Un destello en el marjal: Espejos, ¿Portal o ilusión?

Foto: Agencias

Los espejos siempre han sido objetos inquietantes al no saber muy bien lo que reflejan, ni quien los habita cuando nadie mira. Este ambiguo misterio los ha convertido desde el origen de los tiempos en armas de poder vinculados a la magia o a la videncia. No hay cultura que no cuente entre sus tradiciones con un espejo mágico, capaz de realizar prodigios, como ver en el futuro o conectar con el espíritu de los muertos.

Los espejos son puertas que llevan a muchos sitios, y los difuntos no son los únicos, que presumiblemente se asoman a ellos dispuestos a desvelar los enigmas del futuro. Para la Iglesia estas visiones siempre han sido obra del maligno y el dicho “un espejo es el verdadero c… del diablo” es tan antiguo que Jeronimus Bosch (El Bosco) lo representa así en su famoso cuadro “El jardín de las delicias”. Idolatras o no, había un gran número de miembros del clero incluidos en este grupo. Algunos llegaban a utilizar las tranquilas aguas de la pila bautismal de su iglesia para las visiones invocando al mismísimo satanás.

Muchas son  las supuestas capacidades mágicas del espejo, pero entre ellas la videncia es la más destacada. La Cataptromancia o arte de adivinar por medio de un espejo es muy antigua. Muy anterior, por supuesto, a la existencia de los espejos de cristal y azogue que conocemos hoy día. A juzgar por lo que se sabe de las culturas, el interés por adivinar el futuro es inherente al ser humano.

Ya existía en tiempos bíblicos, y El Génesis, (41:15,18) narra la historia, de uno de los primeros adivinos, que realiza augurios con el beneplácito de Yahvé. Se trata de Josué, hijo de Jacob, al que sus envidiosos hermanos vendieron como esclavo y termino sirviendo en la corte del faraón de Egipto.

En China, cuando alguien estaba a punto de fallecer, los familiares cosían un espejo a su abrigo y paseaban esta prenda colgada  de una caña de bambú, incitando al alma, que estaba a punto de iniciar viaje a introducirse en el espejo. Si lo hacia el agonizante conseguía recuperarse.

La tradición ha querido atribuir una indisoluble relación entre los espejos y el alma de los mortales. Una relación en ocasiones terriblemente peligrosa, ya que se asignaba al espejo el poder de robar el alma. Esta capacidad rodeo a los espejos de una reverencial y lógica aura de temor.

Niños y enfermos, a los que se les consideraba débiles por naturaleza, tenían que evitar especialmente verse reflejados para no perder su alma  de inmediato.

El asunto se agravaba, ya que también se creía, no solo que el alma de los muertos quedaba atrapada en los espejos, sino que además, el ánima en tránsito de quien acababa de fallecer, podía arrastrar con ella el alma de los vivos, hacia el misterioso universo de las sombras. Es por esta razón que se propago la costumbre de tapar los espejos en las casas de los enfermos moribundos para evitar que el alma del difunto quedara apresada en ellos sola o con compañía.

FUENTE: Revista MÁS ALLÁ de la ciencia, # 215. Págs. 64-69 / www.masalladelaciencia.es

“Si aspiras a encontrarte a ti mismo, no te mires al espejo, porque allí, encontraras solamente una sombra, un extraño”. SIGMUND FREUD. Medico neurólogo austriaco (1856-1939)

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