22 de March del 2019

Alberto Hernández hace un panteón de los poetas caídos

Foto: Agencias

Eugenio Montejo y José “Pepe” Barroeta fueron dos pilares fundamentales de la poesía venezolana. Junto a nombres como Orlando Araujo, Vicente Gerbasi o Adriano González León, constituyeron durante la segunda mitad del siglo XX una buena parte de la vida cultural e intelectual del país, con grupos como El Techo de la Ballena, Viernes o Sardio, desde donde usaban las letras para encarar los desvaríos de una democracia frágil, que apenas se recuperaba del perezjimenismo.

Hoy, todos ellos están muertos. Sin embargo, su legado persiste no solo en su poesía, sino en la voz que les da el periodista y escritor Alberto Hernández (Calabozo, Guárico, 1952), quien tuvo la oportunidad de atestiguar de primera mano la vida de estos poetas caídos y plasmarla en un libro donde se hilan la realidad y la ficción en una mezcla de géneros.

El nervio poético, obra ganadora del XVII Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana, se presentó formalmente el pasado jueves en la librería El Buscón del Centro Comercial Paseo Las Mercedes. En ella, el autor utiliza recursos de la narrativa, la crónica, el ensayo y hasta fragmentos de versos y entrevistas para construir un homenaje a todos estos poetas que poblaron la escena literaria de la época, a su vez que evoca paisajes de una Caracas vista desde la barra de un bar, o de un café del bulevar de Sabana Grande.

Los fantasmas de Montejo y Barroeta sirven como ancla durante todo el recorrido a través del libro, alternando situaciones reales e imaginarias. Hernández fue amigo de ambos, por lo que conoce bien los hechos que narra. Varios de ellos los vivió en persona, lo que hace del narrador un personaje más dentro de la obra.

“Hay mucha ficción y realidad. Muchos de los hechos son reales: los lugares, grupos, situaciones… Hay muchas cosas que sí se dijeron”, asevera.

Para el autor, la modernidad ha roto las barreras que separan a los géneros literarios, y un escritor actual puede valerse de cualquier imagen o voz según como aborde su texto.

Resalta que tanto en la capital, como en el interior del país, aún existen autores escribiendo, pero están a la deriva. “Hay mucha creación en medio del torbellino”, afirma.

Actualmente, Hernández busca publicar varios libros inéditos de ensayo y poesía que ha escrito, incluida una versión de El nervio poético centrada en los grandes narradores de nuestra literatura.

En La carne narrativa, aborda su panteón literario desde las Casas Muertas de Miguel Otero Silva, Los pequeños seres de Salvador Garmendia, el Viejo de Adriano González León, y la Cubagua de Enrique Bernando Nuñez.

Vía: El Universal

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