30 de julio del 2021

Baltazar Porras: si no hay acuerdo, sería un pecado capital

Una mañana lluviosa de comienzos del mes de julio de 2021, el cardenal Baltazar Porras recibió a El Estímulo en su casa en la ciudad de Caracas. Muy amable con la prensa, y siempre con una sonrisa en su rostro, aunque son tiempos difíciles para la patria que lo vio ordenarse sacerdote y llegar a ser el máximo representante de la iglesia venezolana ante el Vaticano.

La credibilidad entre las partes en este proceso de negociación sigue siendo una materia pendiente, señala el cardenal Baltazar Porras sobre el actual escenario político venezolano. Desde el comienzo de este período con Hugo Chávez y con las actuales autoridades, el chavismo siempre ha puesto como base de todo que llegaron aquí y no vendrán otros.

«Esa es una de las negaciones más evidentes de lo que es la democracia”, señala el religioso.

Previo a la entrevista se tenía conocimiento que al país llegaría una representación técnica de la Unión Europea para evaluar las condiciones existentes de cara a una posible observación por parte del bloque del viejo continente, en las próximas elecciones regionales del 21 de noviembre. Por allí comenzó esta conversación con el cardenal Baltazar Porras.

¿Qué expectativa tiene con relación a esta visita, en un momento en el que se plantean elecciones en medio de una posible negociación política?

«Sabemos que estamos en una situación bien compleja en Venezuela, en una crisis y que la única manera de superarla es negociando, es hablando, es intercambiando. La presencia de organismos internacionales y de otros grupos que vienen… en la medida que esto ayude a que pueda haber un entendimiento entre las partes, con una agenda bien definida de cuáles son las condiciones en las que se va, pues tienen que ser bienvenidas».

«Creo que una de las dificultades que hemos tenido en todos estos procesos de diálogo, negociación, de entendimiento, de presencia de organismos internacionales, es la falta de confianza y de credibilidad que hay en general en la población venezolana. Porque la población conoce poco de los parámetros dentro de los cuales se hace, cuáles son las condiciones, y sobre todo, en qué medida estas mediaciones toman en cuenta las necesidades reales de la gente que pasan por lo más elemental de la supervivencia. Creo que esto es un elemento clave para que no quede solo en el aspecto netamente político, sino, dónde queda la gente y sus expectativas de la vida cotidiana», resume Baltazar Porras.

Si invitaran a la Iglesia a formar parte de estas conversaciones… ¿cuál debía ser el papel de la jerarquía eclesiástica en este caso?

«Nosotros somos conscientes de que no podríamos ser mediadores como tal, el que ejerce una mediación lo hace porque es su oficio, que exige una preparación en ese campo. Y creo que lo propio de la iglesia es participar como facilitador, es la experiencia que tenemos, no sólo en el ámbito político, sobre todo en el campo familiar, que es donde tenemos una larga tradición en estos casos».

«¿Qué significa facilitar? Bueno, en primer lugar que los distintos puedan sentarse, y que puedan sentarse en un respeto mutuo, en el que hayan unas normas mínimas con la presencia nuestra y se avance. Que no sea como lamentablemente ha ocurrido hasta ahora, hacer reuniones, tomar foto, decir que se está en camino y siempre el tiempo se está partiendo de cero».

«Por eso la exigencia que hemos hecho para participar es que no sea partir de cero. Ya los diagnósticos de la situación son bien conocidos, entonces, ¿qué es lo que cada una de las partes está dispuesta a poner sobre la mesa?, ¿Quién está dispuesto a escuchar al otro, y no simplemente tratar de imponer una manera de ser?».

«Ese es el papel que siempre hemos hecho, y queremos hacerlo con libertad y no como se nos ha invitado en varias oportunidades, que formamos parte como de un combo en el que hay muchas instituciones, cada una tiene su interés, nosotros tenemos una tradición de cómo actuar tanto en lo social como en el campo político».

«Por eso, para poder actuar con libertad y no tener cortapisas que puedan poner algunos de los otros grupos tenemos unos mecanismos propios de llevar adelante y ofrecer lo que siempre hemos tenido y es facilitar en situaciones de conflicto. Son situaciones que parecen que no tienen una solución rápida, pero que debemos insistir en el diálogo como tanto nos dice el papa Francisco».

¿Ve usted seriedad en ambos lados, tanto en el régimen de Nicolás Maduro como en las diferentes oposiciones?

«Esa es una de las dudas más grande que existe y por eso hay que ponerlo como condición previa, porque sentarse simplemente a hablar y echar para adelante y echar para atrás, que es lo que ha pasado en las experiencias pasadas, es lo que genera en la población esa enorme falta de credibilidad».

«La credibilidad se da cuando hay elementos clave y se camina en base a esos puntos que son de coincidencia, no partir de lo que nos diferencia porque allí no hay manera de caminar, sino, cuales son aquellos puntos mínimos en los cuales podemos estar de acuerdo que nos sirvan para poder avanzar», señala Baltazar Porras.

«Eso es lo que sigue estando en juego, y eso es lo que sigue siendo una materia pendiente».

¿Usted visualiza a este grupo que hoy está en el poder, entregando el poder?

«Lo que tenemos que visualizar todos es que vivimos una crisis que, en la medida que se alargue es alargar también una agonía de toda la población. Si no tenemos por delante las necesidades de la gente, si no ponemos a la gente en primer lugar, si no ponemos la vida de los otros como primero, y no las cuotas de uno u otro que podemos tener, es muy difícil avanzar».

«No hay duda que desde el comienzo de este período con Hugo Chávez y con las actuales autoridades, siempre se ha puesto como base de todo es que aquí llegamos y aquí no vendrán otros. Esa es una de las negaciones más evidentes de lo que es la democracia, porque eso no lo fija quien está en el poder sino es la necesidad de recurrir a la gente. Por eso la alternabilidad, las elecciones con condiciones normales, es para que sea la gente la que decida si realmente quiere seguir o no con un régimen, o quiere indudablemente cambiar».

