19 de February del 2019

Visión y Análisis

Dilma se viste de rojo

Las elecciones de nuestro gran vecino, salve Brasil, and son interesantes para Venezuela por distintas razones. Además de ser la 6ta economía del mundo, miembro del grupo los Bric’s, el miembro de mayor desarrollo del Mercosur, al cual, ahora pertenecemos y principal soporte de la Unasur; también, durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (José Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff) ha sido un importante aliado del gobierno socialista venezolano.

Para ponernos en contexto necesitamos una breve cápsula de Historia: En los años 80, Brasil sufrió de un enorme desequilibrio fiscal, sin crédito externo, éste déficit debió ser financiado con mayor emisión monetaria, esto produjo una mayor inflación y devaluaciones de la moneda. Para contener la situación, el gobierno de José Sarney implantó controles de precios y de salarios que derivaron en un desabastecimiento general y en la aparición del mercado negro con precios superiores a los fijados. La inflación pasó a hiperinflación alcanzando el 2.751%, situación familiar para los venezolanos.

Fernando Enrique Cardoso, ministro de Hacienda, puso en práctica el llamado Plan Real, implantó la moneda llamada el Real, con tasa de cambio equivalente a un dólar, se establecieron restricciones para la emisión monetaria, que no debía estar por encima de las reservas internacionales. Estas medidas lograron una reducción abrupta de la inflación que pasó del 43,1% mensual durante el primer semestre de 1994 a 3,1% en el segundo semestre. El éxito del Plan Real llevo a Cardozo a la presidencia de Brasil, con el apoyo del Partido Socialdemócrata Brasileño, derrotando al líder de izquierda, Luiz Inacio Lula da Silva. La reactivación económica, la inversión, la revalorización real de los salarios, la baja de los precios en la canasta alimentaria logró reducir la proporción de los hogares en situación de pobreza.

Tras la crisis de Rusia y los Tigres Asiáticos, Brasil atravesó una nueva crisis que llevo al gobierno a Lula da Silva, quien continuó la política de Cardoso, atrajo inversión extranjera en aspectos que requerían altas inversiones, estableció alianzas con importantes empresarios del sector privado, como la emblemática Odrebrecht, que obtuvo importantes contratos en Venezuela y Ecuador gracias a las gestiones de Lula. Esto permitió que los gobiernos de Cardoso y Lula protagonizaran una de las más espectaculares hazañas económicas, como es la de sacar de la pobreza a más de 40 millones de personas.

Ahora tenemos a Dilma Rousseff, heredera de Lula, que ha enfrentado una nueva crisis, marcada por un pobre desempeño económico y una creciente inflación, que para Venezuela sería irrisoria, pero para los parámetros que venía manejando Brasil resulta importante. Esto se reflejó en cierto modo en las elecciones presidenciales que acaban de realizarse en ese país. Para la segunda vuelta quedaron dos candidatos: Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, izquierda moderada, Aécio Neves, del Partido de Social Demócrata Brasileño. Rousseff había enfilado sus baterías contra Marina Silva, del partido Verde, viuda del célebre Chico Mendes y apoyada por el partido Socialista, quien parecía ser la sorpresa electoral, pero fue Neves quien logró la segunda posición.

Ahora que la presidencia se va a dirimir entre estos dos personajes aparece la diferencia entre dos modelos económicos. Neves, tiende al modelo de Cardoso, de estabilidad y apertura, una mayor libertad económica, mayor autonomía para el Banco Central y una más sólida alianza con el empresariado; mientras que Rousseff se va mostrando cada vez más intervencionista, anunciando medidas contra la banca, importando miles de médicos cubanos para las favelas brasileñas y anunciando una posible Asamblea Constituyente.

Esto ha alentado en ciertos sectores un temor a la venezolanización del gobierno brasileño, en caso de ganar nuevamente Dilma Rousseff. Aunque la mayoría de los brasileños desconoce totalmente lo que ocurre fuera de sus fronteras, para la clase media, algo más ilustrada, que sí conoce lo que ocurre en Venezuela, sí existe este temor. Sin embargo, si la actual presidente brasileña logra disipar este temor de imitación de la llamada “revolución bolivariana” y logra reforzar en los brasileños la imagen de los logros de estos últimos 12 años, podría obtener una nueva oportunidad al frente de su país. Desde aquí deseamos fervientemente que un profundo estudio de la realidad venezolana alerte a los brasileños, o al menos a su gobierno, de los peligros de pensar que el estado y el gobierno lo pueden controlar todo y les impida caer en la tentación totalitaria que llevó a Venezuela a esta crisis que vivimos hoy en día.

Plinio R. Carvajal H. http://www.visionyanalisis.blogspot.com

Plinio R. Carvajal H.
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