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Alertan sobre un fenómeno que podría poner en riesgo futuras misiones a Marte

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Foto: Archivo

Las tormentas de polvo podrían abrir un nuevo riesgo para futuras misiones a Marte.

Un estudio de Chali Idosa Uga, del Departamento de Ciencias Espaciales de la Universidad de Alabama en Huntsville (UAH), plantea que esas condiciones pueden derivar en descargas capaces de interferir con sistemas electrónicos, provocar arcos eléctricos y dañar instrumentos científicos y sistemas expuestos de naves espaciales.

La investigación se publicó en The Planetary Science Journal y se centra en la tormenta de polvo global del año marciano 34, que rodeó el planeta en 2018. Ese episodio figura entre los fenómenos meteorológicos marcianos mejor estudiados porque múltiples orbitadores y vehículos de exploración lo observaron al mismo tiempo.

Uga desarrolló el trabajo con la asesoría del doctor Gary Zank, director del Centro de Investigación Aeronáutica y de Plasma Espacial (CSPAR) de la UAH, y del doctor Dennis Gallagher del Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA. El objetivo fue determinar si ese tipo de tormentas puede acumular campos eléctricos hasta niveles favorables para la ruptura dieléctrica en zonas localizadas de la atmósfera inferior.

Cómo las tormentas de polvo pueden cargar la atmósfera marciana

“Marte no tiene tormentas eléctricas en el sentido terrestre, pero sí tiene intensas tormentas de polvo en una delgada atmósfera de dióxido de carbono”, explicó Uga. Añadió que, durante esos episodios, el polvo se eleva, se transporta y se mezcla a través de la atmósfera inferior.

Esas condiciones favorecen colisiones entre granos capaces de separar la carga eléctrica. A la vez, la atmósfera marciana, por su baja conductividad, puede permitir que esa carga persista.

Uga señaló que las grandes tormentas deben evaluarse como riesgos atmosféricos, térmicos y de visibilidad, y también como entornos electrostáticos estructurados. Esa posibilidad amplía el tipo de amenazas que futuras misiones tendrían que considerar sobre la superficie del planeta.

Qué demuestra el estudio

El autor precisó que el trabajo no calculó el riesgo para una nave espacial, un hábitat, un instrumento o un sistema de comunicación concreto. “Lo que demostramos es que, durante la tormenta de polvo global del año marciano 34, la atmósfera inferior desarrolló regiones localizadas y dependientes de la altitud donde la separación de cargas podía persistir, y los campos eléctricos modelados se aproximaron a condiciones favorables para la ruptura”.

El estudio tampoco afirma que se hayan detectado rayos en Marte. Su planteamiento fue identificar cuándo y dónde una tormenta de polvo global puede crear las condiciones físicas necesarias para campos eléctricos intensos y posibles descargas.

“La tormenta de polvo global del año marciano 34 ofreció una oportunidad excepcional para examinar este problema en un entorno planetario realista”, sostuvo Chali Idosa Uga. El investigador indicó que buscó una pregunta más precisa y útil para determinar en qué condiciones podrían surgir esos procesos eléctricos.

Impacto en la habitabilidad y en las operaciones sobre la superficie

El estudio también abre implicaciones para la química cercana a la superficie y para la evaluación de la habitabilidad. “Si se produce una ruptura eléctrica en dichas regiones, podría alterar el entorno de reacción local de la atmósfera polvorienta de dióxido de carbono de Marte”, dijo Uga.

Esa alteración influye en la interpretación de los oxidantes, la química relacionada con el perclorato y la preservación de moléculas orgánicas. Todos esos puntos forman parte de los criterios que los científicos usan para valorar si el entorno marciano pudo o puede sostener condiciones favorables para la vida.

En el plano operativo, Uga advirtió que la carga electrostática puede modificar cómo interactúa el polvo con sistemas de misión expuestos. En tormentas intensas, el polvo cargado puede afectar la adhesión a materiales, la deposición en superficies sensibles, la estabilidad de instrumentos y la acumulación de carga.

Los hallazgos recibieron una mención honorífica este mes en la conferencia CEDAR de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) de 2026, celebrada en Des Moines, Iowa. La siguiente etapa buscará contrastar estas predicciones con ensayos de laboratorio, modelos mejorados y observaciones de misiones para comprobar si esas zonas favorables para la actividad eléctrica dejan señales medibles.

Con información de Infobae