Un destello en el marjal: Moscú en 80 años: 2 historias, una realidad

Foto: Archivo referencial

Jamás he estado en Moscú. Es muy poco lo que conozco de ella, más allá de que organizaron alguna vez Juegos Olímpicos y que se preparan para el próximo Mundial Copa FIFA de Futbol. También tenemos presente, que toda su población vive (¿o sobrevive?) bajo la consigna del comunismo. He podido leer dos aproximaciones vivenciales acerca de Moscú que bien vale la pena difundir y compartir, en especial con mis buenos amigos lectores.

He aquí, breves retazos de relatos del sr. John Gunther en primer lugar y luego del venezolano José Toro Hardy. Pero, ¿Quién es John Gunther (30.08.1901-29.05.1970)? Fue un periodista  y autor norteamericano cuyo éxito llegó principalmente a través de unas obras socio-políticas populares conocidas como los libros “Inside” (1936-1972). Sobre “Inside Europa” (publicado en 1936), Gunther escribió: Este libro ha tenido éxito llamativo en todo el mundo. Tuve la suerte de que apareció en el momento justo, cuando los tres dictadores totalitarios tomaron el escenario y la gente comenzó a estar interesado en ellos.

De su obra “Inside Russia Today” tomaremos algunos segmentos dedicados a la vida en Moscú. El vestido de las gentes es lo que más contribuye a dar a Moscú su aspecto de pardusca melancolía. La mayor parte de la gente se viste sin gusto ni atractivo de ninguna clase. Sus ropas, raídas por el uso, hechas con materiales de escasa calidad, descoloridas son de una monotonía increíble. El negro, que usa todo el mundo, no es un negro brillante, sino un negro terroso y lúgubre. A los rusos, por lo tanto, les llama la atención el traje de los extranjeros, especialmente los zapatos. Las gentes refunfuñan y se quejan abiertamente (mientras no se trate de política, la crítica es libre).

Después de la ropa, el alojamiento es lo peor de Moscú. Los jóvenes  no pueden casarse porque no encuentran una casa donde vivir. No hay casi una sola familia que esté libre de una cáfila de parientes políticos, que viven en la misma casa y es excepcional la familia que disponga de un baño o cocina, sin tener que compartirla con otros. Una de las razones, por las que las calles se encuentran llenas, aun en el invierno, de gente que pasea de arriba abajo por los bulevares, hombres y mujeres, con niños en brazos, es la increíble estrechez e incomodidad de sus habitaciones. Aún después de un arduo día de trabajo, la gente se echa a la calle, porque la vida no puede ser más tediosa.

Salir de compras en Moscú es toda una aventura. Las tiendas se cierran los lunes, porque por más que sea festivo el domingo, tiene la obligación de abrir para quienes trabajan el resto de la semana. Es este un país donde nadie chista, regido por un gobierno sin entrañas. El mundo exterior es el enemigo del cual se debe defenderse a toda costa. Vestidos con sus harapos, acurrucados en sus tugurios y aburridos a más no poder, los rusos no deben saber lo que ocurre en el mundo exterior.

Gracias al prodigio de las redes sociales, podemos tomar otra reseña de la vida moscovita, esta vez de un también periodista y experto petrolero venezolano, José Toro Hardy, quien en 1984 visito Moscú, y corrobora sin cortapisas un poquito de la infelicidad de tan distante ciudadanía.

Comenta Toro Hardy que estando una noche allí, antes de las 11 p.m., no había un alma en la calle y ansiaba tomar algo para calmar la sed. Pudo encontrar una particular maquinita expendedora de Pepsi Cola, cuyo liquido se servía en un único vaso de vidrio, que usaba todo el mundo y que debía colocar en el mismo lugar una vez utilizado. Observó muchos faroles de exquisito diseño, en la Gran Plaza Roja, pero todos apagados. Las colas para comprar alimentos eran larguísimas. Todo escaseaba y estaba racionado. Por doquier sonaban unos orwellianos aparatos de radio sin dial – radio Tochka- con una sola emisora que transmitía únicamente lo que el gobierno quería que la gente oyera.

 Meditaba Toro Hardy que el comunismo moscovita no era capaz de producir vasitos de cartón, ni alimentos suficientes para su población que padecía grandes carencias, ni zapatos de distintos modelos ni cajas para que los zapatos se pudieran vender por pares, ni de satisfacer necesidades que para cualquier ciudadano de Occidente se hubieran considerado elementales.

Fuentes: Wikipedia.es/Revista Selecciones del Reader’s Digest Marzo 1958. Tomo XXXV. No.208.

“…Si alguien persistiera, en preguntarse por qué se encierran los rusos, por qué se aíslan de una manera tan completa del resto del mundo, yo solo podría ofrecer una respuesta que es la deducción obvia de todo cuanto vi en Moscú. Es esta una ciudad  y lo mismo puede decirse de la nación, excesivamente obsesionada con el planeamiento sin libertad y sin justicia como nosotros las entendemos y con muy pocos encantos…” John Gunther. Periodista Norteamericano (1901-1970)

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