20 de November del 2018

Un destello en el marjal: Todos somos malos

Foto: Archivo

No hace falta ser un genocida ni un asesino en serie: la maldad nos rodea y nos tienta de forma mucho más sutil. Tanto que cuando queremos darnos cuenta, unhealthy ya hemos pasado a formar parte del lado oscuro. ¿Qué tiene el mal que resulta tan irresistible?

Quiero creer que usted amable amigo lector está enterado de que el gobierno de Corea del Norte detono en la profundidad de la Tierra, ailment una bomba, de la cual aún no se tiene irrebatible certeza de que haya sido de hidrogeno, cuyo poder letal es preferible no imaginar ¿Con qué propósito, una nación soberana del globo, se atreve a diseñar y experimentar con diabólico artefacto, que solamente promete perturbación o destrucción en la geosfera y la atmosfera, y de todo lo orgánico e inorgánico que se encuentre ubicado en ellas?

¿Ha tenido usted la oportunidad de observar alguno de los videos que abundan en YouTube, de cómo los fanáticos fundamentalistas de ISIS (Estado Islámico), le cortan la cabeza no sólo a uno, sino a muchos más infieles, cuando no los ejecutan a balazos o los someten a muerte por empalamiento?¿Qué cosa se le mete en la cabeza, repentinamente, a un bonachón y callado vecino cuarentón en una elitista urbanización citadina norteamericana, para que salvajemente accione, el sofisticado fusil de asalto, con escalofriante saldo de sangre, muerte e incertidumbre?

Universalmente se ha aceptado que la maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre. Quizás si usted recapacita sobre esta definición, pensara que su escala de valores es sólidamente firme, como para asegurar que puede resistir a toda tentación maliciosa: que usted nunca mataría, ni violaría, ni formaría parte de un plan genocida. Casi todos los seres humanos pensamos que nosotros mismos somos especiales.

La pregunta es ¿Hasta qué punto, se conoce bien a sí mismo?¿hasta qué punto sabe con seguridad como obraría en una situación determinada? Sobre este tema existen tres verdades psicológicas. La primera, es que el mundo está lleno de maldad y bondad. La segunda, es que la barrera entre ambas es difusa y la tercera, es que los ángeles pueden convertirse fácilmente en demonios.

Stanley Milgran, respetado psicólogo social adquirió fama por la serie de experimentos que dirigió sobre “Obediencia ciega a la autoridad”. Milgran quería saber porque las hordas nazis habían asesinado tan obedientemente a más de seis millones de judíos durante el Holocausto. Sus experimentos mostraron que la mayoría de los mortales preferimos cumplir una orden directa, aún a sabiendas de que es injusta, para salir del paso y no enfrentar a nuestros superiores.

La tentación del mal que nos rodea no solo se produce por actuar de forma maliciosa, sino también por no actuar, por quedarnos de brazos cruzados o por poner mil excusas para evitar intervenir en una situación por ejemplo de ayuda. Para demostrar la indiferencia de los ciudadanos hacia sus semejantes en ciertas situaciones, un equipo de psicólogos sociales emplazo a un actor a gemir y pedir ayuda junto a un seminario en Princeton (EEUU), pocos minutos antes de que comenzaran las clases. Naturalmente la mayor parte de quienes caminaban eran estudiantes seminaristas, de los que el noventa (90) por ciento pasaron de largo, a pesar de escuchar claramente sus sollozos. El miedo a llegar tarde impero, sobre la necesidad de aquel hombre de recibir un auxilio.

¿Por qué la gente no ayuda? ¿Por qué no actuamos cuando es necesario? ¿Por qué obramos mal en lugar de hacerlo provechosamente? Los psicólogos sociales, Bibb Latane y John Darley, investigaron sobre estas cuestiones y descubrieron que cuantas más personas presencian una urgencia, menos probable es que intervengan, creyendo que ya lo harán los demás. No solo eso: en muchos de nosotros también pesan el miedo al ridículo, a meternos en donde no nos llaman, a equivocarnos, a no saber evaluar correctamente la gravedad de una situación en particular ¿Qué tal un herido, con un balazo en el abdomen, dentro del vagón del metro, a las 7:16 am, rumbo a la empresa multinacional?

Fuente: Revista MÁS ALLÁ de la ciencia. #260.Paginas 22-28.

“La alegría es una de las mejores defensas en contra de las tentaciones. Un corazón alegre sabe cómo defenderse de toda inmundicia y el estruendo del demonio.”. Agnes Gonxha Bojaxhiu (Madre Teresa de Calcuta)

E-mail:jherrer69@yahoo.es

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