Mamás de ayer y hoy

La casa era su reino. Cocinaban como dioses y eran capaces de reunir a toda la familia alrededor de la mesa dominical. Eran prácticas, ahorrativas, congregaban y protegían, pero también callaban y dejaban pasar de largo sus proyectos personales. Así eran las mamás de antes.

Las madres del pasado tienen poco que ver con las del presente. La razón principal: Cambió el rol social de la mujer, desempeñan actividades más reconocidas y los espacios que fueron ganando las fueron posicionando en un sitio donde deben cumplir varias funciones simultáneamente, según la tesis de reconocidas psicólogas especialistas en crianza y vínculos.

Hay diferencias marcadas entre las mamás de ayer y las de hoy, antes se era madre más joven, muchas no tenían trabajo fuera del hogar. Ahora las mujeres se incorporan al mercado laboral con normalidad, lo que supone diferir el momento de fundar una familia.

El número de hijos por mujer era mayor, ya que estaban más años emparejadas durante su edad fértil; era tradicional un número de hijos mayor y el uso de anticonceptivos no era bien visto o eran anticonceptivos menos eficaces.

La presencia de las abuelas era más constante, ellas influían más en la educación de sus nietos. Hoy son de gran ayuda a los padres trabajadores que no pueden pasar todo el tiempo con sus hijos, y aportan puntos de vista que los nietos no siempre encuentran en su entorno diario.

Entre la madre de ayer y hoy hay un aspecto que ninguna época o sociedad lo puede transformar y es que ser madre es una de las experiencias más importantes y decisivas que podemos vivir; aprovechar las ventajas de nuestra época y reducir sus desventajas es otro desafío más en ese papel de la vida.

Leinys Gaetano, una mamá moderna que comparte su tiempo entre el trabajo y atender a sus traviesos de 3 años y 3 meses

 Retos de la madre de hoy

Las mamás de hoy, con sus múltiples ocupaciones, se esfuerzan por aprovechar el tiempo y buscar alternativas para invertirlo en sus hijos. Estar en el día a día con ellos, acompañarlos en eventos importantes de su vida y estar presentes cuando las necesitan.

Establecer prioridades y equilibrar el trabajo y la familia implica cumplir una doble labor que puede volverse agotadora y generar estrés.

La relación madre-hijo de este tiempo está caracterizada por una comunicación más abierta. Las madres son más afectuosas y usan un lenguaje amoroso y cálido con sus hijos. Tienden a establecer relaciones más democráticas, menos basadas en el poder del adulto y tienen en cuenta la opinión de los niños en el establecimiento de las normas y las reglas.

Son conscientes de la importancia de su rol como madres en términos de establecer un vínculo estrecho y amoroso con sus hijos. Estimulan el desarrollo de los niños y se esfuerzan por entender las expresiones características de cada edad, fortalecer su autoestima y ayudarles a expresar sentimientos y desarrollar capacidades. Motivan y apoyan a sus hijos para que tengan pasión, sueños y deseos de realizar proyectos.

Actualmente las madres tienen mucha información y conocimiento sobre el desarrollo infantil y juvenil, cuentan con fuentes de ayuda que antes no tenían. Leen sobre la crianza, consultan a psicólogos y orientadores, comparten experiencias con otros padres, ven programas especializados en asesoría familiar. Sienten que la frase: “los hijos no vienen con el manual debajo del brazo” es cierta y por esta razón se esfuerzan por aprender y capacitarse.

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