Tras 31 años de espera, la selección de Aragua se alzó como campeón nacional en la categoría Adulto AA, rompiendo una sequía que databa desde 1995 y demostrando que, cuando el talento se une a la perseverancia, los obstáculos se vuelven irrelevantes.
Gustavo Gutiérrez, nacido en el emblemático sector 23 de Enero de Maracay, asumió el reto de dirigir a la selección con una mezcla de vértigo y esperanza. Era su primera vez como manager. «Fue una experiencia maravillosa. Algo que soñábamos hace muchos años y que se nos puso muy difícil», confiesa con la emoción a flor de piel.
Para Gutiérrez, este torneo era la reivindicación de un grupo que rozó la gloria en San Juan de los Morros, Barinas y Puerto Ordaz durante los últimos años, siempre quedándose a las puertas del podio. “El día de la final, llorábamos haciendo una oración. Éramos chamos con muchas ganas y un sueño que se nos escapaba desde hacía tres décadas”, relata.
Más allá del trofeo, la victoria de Aragua es una lección de resiliencia, ya que tuvieron que enfrentar muchas dificultades para emprender el camino hacía el título.
¿Recreación al alta competencia?
Iván García, coach de pitcheo del equipo, aprovechó el triunfo para elevar una voz de protesta que resuena con fuerza: «El softball en Aragua siempre ha sido criticado como una disciplina recreativa de bebidas. Pero no, este es un softball de alta competencia, regido por una asociación y con atletas de primer nivel».
“Es una selección regional, no privada. Viajamos en condiciones muy limitadas, mientras otros estados cuentan con estructuras sólidas, trajimos este trofeo para que entiendan la historia: Aragua es tierra de softbolistas», sentencia que estos atletas han puesto el nombre del estado en lo más alto del podio nacional.
La visión del novato: «la suerte no existe!
Dentro de la estructura del equipo, el joven Juan de León representa el relevo generacional. A pesar de ser su primer año como novato, se convirtió en pieza clave. Su memoria del robo de home contra Yaracuy es un testimonio de la intensidad con la que jugaron cada entrada.
«A los jóvenes les digo que la suerte no existe, se trabaja», afirma con una madurez impropia de sus tres años en la disciplina. «El trabajo de uno es luchar, mantenerse en competencia y estar listo para cuando el momento llegue». Para De León, este título no es un punto final, sino la demostración de que el talento aragüeño, cuando se le brinda la oportunidad, es capaz de batir a cualquiera, incluso a los equipos con los mejores lanzadores del país.
La gesta de Aragua no solo trajo un trofeo a casa; dejó una huella indeleble en la memoria deportiva del estado. Con 16 peloteros, tres miembros del staff y dos delegadas, el equipo demostró que la identidad de un grupo unido es capaz de superar la ausencia de uniformes donados o transporte oficial.
Con información de Ciudad Maracay…






