis actrices favoritas fue, es y será Mónica Spear”.

-“Si te caes, levántate, no hay de otra”.

-“Me gustan las telas aéreas y el modelaje de fotopose”.

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