El colapso de infraestructuras y el movimiento masivo de tierras por un desastre natural no solo dejan tras de sí una estela de devastación visible, sino que también desatan un peligro microscópico que flota en el aire.
En escenarios de emergencia como el registrado en La Guaira luego del sismo, la remoción de escombros y las labores de rescate exigen medidas de prevención permanente, ya que el polvo en suspensión se convierte en el vehículo de entrada para diversos hongos capaces de colonizar los pulmones y la piel de sobrevivientes y rescatistas.
Para comprender la dimensión de este riesgo sanitario, es fundamental precisar que las micosis son infecciones causadas por hongos que actúan de manera análoga a los virus, bacterias o parásitos.
Para ello, Juan Francisco Frey, bioanalista con especialidad en Micología Médica y microbiólogo del Instituto Nacional de Higiene, explica que en estas situaciones de normalidad urbana, el ser humano convive e inhala a diario pequeñas cantidades de esporas presentes en el ambiente sin sufrir consecuencias mayores, ya que un sistema inmunológico competente es capaz de contenerlas.
Sin embargo, el panorama cambia drásticamente cuando la tierra se fractura y las edificaciones se desploman.
Diferentes escenarios. Cuando ocurre un terremoto o una excavación a gran escala, la concentración de esporas en el ambiente se dispara drásticamente.
“Al dispararse la carga fúngica, la cantidad de microorganismos que ingresa al sistema respiratorio supera con creces la capacidad de respuesta de las defensas naturales del organismo, permitiendo que la infección se desarrolle incluso en personas completamente sanas”, explica.
Además, asegura que las vías de contagio en estas zonas de desastre se manifiestan principalmente de dos formas.
“La primera y más frecuente es la vía aérea, mediante la inhalación directa del polvo contaminado. Atendiendo a la epidemiología nacional, las afecciones respiratorias más comunes en estos contextos son la histoplasmosis y la aspergilosis”, agrega.
La segunda vía ocurre por traumatismo: personas que sufrieron aplastamientos o heridas en la piel quedan expuestas a que hongos hialinos o agentes causantes de la mucormicosis invadan los tejidos dañados, desencadenando cuadros clínicos severos.
Diagnóstico y prevención.
Uno de los principales obstáculos en la atención posterior a un evento telúrico es el abordaje médico tardío o inexacto.
“Los síntomas respiratorios derivados de la inhalación de hongos no siempre son inmediatos; pueden manifestarse durante la primera semana o surgir varias semanas después del evento”, dijo.
Agregó que, debido a que las manifestaciones clínicas suelen confundirse con infecciones bacterianas comunes, los pacientes son tratados habitualmente con antibióticos estándar.
Frente a este escenario, la sospecha médica oportuna resulta vital. Si un paciente expuesto a labores de remoción de escombros presenta sintomatología respiratoria o lesiones cutáneas que no responden a los antibióticos convencionales, no es descabellado pensar en un origen fúngico.
Realizar un diagnóstico preciso y aplicar de inmediato un tratamiento antifúngico dirigido marca la diferencia en el pronóstico de salud del afectado.
Ante esta realidad, la respuesta estratégica en materia de gestión de riesgos debe priorizar la protección biológica de la población y de los equipos de respuesta.
Una de las recomendaciones centrales para mitigar el impacto de estas infecciones es el establecimiento previo de centros de suministro estratégicos.
Estos centros deben contar con kits de protección biológica previamente elaborados y distribuidos de forma rápida y oportuna, destinados no solo a los brigadistas y rescatistas, sino también a la sociedad civil que acude voluntariamente a prestar ayuda.
El especialista asegura que la norma fundamental ante un escenario de desastre es evitar a toda costa el ingreso a áreas de alto riesgo y con alta densidad de polvo sin el equipo de protección adecuado.
La prevención permanente y la dotación oportuna de mascarillas y equipos especiales representan la primera línea de defensa contra una amenaza invisible que, de no ser controlada, puede transformar la labor de rescate en una nueva crisis de salud pública. La concienciación social es fundamental: evitar adentrarse en zonas de derrumbe sin la indumentaria adecuada no es solo una medida de precaución individual.
Tipos de Hongos
Los hongos más comunes en nuestro entorno abarcan desde los microscópicos hasta los macroscópicos; entre los más habituales destacan:
Mohos (Aspergillus, Penicillium). Microhongos ambientales habituales en materia orgánica en descomposición, humedad e infraestructuras.
Levaduras (Candida, Saccharomyces). Hongos unicelulares presentes en la flora corporal humana y clave en procesos industrializados de fermentación.
Dermatofitos (Trichophyton, Epidermophyton). Agentes microscópicos causantes de infecciones en tejidos queratinizados como piel, uñas y cabello (pie de atleta, tiña).
Setas (Agaricus, Pleurotus). Hongos macroscópicos que desarrollan cuerpos fructíferos visibles a simple vista, ampliamente consumidos en la gastronomía.
Con información de ÚN




