Un destello en el marjal: “Gustavo Adolfo Bécquer, trazos del literato”

Foto: Archivo

He sido consecuente lector de la pluma de Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Cuántos más me han acompañado? ¿Cuántos han meditado sus creaciones líricas?

Bécquer nació en Sevilla, España, un 17 de febrero de 1836, sea decir hace 181 años y los entusiastas seguidores de sus genialidades líricas celebramos el aniversario, compartiendo con los interesados breves retazos de su personalidad.

Quizás parezca para muchos  odiosa paradoja, evocar al autor de tan sentimental prosa y poesía, en tiempos de cólera (recordando al Gabo), de trogloditas alérgicos a las sentidas lecturas, y de juventud estudiante, que “corta y pega” pero no reflexiona, como bien lo saben sus sufridos tutores en los distintos niveles. No obstante, este espacio es de mi responsabilidad  y pleno de contento, me dirijo a elaborar muy nimio esbozo de mi admirable personaje.

Ya a los cinco años quedo huérfano de su padre, empezando sus estudios de primeras letras en el colegio San Antonio Abad, donde permaneció hasta los nueve años, cuando entró al Real Colegio de Humanidades de San Telmo, para estudiar la carrera de náutica. Poco después quedó huérfano de madre. A los diez años su madrina de bautismo, se encarga de él. Esta era una persona acomodada, sin hijos ni parientes por cuya razón le hubiera dejado sus bienes, de no haber renunciado a todo para venirse a Madrid, a los diecisiete años y medio, con el objeto de conquistar gloria y fortuna.

Todo el afán de Gustavo Adolfo era conseguir un año de descanso en la continuada carrera de sus desgracias. Pobre de fortuna y pobre de vida, ni la suerte le brindó nunca un momento de tranquilo bienestar, ni su propia materia la vigorosa energía de la salud. Las estrecheces del vivir y la vecindad de la muerte fueron el círculo de hierro en que aquella alma fecunda y elevada tuvo que estar aprisionada toda la vida.

Habíase propuesto Gustavo Adolfo no mezclarse en política y vivir solo de sus artículos literarios, cosa imposible en la España de aquellos tiempos, por lo escaso de la retribución y lo raro de la demanda; así que hubo que alternar los escritos con otros trabajos. De estos tiempos son sus pinturas al fresco.

Incapaz de odios, no puso sus envidiables condiciones de escritor al servicio de la ira. No estando destinado por lo dulce de su temperamento a causar el terror de nadie, ni apto su carácter noble para la adulación o la asiduidad del servilismo, condiciones que substituyen con ventaja y provecho propio a la acometividad y energía. Bécquer no podía hacer gran papel entre las revueltas, distingos, escándalos, de los que salvando rarísimos ejemplos, forman la mayoría de los afortunados en política.

Su verdadero nombre era Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecidos en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622.

Tanto Gustavo Adolfo como su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, adoptaron Bécquer como primer apellido en la firma de sus respectivas obras. Su obra más celebre son Las Rimas y Leyendas. Los poemas e historias incluidos en esta colección son esenciales para el estudio de la literatura hispana sobre la cual ejerció muy notable influencia.

FUENTE: es. wikipedia.org/ Gustavo Adolfo Bécquer. OBRAS COMPLETAS. Sexta Edición. Editorial Diana.1963.Mexico D.F.

“….Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda se durmió con un sueño inquieto, ligero y nervioso, las doce campanadas sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre, pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana…”. EL MONTE DE LAS ÁNIMAS. (Fragmento). Gustavo Adolfo Bécquer.

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