23 de September del 2018

Curucuteando el Arcón

Las Faln

Cincuenta años atrás estaba prohibido escribir tan sólo las cuatro letras que titulan esta columna. Eran tiempos de la represión de los sucesivos gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, order dirigentes de AD; las Faln (o Fuerzas Armadas de Liberación Nacional) eran el grupo ejecutivo y el conjunto de cuerpos que integraban los distintos destacamentos o grupos guerrilleros operativos en diversos estados del país; era el FLN (Frente de Liberación Nacional) su brazo ejecutor.

En las ciudades grandes actuaban las UTC (Unidades Tácticas de Combate) encargadas de mantener las manifestaciones, viagra el hostigamiento a grupos policiales o militares; eran los tiempos de la temible Digepol (Dirección General de Policial) grupo de policía política tan terrible o más que su congénere perezjimenista, la Seguridad Nacional.

Si ésta tuvo a su Pedro Estrada, Miguel Silvio Sanz, Braulio Barreto, Suelespuma, José Mercedes Polachini, Luís Enrique Torres, Torrecito; Salvador Graffe, José Manuel Hernández “El loco Hernández” y otros de tal jaez, la Digepol tenía su equivalente con el capitán Vegas, Erasto Fernández, Atahualpa Montes (ahora escribe en la prensa reaccionaria, pasados sus ochenta años) y otros que no se me vienen a la memoria, capacitados para torturar, sacar confesiones y matar.

Ambos quinquenios fueron horrorosos en cuanto a persecución política a los partidos de izquierda que fueron inhabilitados por Betancourt y para la libertad de prensa. En ambos quinquenios fueron suspendidos o cerrados definitivamente periódicos y revistas como Clarín, La Hora, Qué pasa en Venezuela, El Nacional, La Esfera, la revista Venezuela Gráfica, Tribuna Popular, los semanarios humorísticos La Pava Macha, Dominguito y La Sápara Panda y otros.

En Maracay se suspendió al diario El Imparcial, el único que había en la ciudad en los años sesenta, primero por publicar un artículo inconveniente, y su director, el periodista Marcos Guerrero Chacón, fue llevado a la sede de la Digepol en Los Chaguaramos y la otra porque el poeta Tito Sierra Santamaría escribió un poema de corte erótico donde anotó la palabra gonorrea y ardió Troya.

Prohibido nombrar a las Faln ni en bien ni en mal. El MRI Carlos Andrés Pérez (¡Ave María Purísima!), a quien la prensa de izquierda y los periódicos humorísticos llamaban el bachimin o bachiller ministro, declaró el 8 de abril de 1963 que se consideraría propaganda de guerra la mención que se hiciese de las Faln “pues estas no existen como organización”. Pero resulta que ya existían grupos guerrilleros en Turimiquire, Sucre; Santa Cruz de Bucaral, en la Sierra de Falcón; La Azulita, en Mérida; Aroa, Yaracuy; Humocaro Alto, Lara; Vigirima en Carabobo y Alto de Macanilla y El Bachiller, en Miranda y uno frustrado en San Casimiro de Güiripa.

También comenzaron los muertos y desaparecidos: Mata la policía adeca al dirigente estudiantil de La Victoria Esteban Utrera; el segundo aragüeño en caer fue el estudiante de agronomía Pedro José Ramos Núñez, de Barbacoas, por funcionarios adscritos a Cadafe-Centro. Dispararon desde la fuente en la avenida 19 de Abril cuando atacaban a la UCV. Su padre, el ilustre educador de Barbacoas, don Pedro Ramos, era adeco. Fue el 21 de enero de 1962. El 5 de mayo de 1962 las Unidades Tácticas de Combate en Maracay hostilizan a las fuerzas gubernamentales. El 8 de octubre de 1962 el Gobierno Nacional resuelve que los medios de comunicación, prensa, radio y TV deben abstenerse de informar sobre el orden público, salvo previa autorización oficial. El 29 de septiembre de 1963, un grupo armado asalta las instalaciones de la Digepol y se llevan las armas que existían en su parque. Un golpe contundente, meterse en la boca del lobo y en la sede de la IV División de Infantería.

Así transcurrieron los dos gobiernos, el de Betancourt, titulado por sus panegiristas como “fundador de la democracia venezolana” y el buenote de Raúl Leoni Otero, que dejó una estela de cerca de tres mil muertos y desaparecidos. Esa sí era represión. Los periodistas llevamos de la gorda, plan de machete y prisión. A mí que no me echen cuentos porque sé historias.

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