Entre el 20% y el 30% de la población general se muerde las uñas, una conducta habitual vinculada al estrés, el aburrimiento y la ansiedad, pero que también expone al organismo a bacterias y puede provocar daños visibles en dedos, dientes y encías.
Aunque suele tratarse como un hábito menor, especialistas y trabajos científicos lo vinculan con la exposición a bacterias, hongos y suciedad acumulados bajo las uñas, además de lesiones en los dedos, las encías y los dientes. La información fue difundida por Popular Science a partir de estudios académicos y recomendaciones médicas.
Debajo de las uñas se concentra una alta carga bacteriana
Las manos están en contacto permanente con superficies, objetos y otras personas. Por eso, introducir los dedos en la boca sin higiene previa supone una vía directa de ingreso para microorganismos. En el caso de las uñas, el problema aumenta porque el espacio que queda debajo de ellas concentra una cantidad especialmente alta de bacterias.
Un estudio de 1988 publicado en el Journal of Clinical Microbiology por investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad Johns Hopkins detectó que el área subungueal era la zona de la mano con mayor presencia bacteriana. El trabajo registró un promedio logarítmico de 5,39 unidades formadoras de colonias, frente a valores de entre 2,55 y 3,53 en otras partes de la mano.
Traducido a cifras absolutas, esa diferencia implica una carga microbiana mucho más elevada bajo las uñas que en otros sectores de la piel. Esa acumulación incluye bacterias, restos de suciedad y, en algunos casos, hongos, que pueden pasar a la boca de manera directa cuando la persona se muerde las uñas.
La presencia de microorganismos no queda limitada a los dedos. Diversos trabajos también observaron que quienes se muerden las uñas presentan una mayor frecuencia de bacterias en la boca.
Una investigación de 2007 publicada en Oral Microbiology and Immunology por la Universidad Atatürk, en Turquía, analizó muestras de saliva de 25 personas que se mordían las uñas y de 34 que no lo hacían. El estudio halló que el 76% de los primeros tenía enterobacterias, frente al 26,5% del grupo que no mantenía esa conducta.
Otro estudio, publicado en 2017 en Annals of International Medical and Dental Research, examinó 200 muestras de saliva, divididas en partes iguales entre personas con el hábito crónico y personas sin él. Los resultados fueron similares: el 58% de los mordedores crónicos dio positivo para Enterobacteriaceae, mientras que entre los no mordedores la proporción fue del 16%.
El daño no se limita a la boca y puede afectar uñas, piel, dientes y encías
El problema no se reduce a una cuestión de higiene. Un artículo científico de 2022 publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health detalló múltiples consecuencias físicas asociadas a esta conducta repetitiva.
Según ese trabajo, los pacientes suelen presentar uñas anormalmente cortas y desparejas, cutículas ausentes o desgarradas y pliegues ungueales en distintas etapas de cicatrización. El texto también menciona hemorragias lineales o puntiformes, surcos transversales, fragilidad de la uña y cicatrices en la matriz ungueal.
Además, el hábito puede desgastar los dientes por la presión repetida al morder y producir lesiones en el tejido gingival. Instituciones médicas como UCLA Health también advierten sobre la posibilidad de infecciones cutáneas y micóticas cuando la piel que rodea la uña queda dañada o expuesta.
Los especialistas recomiendan terapia y medidas prácticas para dejar la costumbre
Abandonar este hábito no siempre es sencillo, ya que en muchos casos funciona como una respuesta automática frente a la ansiedad, el estrés o el aburrimiento.
Por esa razón, Cleveland Clinic señala que una de las herramientas posibles es la terapia conductual, orientada a identificar disparadores y reemplazar la conducta por otras estrategias.
La Academia Estadounidense de Dermatología aconseja mantener las uñas cortas para reducir la tentación de morderlas. También sugiere aplicar esmalte común o esmaltes amargos formulados específicamente para desalentar el hábito.
Entre las recomendaciones básicas figura, además, limpiar con frecuencia la parte inferior de las uñas, una medida de higiene que puede ayudar a disminuir la acumulación de microorganismos mientras se trabaja para abandonar la costumbre. Si persiste el hábito o aparecen lesiones visibles, los especialistas aconsejan consultar con un profesional de la salud.
Con información de Infobae
