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Claves para la selección de perros de rescate

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Foto; Archivo

La preparación de unidades caninas especializadas en labores de búsqueda y salvamento exige un riguroso proceso de selección técnica que comienza desde las primeras semanas de vida del cachorro. Así lo explicó el adiestrador canino Cristian Jiménez, quien detalló que para estas tareas de alta exigencia se requieren ejemplares extraordinarios capaces de gestionar escenarios de alto estrés y complejidad operativa.

Jiménez enfatizó que la formación de un perro de trabajo no es improvisada, sino que responde a un filtrado genético y de comportamiento sumamente exigente:

«El adiestramiento canino cuando se dedica a una rama específica como es el área de rescate, se tiene que hacer una selección de un cachorro previamente evaluado los padres, a ver qué características nos van a ofrecer a futuro… Esta selección se hace a través de ciertas pruebas propioceptivas que nos van a decir qué capacidad tiene el perro de tolerar estrés en situaciones a futuro», dijo el experto.

En cuanto a las características físicas y de temperamento, el especialista señaló que no existe una única raza exclusiva, sino patrones funcionales ligados al olfato, la resistencia y la capacidad cognitiva. Razas tradicionalmente vinculadas a la caza o al arreo —como el Golden Retriever, Cocker Spaniel o Border Collie— suelen presentar atributos favorables, aunque el factor determinante radica en la capacidad de adaptación.

«Buscamos un perro que cumpla con unas características físicas de agilidad, que sean resistentes, que sean prácticos para llevar (…) Buscamos perros que tengan un canal olfativo amplio… Que tenga un nivel de inteligencia amplio, que tenga un nivel de resistencia, una capacidad de adaptabilidad a distintos terrenos y que es muy fácil su nivel de tolerancia al estrés, sobre todo eso es lo que más nos interesa», indicó el adiestrador.

Diferencias entre el perro de trabajo y la mascota de hogar
Respecto a la viabilidad de entrenar perros criollos o mestizos para labores oficiales de rescate, Jiménez aclaró que, aunque no es imposible, resulta un evento excepcional. Incluso dentro de camadas especializadas o de criadero, muy pocos ejemplares superan los filtros requeridos.

«No todos los perros van a funcionar, inclusive los perros que son seleccionados son los perros extraordinarios que se destacan inclusive dentro de perros que estaban diseñados para eso… De los siete se hace una serie de pruebas y solamente uno se destaca», puntualizó.

Evaluación cognitivo-emocional
Finalmente, el especialista diferenció la respuesta de una mascota común frente a la de un canino entrenado ante situaciones límite, destacando el uso de la propiocepción —la capacidad de percibir el entorno mediante los sentidos— y la gestión de la frustración como elementos clave del adiestramiento técnico.

«Normalmente un perro mascota puede pasar por situaciones donde el conflicto puede hacer que él entre en caos y se vea retraído en esa situación. Un perro de línea de trabajo debe tener la capacidad de asumir el problema, frustrarse y superarlo a futuro», destacó Jiménez.

La preparación de unidades caninas especializadas en labores de salvamento y búsqueda exige un riguroso proceso de selección técnica desde las primeras semanas de vida del cachorro. Así lo detalló el adiestrador canino Cristian Jiménez, quien explicó que la formación de un perro de trabajo requiere evaluar tanto las características genéticas y físicas como la función específica que cumplirá según el organismo o entorno de despliegue.

Diferenciación por tipo de servicio e impacto visual
Jiménez precisó que el perfil morfológico y conductual varía significativamente si el canino prestará servicio para el ejército, cuerpos bomberiles o en la inspección aeroportuaria, donde el impacto en la ciudadanía exige un manejo diferenciado.

«Un ejemplo que se nota mucho más es un perro del aeropuerto (…) Por reglas internacionales, el perro que está en un aeropuerto no puede ser un perro que intimide a una persona… Se hace un tipo de marcaje totalmente distinto al del perro de rescate. O sea, uno es un perro proactivo y el otro es un perro un poco más dócil (…) Ya tiene un aspecto psicológico distinto en el usuario», indicó.

Por el contrario, para labores en campo o estructuras colapsadas, el especialista señaló que se priorizan canes con “mayor agilidad y una estructura ósea y física mucho más robusta”, capaces de tolerar escenarios de alta exigencia física y estrés.

El estímulo lúdico y la motivación: El perro está jugando
Respecto a las rutinas de trabajo de los caninos de rescate y la preparación del binomio (guía-can), Jiménez aclaró que el entrenamiento se fundamenta en principios conductistas orientados al juego y la recompensa, desmintiendo señalamientos de explotación animal durante los operativos de emergencia.

«En la etapa inicial, nosotros instauramos la adicción, por así decirlo, o el amor por este juguete. Entonces, el perro siempre está saliendo a trabajar, a buscar una persona, a buscar un narcótico, a buscar un cuerpo, es con la intención de jugar», enfatizó el adiestrador.

Asimismo, marcó distancia entre el nivel de resistencia de una mascota convencional y la de un canino de línea de trabajo:

«El perro está en su necesidad de salir a jugar. Por eso es que se hace el énfasis entre una mascotica que se puede agotar porque salió, llevó el sol, se estresó, se agotó… a un perro que salió, corrió 3 horas, está en la madrugada, jugó, mordió, vino, le dieron hidratación, se reposó, un aire un poquito relajado y volvió a salir con la misma energía, porque él está motivado a jugar».

El adiestrador concluyó recalcando que el éxito de las operaciones de rescate depende de la estrecha relación entre el guía y el perro, así como de un protocolo riguroso que incluye descansos adecuados, alimentación balanceada y momentos de esparcimiento para liberar el estrés tras las jornadas operativas.

Con información de ÚN