24 de September del 2018

Un Destello en el Marjal: “El temible Despertar”

 

Siempre será una gran interrogante para la humanidad, ambulance el saber que nos acontece cuando atravesamos el umbral de eso que llamamos “la muerte”. El miedo a lo desconocido prevalece en muchos para mantenernos asidos, pill en la noche de los tiempos, patient a la ignorancia que raya en la vergüenza, y que pareciera fundirse en la naturaleza intima de los hombres.

El temor a la muerte es un efecto de la sabiduría de la Providencia y una consecuencia del instinto de conservación, común a todos los seres “vivos”. Es necesario mientras el hombre no este bastante esclarecido sobre las condiciones de la vida futura, como contrapeso a la propensión que, sin freno, lo llevaría a dejar prematuramente la vida terrestre y a descuidar el trabajo, en este mundo que debe servir a su evolución.

Para liberarse de los temores de la muerte, es necesario poder encararlo bajo su verdadero punto de vista, quiere decir, penetrar, por el pensamiento, en el mundo espiritual y hacerse de el una idea lo más exacta posible, lo que denota, en el Espíritu encarnado, un cierto desenvolvimiento y una cierta aptitud para desligarse de la materia. Entre los que no están suficientemente avanzados, la vida material domina aun, sobre la vida espiritual.

Cuando el hombre se despoja de sus restos mortales, siente un asombro y un deslumbramiento que lo dejan por algún tiempo indeciso acerca de su estado real; él no sabe si está vivo o muerto, y sus sensaciones – muy confusas – llevan bastante tiempo para aclararse. Poco a poco, los ojos del Espíritu se deslumbran con las diversas claridades que le rodean. Al observar la Tierra que acaba de dejar, ve a sus parientes y amigos que lo lloran, y ve su cuerpo inerte.

En fin, sus ojos se liberan de la Tierra y se elevan al Cielo; si la voluntad de Dios no lo retiene en el suelo, sube lentamente y siente que flota en el espacio, lo que es una sensación deliciosa. Entonces el recuerdo de la vida que deja le aparece muy frecuentemente con una claridad desoladora, más otras veces consoladora.

El Espíritu se desprende de todos los prejuicios terrenales y la verdad aparece en toda su luz. Nada atenúa sus faltas y nada oculta las virtudes; observa su propia alma tan claramente como un espejo. Busca entre los Espíritus a aquellos quienes le fueron conocidos, porque el Espíritu tiene miedo a aislarse, pero ellos pasan a su lado sin detenerse. No hay comunicaciones amistosas entre los Espíritus errantes; aquellos mismos que se han amado no intercambian señales de reconocimiento; Las comunicaciones afectuosas están reservadas a los Espíritus Superiores, que intercambian sus pensamientos.

Los Espíritus errantes no sufren por causa de la ausencia de comunicación entre sí, porque saben que habrán de reencontrarse; por eso tienen más fervor para que llegue el momento en que después de cumplidas las pruebas, pueden recibir a sus seres amados – lo que es indescriptible -, deseo que yace latente en ellos.

Ninguno de los lazos que establecemos en la Tierra se destruye; nuestras simpatías serán re-establecidas en el orden en que hayan existido, más o menos vivas, según el grado de afecto o de intimidad que hayan tenido.

Fuentes: Allan Kardec. Revista Espirita. Octubre 1860/Allan Kardec. La Justicia Divina según El Espiritismo.1ra Edición. Agosto 1993.IDE.Sao Paolo. Brasil. Pág. 17-22.

“…. ¡Bendita mil veces, ciencia divina! Si todos los que cobijas bajo tu manto te comprendieran como yo te comprendía, la Tierra se transformaría en un edén, donde los hombres ya no sufrirían las ingratitudes de los demás; ya no llorarían sino un pasado, pero todo cuanto les rodeara les haría grata su expiación….” MEMORIAS.

Amalia Domingo Soler. Escritora Espirita Española.(1835-1909)

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