19 de February del 2019

Instrucciones para Investigar III

“Tu proyecto es factible y punto. No se diga más”… Frase tan común en aquellos tutores que ven con tanta facilidad el modo de sentenciar lo que hará el tutelado, physician sin tan siquiera escuchar hacia dónde dirigir la metodología. Este es otro asunto de la investigación que ocupa este escrito: El proyecto factible. Recurro a mis recuerdos y siempre he intentado explicarme por qué siempre la mayoría de los trabajos de grado son proyectos factibles. Quizás la razón es porque es más expedita la recogida de datos o porque fácilmente se aplica un estadístico sencillo (diagrama circular, histograma, porcentaje) sin mucho afán. Pero, el asunto no es ése; pues, un proyecto factible exige recurrir a variables que son controladas por el investigador y, por supuesto, miden el “grado” de respuestas según se estipulen los indicadores surgidos de las variables y bajo la referencia conceptual. Diría que un proyecto factible señala su “puesta en ejecución” para corroborar (o deducir) su factibilidad (valga la tautología). Es decir, “medir la credibilidad del diseño o propuesta de modo general”. Sin embargo, resulta casi un exabrupto confirmar que un proyecto factible tiene dos fases para quienes deciden estudiar posgrado: (1) el proyecto factible puede quedarse en la propuesta para quienes estudian especialización o maestría; (2) el proyecto factible se ejecuta para quienes estudian doctorado. En mi opinión, un proyecto como tal no puede dividirse por el simple hecho de estudiar distintos niveles de posgrado. Cuando se decide investigar la factibilidad es importante su ejecución. Porque ¿para qué realizar una investigación a medias sin aportes relevantes para la comunidad? Razón tendrían aquellos detractores cuando mencionan que “la universidad no aporta soluciones para las comunidades, porque sólo dan propuestas”. Peor aún las propuestas no son publicables, puesto que muchas veces lo que pretenden “medir” no se correlaciona con las variables, ni mucho menos con las necesidades de la comunidad. Imagínese, por ejemplo, se decide la consulta de la creación de una maestría. Lo primero que debe realizarse es un estudio de factibilidad (proyecto de creación del programa de posgrado) donde incluya el problema, justificación, marco referencial, aspirantes, planta física, nómina de profesores, estadísticos que demuestren la probabilidad de su ejecución, plan de estudio, programa de asignatura. La maestría no podría ser admitida para su autorización por el Consejo Nacional de Universidades (CNU) sin esos criterios. Una vez que aprueben la creación -previa validación de lo escrito en el programa de posgrado- es “obligante” su ejecución. No puede quedarse en una propuesta, porque no tendría razón de ser. La misma situación debe cumplirse con el proyecto factible en el posgrado. No debe haber distinción de “esto es para maestría y lo otro es para doctorado”. Preferiblemente, pudiera una investigación evaluar, analizar, diagnosticar un problema sin llegar al proyecto factible. Pero, también es preocupante la confusión entre proyecto factible e investigación-acción-participativa, sobre todo en cuanto a la población y muestra. El primero, por su factibilidad, es importante la representatividad muestral generalizada de la comunidad. La segunda, sólo estima su acción en un grupo particular. Por lo tanto, en un proyecto factible no puede ser estimada una muestra en una escuela o en un aula de clases. La muestra debe ser la representatividad de una población que posea las mismas condiciones y criterios para aplicar en ella la escogencia muestral que constituya toda la población afectada. Por ejemplo, se desea solucionar el problema de lectura y escritura en las escuelas de un distrito escolar. Para ello, mediante comprobación de estadísticos, se estima el número de escuelas en las que comúnmente se presenta tal problema y se escoge la muestra representativa de las escuelas del distrito escolar. De allí que la palabra “factibilidad” se refiere a la posibilidad de solucionar el problema en común que afecta a la población y no a la que inquieta al maestro en su aula de clases. Ésta última es propia de la investigación -acción- participativa. En consecuencia, el proyecto factible es deductivo porque parte de la generalidad; mientras que la otra es inductiva, porque parte de la particularidad de una comunidad en las próximas entregas trataremos otros asuntos relacionados con otras modalidades y métodos de investigación. Lo importante es esclarecer lo que no se ha profundizado en el tema de los proyectos factibles. Por demás no está entredicha la calidad de las investigaciones. Por el contrario, relevante es reconocer los esfuerzos del tutelado en su afán por presentar una investigación como el ejercicio para aprender de ella.

Dra. Francisca Fumero Castillo
Subdirectora de Investigación y Postgrado
UPEL Maracay
@ipmarsip / @Francisca377
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