26 de September del 2018

Un destello en el marjal: “El Vaticano, ¿internacional?”

Foto: Archivo

Tal vez para muchos lectores, advice no sean sensiblemente perceptibles, ambulance las movidas dentro del ajedrez político de la Santa Sede pero desde siempre han estado por allí. Todavía se mantiene como un lamentable acertijo para buena parte de la humanidad la patética actitud del Papa Pio IX (Eugenio Pacelli) ante la inocultable realidad del Holocausto.

El Papa Francisco I, hombre fuera de lo común, inocultable dechado de humildad y nobleza poco vista, ha sido respetuoso de la tradición vaticana, de no ser ajeno a la realidad del planeta, por lo que se ha abocado al esfuerzo humano necesario para que las distintas civilizaciones que pueblan el globo-hogar, reflexionen, revisen con rigor sus agendas socio-político-económicas y corrijan sus respectivos rumbos.

Estoy convencido de que el respetable amigo Papa Pancho dejara aurea e inextinguible estela para quien le quiera seguir. A propósito de esta gesta epopeyica de Francisco I bien vale la pena refrescar que no es nada nuevo para el Vaticano estar atentos al acontecer internacional. Veamos algunos breves ejemplos.

Fácil es imaginar que las mayores preocupaciones de la Santa Sede en cuestiones políticas se han centrado por lo general en Europa. Llegado el periodo contemporáneo, Roma ve aparecer nuevos movimientos políticos que pueden causarle graves quebraderos de cabeza. En el siglo XX surgen peligrosos movimientos como el fascismo, el nazismo y, por encima de todo, el comunismo, oficialmente ateo. Roma y el Vaticano no pueden ser ajenos a estos cambios que están afectando al mundo, hasta el punto de crear, la peor de las guerras mundiales y la que estuvo a punto de ser la III Guerra Mundial y se quedó en Guerra Fría.

El primer gran problema del pasado siglo, es la llegada del Fascismo, con Benito Mussolini. En 1929 se firmaron los Pactos de Letrán entre Mussolini y el Papa Pio IX, en los cuales por una parte, el pontífice reconocía oficialmente el Estado italiano y a Roma como su capital, quedando la soberanía pontificia reducida al territorio de la Ciudad del Vaticano, palacio de Castel Gandolfo y a ciertas basílicas; El Duce por su parte declaraba la religión católica como oficial del Estado y concedía al Vaticano una importante compensación económica.

Desde el principio debido a los movimientos independentistas el Vaticano temió lo que pudiera suceder en los territorios latino-americanos y no tuvo ningún reparo en intervenir contra los movimientos liberales de aquella rica y extensa zona geográfica. Un ejemplo de las injerencias políticas de los pontífices en aquellos tiempo (Papa León XIII; Papa Pio VII, 1800-1823; Papa Pio VIII, 1829-1830) consistió en nombrar los cargos cardenalicios sin tan siquiera consultar o avisar a los dirigentes de los países afectados, incluidos España y Portugal.

Se ha escrito mucho sobre las relaciones del nacionalsocialismo y el Vaticano. Está muy claro que en un principio no existió entre ellos ningún tipo de simpatía, y que fueron muchísimos los católicos, incluso sacerdotes, asesinados por el genocida régimen de Hitler. Pero también es verdad que el mutismo de la Iglesia ante el Holocausto nazi, algo que la Santa Sede, con el mejor servicio secreto del mundo, sabía desde un principio, fue vergonzoso. Y no solo eso, sino que tras la derrota de los nazis en la I Guerra Mundial, mucho dirigentes y capitostes nazis se salvaron de la justicia gracias a la intervención de altos dignatarios católicos y dirigidos en muchos casos desde la mismísima sede romana.

A mediados del siglo XX el Vaticano se vio impotente ante la llegada del comunismo a tierras cubanas y decidió interferir lo mínimo posible en los países ibero-americanos. Pero con la llegada del carismático Juan Pablo II esa temporal pasividad dio un giro de 180 grados. En aquel momento el Vaticano tomo varias decisiones de gran repercusión política. La primera se produjo a finales de enero 1979 cuando el papa decidió realizar su primer viaje pastoral a tierras mexicanas, coincidiendo con la III Conferencia General del Episcopado Latino-americano. México no mantenía relaciones diplomáticas con el Vaticano y su política se podía definir – así lo asumía Roma – como “anticlerical”.

El papa polaco llegó brioso a este poderoso estado casi hostil políticamente, y el 29 de enero, reprobó con energía, y sin ningún titubeo, la, para el Vaticano, muy “peligrosa” Teología de la Liberacion, la cual se estaba extendiendo en forma alarmante por muchos territorios americanos de habla hispana. Aquel “puñetazo sobre la mesa” del papa puso de manifiesto que Roma no dejaba de vigilar y controlar cualquiera disidencia religiosa o política en aquellos territorios, habitados ya entonces por más de 400 millones de personas casi todos católicos.

En este brevísimo repaso de las intervenciones que el Vaticano ha realizado a nivel internacional para controlar, “asesorar” o incluso hacer caer regímenes despóticos e inhumanos, vemos mucho más la trayectoria de un estado político que un centro de Espiritualidad Universal enfocado en la confraternidad de todos los seres humanos.

FUENTE: Revista MÁS ALLÁ. Monográfico #65

“Atento entre los inatentos, plenamente despierto entre los dormidos, el sabio avanza como un corcel de carreras se adelanta ante un jamelgo decrepito”. DHAMMAPADA

E-mail:jherrer69@yahoo.es

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