Un destello en el marjal: El respeto a los animales

Fotos: Archivo

Nunca he sido aficionado a la tauromaquia, mucho menos después de que cayó en mis manos, un discreto  volante de APROA, especie de asociación con voluntarios, dedicados a la protección de los animales en Venezuela (¡desconozco si aún existen!).

En breves líneas me advertían, que el noble toro es disminuido en sus fuerzas monumentales, desde el principio de “la fiesta”, a fuerza de banderillazos; que en realidad, huye despavorido del obscuro lugar de prisión, allá en la majestuosa plaza, hacia una resplandeciente arena, donde ignora que será sacrificado, por último que el toro muere acuchillado ahogándose en su propia sangre. ¿Aun así le conceden el eufemismo de la fiesta brava?

Que podemos escribir sobre la infinita mortandad de perros y gatos, atropellados u aplastados en medio de la vialidad citadina o pueblerina, sin que podamos apreciar mínima pizca de conmiseración. Ahora mismo puedo recordar una noble dama, residente en Villa de Cura, Edo. Aragua, quien de la manera más insólita convirtió su hogar en un albergue para perros y gatos callejeros, ¿Otra loca irreverente, hija de los angustiosos tiempos de hoy, o una devota admiradora de San Francisco de Asís?

En verdad amigos lectores, que las manifestaciones bondadosas, hacia los animales mis últimos 60 años, son epilépticas, entiéndase que esporádicas, intermitentes y con breve duración. Viajemos por escasos segundos más de 5000 años atrás para recordar las costumbres del pueblo egipcio, que muy pocos recuerdan tan solo a través de la referencia de los faraones, las enigmáticas pirámides o la reina Cleopatra.

Esa extinta y antiquísima cultura sintió verdadera devoción y veneración por gran parte de los animales que les rodeaban llegando incluso a elevar a su panteón sagrado a muchos de ellos, que durante tres milenios fueron adorados y contaron con sus propios templos y necrópolis. No obstante, los expertos aseguran que tanta admiración y respeto data de mucho más allá de 4500 a 3500 a. C.

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¿Cuál es la razón de esta pasión por los animales entre los antiguos egipcios? Muchos investigadores opinan que se trata de una simple cuestión de Teofanía, o sea, que los habitantes del País del Nilo veían en los animales la manifestación de lo divino. Los egipcios estaban convencidos de que los animales tenían algo parecido al alma y de que en el otro mundo mantendrían las mismas costumbres que habían tenido en vida. Millones de tumbas zoológicas están dispersas por todo el País de los Faraones; en  la mayoría de los casos se observa que los animales habían sido momificados, algunos incluso enterrados con objetos votivos y joyas.

Los egipcios sentían gran interés y cariño por su animales domésticos, algo muy raro en la antigüedad. Un ejemplo es la afición que profesaron durante milenios hacia uno de los animales de compañía más habituales: el gato. Al que asociaron a una de sus principales deidades, Bastet, y al que inclusive dedicaron la creación de una ciudad, Bubastis.

Los historiadores creen que la devoción a los gatos y a su diosa, se debía a que los pequeños felinos, servían para proteger de los roedores una de las principales fuentes económicas del Egipto, los graneros. Otros creen que era la destreza del gato para cazar y su capacidad de ver en la obscuridad, lo que genero la pasión de los antiguos egipcios por los mininos, lo cual les llevó a tener gran cantidad de figuritas reproduciendo a la diosa Bastet. Maltratar o matar un gato podía ser castigado, incluso con la pena capital.

Los animales astados, la vaca y el toro, ocupaban lugar privilegiado en el panteón egipcio. Los egiptólogos coinciden que el animal sagrado por excelencia fue el toro, vinculado a Apis. La vaca, animal sagrado de las divinidades Isis y Hathor, fue una de las más veneradas. Había bastante vacas sagradas, como las de Hathor, conocidas como Zentel o Hesat, que se suponía madre de Anubis y de Apis, que tenía como una de sus funciones divinas amamantar al faraón cuando era niño.

En el panteón egipcio tenía un espacio muy especial el animal imperial y compañero de Horus por antonomasia: el halcón. Importantísimo y venerado desde tiempos predinásticos, estuvo siempre ligado a este dios.

Sin duda alguna el Antiguo Egipto fue la cultura que más cuido a sus animales, y ninguna como ella lleno su panteón con tan variada colección de criaturas. Aunque el País de los Faraones no era una tierra prodiga en especies zoológicas, supo premiar muchas de ellas con un lugar primordial entre sus deidades. A algunas se les dispensó apariencia semi-humana.

FUENTE: Revista MAS ALLA de la ciencia. Monográfico # 54.Paginas 88-93

“….No restituiste aun a la naturaleza la mínima parte de tu inmenso débito, ¿Crees por ventura, que el centro del mundo reposa en tus necesidades individuales y que vivirás sin cuenta en los dominios de la Creación? ¡Produce algo de bueno,  marcando así tu  paso por la Tierra. Acuérdate de que hasta la propia hierba se encuentra al servicio divino. No permitas que la ociosidad te paralice el corazón y te desfigure el espíritu!….”

LA CUENTA DE LA VIDA (fragmento)

Alborada Cristiana/Francisco Cándido Xavier

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