Adquirir un piercing es una decisión emocionante que implica no solo la elección de la joya y la ubicación, sino también el compromiso de un cuidado meticuloso para garantizar una cicatrización exitosa y un resultado duradero.
Más allá de la estética, representa una modificación corporal que requiere atención y seguimiento para evitar complicaciones y disfrutar de una experiencia positiva.
A continuación, te presentamos una guía esencial para el cuidado de tu nuevo piercing, paso a paso hacia una cicatrización perfecta.
La higiene: Pilar fundamental
La limpieza es el pilar fundamental en el cuidado de un piercing recién hecho. Dos veces al día, lava tus manos con jabón antibacteriano antes de tocar la zona perforada.
Luego, empapa una gasa estéril o un bastoncillo de algodón en solución salina estéril o suero fisiológico y limpia suavemente el piercing y la piel circundante. Evita frotar con fuerza y seca cuidadosamente con una gasa estéril o un paño suave.
Recomendaciones generales para una cicatrización óptima
Resiste la tentación: No toques, juegues o gires el piercing, ya que esto puede irritar la zona y retrasar la cicatrización.
Protege tu piercing de irritantes: Evita el contacto con sustancias como jabones fuertes, perfumes, alcohol, piscinas, jacuzzis y aguas no cloradas.
Duerme de forma segura: Adopta una posición para dormir que no ejerza presión sobre el piercing.
Mantén la zona seca: La humedad excesiva puede favorecer el crecimiento de bacterias.
Paciencia y constancia: La cicatrización completa puede tomar varias semanas o incluso meses. Sigue las instrucciones de cuidado con paciencia y constancia.
En caso de dudas o molestias, consulta a tu perforador. No dudes en consultar a tu perforador si tienes alguna duda sobre el cuidado de tu piercing o si experimentas enrojecimiento, hinchazón, dolor o secreción inusual.
Además, evita usar cremas, pomadas o medicamentos sin la previa consulta.
Con información de Televen


