Un destello en el marjal: Destellos desde hace 17 años

Foto: Archivo

Ahora que comienzo a redactar estas líneas, quise evaluar, muy a vuelo de pájaro, diecisiete años, escribiendo para un público, ahora del lado opuesto al ordenador. Ciertamente, no estaba muy en cuenta, de cuantos años han sido, pero bien vale la pena entablar un humilde monologo.

¿Qué quieres decir con Un destello en el marjal? Tantas personas han preguntado. Son muchas las veces que me han abordado de tan diversas maneras: amables, sonreídos, incrédulos y hasta atrevidos, ¿En verdad eres tú, quien escribe esa columna de prensa? Pero las preguntas no terminan, ¿Por qué te empeñas en utilizar, palabras tan rebuscadas, cuando lo que quieres es que todo mundo te lea? ¿Cómo te las arreglas, para escribir sobre asuntos tan discordantes como extravagantes, pero también sobre los comunes, como el dolor, la enfermedad o la muerte? ¿Cómo es eso, de que un médico como tú, escribe sobre espíritus y sus particularidades, en tiempos en que nadie cree en nada?

Y  todavía faltan más cuestionamientos, pero el espacio que se me concede es tan inflexible como valioso y cordial. Ya comprendí que debo ceñirme a ello. De muchos es sabido, que los mejores lirios se cultivan en los pantanos (marjal) más nauseabundos, valga decir, que algo bueno u valioso, puede obtenerse cuando escudriñamos  en lo feo, malo  u desagradable del hombre o sus contingencias.

Entienda usted amigo lector, que a través de esta columna durante diecisiete años, he intentado advertir que existe formalmente un bien oculto, en aquello que nos incomoda, aturde o molesta, ¡pero debemos buscarlo!

La lectura es muy grato ejercicio mental, hoy bastante descuidado, que puede dispensarnos un cumulo de vivencias, sentimientos, conocimientos y por si fuera poco todo eso, mejor calidad a nuestro hablar, ¿Por qué no compartirlos con los buenos e invisibles amigos lectores?

El día 16 de septiembre del 2000, en un diario regional, escribí la primera columna que titulé ¿Existe el respeto por la vida?, a propósito del hundimiento, en el Mar de Barents, del submarino nuclear Kursk, ocurrido el día 12 de agosto de 2000. Nada más y nada menos, que un submarino soviético de ataque, de primera clase (K-141 Kursk), en donde fallecieron 118 marinos, por orden del Alto Mando Militar Ruso, sin que a ninguno de ellos, le temblara el pulso; pudiéramos decir, que ¡El debut catastrófico, de Vladimir Putin en el escenario mundial! (recomiendo, vean en YOUTUBE: ”La tragedia del K-141 Kursk”).

Un  detalle que me llena de satisfacción, cuando elaboro estas líneas y que no pasa desapercibido para los amigos lectores, es la cita al cierre, el fragmento literario o hasta un segmento escrito inesperado, en donde se trata de cerrar en una sola idea, la esencia de todo el contenido.

No es posible dejar pasar por alto, esta especial ocasión para agradecer a Dios, por permitirme cumplir con esta pequeñita labor desde un modesto rinconcito aragüeño, como también a los tantos anónimos seguidores lectores, que me invitan a no dejar de plasmar al papel de mis indiscutibles inclinaciones y simpatías.

Concluyo ya, reiterando que Un Destello en el Marjal ha sido un simpático instrumento para invitar a la lectura, a la reflexión y a aventurar, mucho más allá, de los desconocidos paradigmas de la humanidad entera.

“La verdadera desesperanza no nace ante una obstinada adversidad, ni en el agotamiento de una lucha desigual. Proviene de que no se perciben más las razones para luchar e incluso de que no se sepa si hay que luchar”. Albert Camus, escritor francés (1913-1960). Premio Nobel Literatura 1957

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@jrhv343

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