18 de November del 2018

¿Podemos volvernos adictos a la comida?

Foto: archivo

La preocupación por qué comemos, cómo y cuándo, la proliferación de restaurantes que apuestan por menús saludables sumado al aumento del autocuidado y la preocupación por realizar más y mejor ejercicio físico hacen que estemos en un momento con gran concienciación en cuanto a los buenos hábitos se refiere. Sin embargo, paralelo a esta situación hay otra tendencia que hace que se escuche con frecuencia la expresión adicción a la comida. ¿Podemos ser adictos a la comida? ¿Qué alimentos nos crean más adicción?

“Los manuales de psiquiatría aún no la recogen dentro de los trastornos por adicción pero sí empiezan a relacionar similitudes con otras conductas adictivas, por lo que probablemente pronto encontraremos este diagnóstico dentro de esta categoría”, afirma Marta Comas, nutricionista del Hospital Quirónsalud Barcelona, quien señala que la adicción a la comida podría responder a los mismos componentes que las adicciones a otras sustancias, por lo que se podría observar comportamientos impulsivos e incontrolables frente a la comida.

Si nos centramos en los síntomas que nos alertarían, Comas describe que en esas situaciones las manifestaciones más comunes serían el consumo de grandes cantidades de comida, con mucha frecuencia o en un espacio de tiempo concreto; el deseo persistente o pensamiento constante de comida, el abandono de las responsabilidades o tareas para comer, así como prescindir de las actividades sociales. “Esta falta de control de la ingesta se puede dar incluso sabiendo los efectos negativos que puede tener en la salud. Todo ello genera un sentimiento de disforia (inquietud, ansiedad, etc.) que solo se calma con la comida”, apostilla.

Por otro lado, no hay que olvidar que existen otras circunstancias que pueden provocar que en momentos puntuales comamos más y no por ello presentemos conductas de adicción a la comida. Por este motivo, Luján Soler, directora de la Unidad de Nutrición del Hospital Universitario HM Madrid, insiste en la importancia del equipo multidisciplinar, en concreto del psicólogo.

“En mi experiencia profesional veo muchos casos en donde las personas tienen mucha ansiedad, angustia, depresión, por diversas causas que le llevan a comer determinados productos/alimentos, sin control; en donde van aumentando de peso, eso les genera aún más estas sensaciones y termina siendo un círculo vicioso: la persona cada vez se siente más desesperada y frustrada”, señala.

Alimentos más adictivos

¿Por qué encontramos más apetitosos unos alimentos que otros? ¿Qué hace que la mayoría de las personas coman con más placer una palmera con chocolate que un bocadillo de chorizo? La respuesta está en nuestro cerebro. Comas explica que la comida rica en grasas, azúcar y sal favorece la secreción de ciertas sustancias que activan partes del cerebro que predisponen a crear adicciones o apetencias por ciertos productos.

Soler profundiza más en este tema: “si se me pregunta cuáles pueden ser los alimentos que se consumen con más voracidad, son los que tienen grasa (saturada principalmente) como bollería, embutidos, chocolates, golosinas, etc. También salados como aperitivos tipo patatas fritas, frutos secos fritos, fiambres, salsas. Y, por supuesto, también con alto contenido en azúcares simples”. La especialista advierte que el problema en estas situaciones de adicción a la comida es que esas personas no suelen consumir alimentos ricos en fibra como frutas, vegetales, legumbres, pescados o cereales de grano entero, ni hacen ejercicio, por lo que la situación se hace aún más complicada.

¿Qué podemos hacer en estas situaciones?

Por un lado, Comas destaca la importancia de la prevención. En este caso ésta se tendría que remontar a los primeros años de vida. “Una forma de intentar prevenir la adicción a la comida es la promoción de unos hábitos dietéticos y estilo de vida sana desde edades muy tempranas y apostar por presentaciones atractivas dentro de las recomendaciones de patrón de dieta mediterránea”, recomienda.

Pero si ya estamos en una situación que podría definirse como adicción a la comida, ambas apuestan por la intervención del equipo multidisciplinar.

“Con el psicólogo aprenderá herramientas para no tener recaídas, con el graduado en actividad física, qué ejercicios son recomendables para su situación actual, edad, sexo y gustos;  y con el dietista-nutricionista, verá educación nutricional, se le explicará cuántas comidas al día tomar, cómo hacer la compra adecuadamente, qué alimentos deben estar en el día a día, cómo preparar/cocinar los mismos, snacks saludables, postres saludables, cómo hidratarse, etc. ¡Se trata de sacar miedos, quitar falsos mitos y que por fin pueda aprender a disfrutar con los alimentos!”, concluye Soler.

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