Hay jugadores que dejan números.
Hay otros que dejan campeonatos.
Y hay algunos, muy pocos, que dejan algo más difícil de medir: una sonrisa que permanece en la memoria de una ciudad.
Ese es Pablo Sandoval.
El pasado sábado, el nombre de Pablo Emilio Sandoval queda para siempre en el Wall of Fame de los Gigantes de San Francisco. El venezolano comparte la clase 2026 con Buster Posey, Brandon Crawford, Brandon Belt y Joe Panik, compañeros de una generación que convirtió a los Gigantes en una de las grandes dinastías de su época.
Pero si hubiera que explicar por qué el nombre de Sandoval pertenece allí, habría que comenzar por una palabra: Panda.
El apodo nació casi por casualidad, en septiembre de 2008. Sandoval hizo una acrobática maniobra para evitar el tag del receptor de los Dodgers, Danny Ardoin, y Barry Zito, el pitcher ganador de aquel juego, lo comparó con el protagonista de Kung Fu Panda, la película animada que había llegado a los cines ese verano.
El nombre se quedó, y San Francisco lo hizo suyo.
Los aficionados comenzaron a llevar sombreros de panda a las tribunas. El robusto muchacho que había llegado de Venezuela se convirtió en uno de los personajes más queridos de la Bahía.
El Panda no necesitaba esforzarse para ser espectáculo. Sonreía, bromeaba; cantaba reguetón en el clubhouse.
Jugaba con una energía que parecía no caberle en el cuerpo.
Cuando entraba a la caja de bateo, Oracle Park sabía que podía ocurrir algo.
Ocurrió muchas veces.
Pablo Sandoval, historia de Serie Mundial con San Francisco
Pablo Sandoval fue parte de los tres campeonatos de Serie Mundial conquistados por los Gigantes en 2010, 2012 y 2014. Fue protagonista de una época que marcó para siempre a la franquicia.
Pero hay una noche que pertenece exclusivamente al museo de las hazañas imposibles: 24 de octubre de 2012.
Primer juego de la Serie Mundial contra los Tigres de Detroit.
Pablo Sandoval tomó cuatro turnos y se fue de 4-4.
Tres veces mandó la pelota por encima de la cerca.
La primera fue contra Justin Verlander en el primer inning.
La segunda, también frente al as de Detroit, en el tercero.
La tercera llegó en el quinto, contra Al Alburquerque.
Tres jonrones en un mismo juego de Serie Mundial.
Antes que él solamente lo habían conseguido Babe Ruth, Reggie Jackson y Albert Pujols. Sandoval se convirtió en el cuarto hombre en entrar a ese club.
Aquella noche, el Panda dejó de ser solamente un personaje querido. Se convirtió en historia.
Y el bate con el que consiguió aquella hazaña terminó en Cooperstown.
Pablo Sandoval y un regreso a querido a San Francisco
Pero quizá la mejor manera de entender el vínculo entre Sandoval y San Francisco no está en un número. Está en una despedida.
Cuando volvió a vestir el uniforme de los Gigantes en 2017, después de su paso por Boston, quedó claro que aquella historia no había terminado. Y cuando años después volvió a pisar el terreno de Oracle Park en lo que podía ser su última aparición con el club, el público se puso de pie.
Pablo no pudo contener las lágrimas. Los aficionados levantaron carteles que decían “We You Pablo” y mostraban pandas.
Él respondió quitándose la gorra.
Después, como si todavía necesitara regalarle algo a aquella gente, conectó un sencillo en el noveno inning.
Porque así fue Pablo Sandoval.
Siempre encontró una manera de devolverle algo a la gente.
Por eso su lugar en el Wall of Fame no se explica únicamente con sus tres anillos, sus dos Juegos de Estrellas o aquella noche de tres jonrones. Se explica con el afecto.
Con la alegría, con el personaje.
Con aquel muchacho venezolano que llegó a San Francisco en 2008 y terminó convirtiéndose en parte de la identidad de los Gigantes.
El Panda no fue perfecto. Ningún pelotero lo es, pero fue auténtico. Y eso también se recuerda.
Hoy su nombre queda escrito junto al de los hombres con quienes compartió aquella maravillosa época de los Gigantes.
Posey, Crawford, Belt, Panik y Sandoval.
Cinco nombres que forman parte de una generación que hizo historia.
Y entre ellos, uno que siempre tendrá una sonrisa distinta. La del Panda.
Porque algunos jugadores entran en la historia por lo que hicieron; Pablo Sandoval entró también por cómo hizo sentir a la gente mientras lo hacía.
Y eso, en el béisbol, vale para siempre.
Vía: Nota de prensa




