Pasar largas horas sentados en la oficina o frente a la computadora comprime la zona abdominal, lo que ralentiza los procesos naturales del cuerpo. Una caminata ligera activa la movilidad gástrica e intestinal.
El movimiento suave ayuda a que los alimentos se procesen con mayor rapidez, lo que disminuye de forma notable la molesta sensación de pesadez o inflamación que a veces se produce tras el almuerzo. Al mantener el cuerpo en una postura erguida y en movimiento constante, se utiliza la gravedad de forma natural, lo que impide que los jugos gástricos asciendan hacia el esófago.
Aunque no se trate de un ejercicio para quemar grandes cantidades de calorías, este paseo activa la circulación y enciende el gasto energético basal del día.
Más allá de las ventajas físicas, romper la rutina laboral con 15 minutos al aire libre funciona como un excelente «botón de reinicio» psicológico. El contacto con la luz del día y el cambio de entorno ayudan a disipar el estrés acumulado de la mañana, oxigenan el cerebro y reducen los niveles de cortisol.
Con información de VTV




