19 de December del 2018

Un destello en el marjal: ¿Se trata de conciliar o reconciliar?

Foto: Archivo

Las Sagradas Escrituras pudieran servir para esbozar sutilmente un obligado llamado a la reconciliación del poderoso dipolo que ahora mismo es la nación venezolana. El corazón de un hombre, illness debe someterse a una hoguera abrasante, price viagra tal como el resentimiento, cheap vivenciarlo hasta el drama para poder adquirir el germen subatómico de tan magnánima virtud, ¡El Perdón!

La cinematografía sabe mucho, acerca de tomar íconos de la humanidad, para transmitirnos pequeñas nociones de su grandeza, en especial cuando poco o nada nos interesa ,saber que está ocurriendo al otro lado de la misma cuadra donde yo vivo hace 50 años. Le voy a citar solo tres ejemplos.

Cuando usted ve la película “Gandhi”, pierde cuenta del número de veces que él es encarcelado. Mohandas Karanchard Gandhi (1869-1948) fue un gran influido de las ideas de León Tolstoi y El Sermón de la Montaña. Logró desarrollar una teoría de protesta no violenta y resistencia pasiva. El perdonar la ofensa para él no significó una tragedia. El teniente Thomas Edward Lawrence (1888-1935; “Sir Lawrence de Arabia”) condujo las tribus del desierto arábigo a realizar ataques mortales al transporte ferroviario turco, durante la 1ra.Guerra Mundial. Sus compañeros de armas, le desprestigiaron hasta el colmo, por el noble hecho de identificar la verdadera pasión de los árabes por sus tradiciones y sus ancestros. No obstante, T. E. Lawrence siempre fue un honorable defensor de su uniforme.

Aunque le haga mención en último lugar, por ninguna razón le dispensé menor reconocimiento al Sr. Nelson Mandela –“MADIBA”-(1918-2014), férreo opositor a la política segregacionista del “Apartheid”, condenado a cadena perpetua en 1964 y Premio Nobel de la Paz en 1993. Incansable voluntad, para el logro de la ansiada unión de todos los sudafricanos. Perdonó sin titubear tanto a opositores a sus convicciones como también a los inconsecuentes seguidores.

Todos eran hombres de carne y hueso, pero con un acero en sus almas que muy pocos hemos tenido la ocasión de conocer. La historia se encargara, de que sus logros morales jamás se marchiten, en especial la facultad de conciliar en las diatribas políticas y de reconciliar cuando la armonía de la pluralidad se sintiese amenazada. “Entonces Pedro se aproximó a él y le preguntó, ¿Señor cuántas veces perdonaré a mi hermano, cuando haya pecado contra mí? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete veces” (Mateo18:15; 21 y 22).

La amada nación, ha sido llevada, con el visto bueno de Sabia Providencia, hacia latitudes donde lo ha requerido por alguna razón que es inconfesable, correspondiendo ahora, una vez más, el supremo esfuerzo a cada uno de los venezolanos que aquí coronamos con pundonor estoico, como también nuestros hermanos, venidos de otras tierras pero arraigados entre nosotros desde hace siglos.

¡Es verdad respetado amigo lector! Luce sumamente arduo, arrancar una flor tan exótica de nuestro pecho, cuando nos obligaron al exilio propio o de algún amado ser, consanguíneo o no; cuando la familia fue ladinamente despojada del motivo de satisfacción, cultivado y edificado con honor, tesón y amor a través de muchas generaciones. Tan solo por el capricho de condenar a la incertidumbre y a la nada millones de trabajadores. Materialmente se torna más que imposible, conceder semejante disposición cuando 1,2 o 3 miembros de una sola familia, terminaron sus días en forma violenta e inexplicable, sin poder advertir ninguna actitud solidaria, competente y plena de conmiseración en los miembros de las instituciones pertinentes.

Cuando sus actos nos han perjudicado personalmente, es cuando mayor motivo nos acomete para ser indulgentes, porque el mérito del perdón se halla proporcionado a la gravedad del mal.

Perdonar a los enemigos es pedir perdón para uno mismo. Perdonar a los amigos es darles una prueba de amistad.

“La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que esta hinchado parece grande pero no está sano”. San Agustín

E-mail: jherrer69@yahoo.es

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