Liliana Cavani: Una cineasta entre hombres

Liliana Cavani, leyenda del cine italiano. Foto: Archivo

Aunque el arte es tan universal que no se limita en géneros, en Italia el mundo cinematográfico ha estado ocupado por una larga generación de cineastas masculinos.

Sin embargo, Liliana Cavani, nacida en 1936 en Carpi, provincia de Emilia-Romaña, en el seno de una familia de clase trabajadora, rompió paradigmas y sin temor alguno se internó en un mundo que le encantaba, pero que estaba rebasado de hombres: El cine.

Conoció las obras de Engels, Marx y Bakunin, y el mundo militar por su familia materna, y de las manos de su padre, un arquitecto de Mantua, vivenció el arte.

“Mi padre era un arquitecto interesado en el desarrollo urbano. Me llevó a museos. Mi madre era muy fuerte, muy capaz y muy dulce”, relató en una oportunidad.

Pese a la influencia castrense, su progenitora era una apasionada de las películas y la llevó al cine todos los domingos desde una edad temprana.

Graduada en Literatura y Filología en 1960, y diplomada por el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, decidió estudiar cine documental y obtuvo su diploma con los cortometrajes Incontro notturno (1961), y L’evento (1962).

Desde entonces no se detuvo. De su aporte al cine se conoce El portero de noche y Más allá del bien y el mal, film sobre la vida de Nietzsche.

Realizó dos versiones cinematográficas sobre la vida de San Francisco de Asís: Francesco d’Assisi (1966) y Francesco (1989).

Destaca también en la dirección de óperas como La Traviata, de Verdi; Cavalleria Rusticana, de Mascagni; y Manon Lescaut, de Puccini, entre otras.

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