«Por eso la necesidad de unas normas claras y admitidas por todos que permitan que se respete la voluntad que pueda expresar un colectivo, un país».

«Esto, quiérase o no, va. Hay que preguntarse qué vale la pena, ¿abstenerse y salirse del horizonte? ya pasamos por esta experiencia como la del 2005 que fue totalmente negativa. Si uno quiere propiciar un cambio solo puede darse participando, sabiendo que es una rendija que se abre y que no es que la puerta está abierta totalmente».

«Por eso hay que tener algunas exigencias mínimas que garanticen que se respete, y que no sea un punto de llegada sino, que sea uno de los puntos que tienen que llevar a más adelante. Es decir, no se termina el país y que las necesidades no cambiaron con unas elecciones municipales y regionales. La crisis es mucho más profunda y requiere no sólo paños calientes sino, requiere una voluntad de examinar, de evaluar, de tener consciencia de decir ‘yo trabajo y quiero trabajar por la gente y por los pobres’. Otra cosa es ver que las cartas que se han puesto sobre la mesa no conducen a ello. Entonces, es necesario no una cosmética sino una cirugía mucho más profunda».

¿Debemos exigirle más a la comunidad internacional o exigirnos a nosotros como venezolanos a lo interno?

«Se tienen que dar las dos cosas. Sabemos cómo todos estos organismos internacionales que representan a los Estados y que por tanto los Estados tienen sus intereses propios, pero hay que pedirles una mayor celeridad y una mayor acción para que lo que se dice no se quede sólo en un discurso, pero indudablemente tiene que darse también algo interno, y lo interno tiene que ser que esas mismas discusiones se den a lo interno».

«Se habla por ejemplo de la reforma del Poder Judicial, pero, no puede ser que la lleven adelante solo los de un lado, y el otro lado no pueden ser nombrados desde el gobierno. Tienen que tener la suficiente entereza para que ese otro lado postule sus candidatos que son muy capaces por su trayectoria y que pueden llegar a conseguir los elementos claves de modo que esta reforma no sea vista solo bajo el prisma de uno de los grupos, sino de todos».

«Aquí se habla mucho de la unidad, y de la unidad de la oposición. No. Aquí hace falta la unidad de toda la sociedad venezolana. Si no hay unidad de criterios mínimos, por ejemplo, la vida, ¿qué significa la vida de los venezolanos? Lo coloco con un ejemplo más completo: la vacunación…¿es la bandera de un grupo o la de otro? O es la necesidad del pueblo venezolano para que pueda haber otro horizonte de trabajo y, que no vivamos en este ir de una semana radical a una semana flexible, que sencillamente no solo en lo económico trae consecuencias, sino que esto interfiere muchísimo en lo anímico de las personas», advierte Baltazar Porras.

La Iglesia venezolana tiene presencia en cada rincón del país. En cada pueblo, caserío, de Venezuela hay un representante de la Iglesia Católica. Es por ello que conocen de cerca la realidad que se vive en los parajes más recónditos de la nuestra geografía. Por ello le consultamos a Baltazar Porras, ¿Qué siente el venezolano por la clase política venezolana?

«En general pienso que la gente tiene una gran duda, por un lado, y por otro, expectativa. Lo digo por la experiencia que tenemos como Iglesia, que por muchas razones estamos más cercanos a la gente en todo nivel. De hecho, la gente nos dice: “gracias porque ustedes son los únicos que vienen”.

«Generalmente la dirigencia política va cuando tiene algo que entregar, como si fuera una especie de compra-venta de voluntades, porque te doy unos alimentos, unos medicamentos, porque te ofrezco esto o lo otro».

«Yo pienso que lo que quiere la gente es un acercamiento a su realidad, y de su realidad afectiva y como compartir sus necesidades, y no que uno llegue como el tío rico que llegó a compartir lo mucho o lo poco que tenga. Hay una ausencia de ese liderazgo político tanto del gobierno como de la oposición que solo se presentan cuando vienen a pedirle a la gente o que voten o que estén de parte suya. Esto es uno de los grandes déficit que tiene el liderazgo porque el acompañamiento de la sociedad tiene que ser continuo y permanente, porque es lo único que nos permite tener el pulso y el termómetro de la realidad que vive nuestra gente».

¿Cree usted que en esta oportunidad haya humo blanco para que el país vuelva a crecer y se pare el sufrimiento?

«Lo que no debemos dejar pasar son las oportunidades. El pasado tiene que servir indudablemente de experiencia y de referencia, pero, por descalificar lo que sucedió en el pasado, no podemos descalificar lo que está sucediendo y perdemos entonces el tren de la historia. Si no aprovechamos esas oportunidades que se dan, estaremos en contra de las palabras del papa Francisco y que repite siempre: “con cara de velorio o con cara de cementerio ya estamos derrotados”. La esperanza es una virtud activa y una virtud activa que no es, si me sacó la lotería, sino, corrigiendo los errores tomando en cuenta los pasos positivos que se han podido dar. No podemos dejar pasar las oportunidades esperando una que sea la que nos agrade, porque la vida y la cotidianidad es como se presenta y no como la queremos».

Para Baltazar Porras, ¿cuál podría ser la consecuencia de no llegar a un acuerdo?

«Seguirá creciendo la pobreza, serán más los venezolanos que quedan al borde del camino, porque mueren o porque quedan sin capacidades, o porque se van también al exterior. Ese desangramiento permanente de nuestra sociedad indudablemente que no puede ser el horizonte de la dirigencia política de cualquier signo que sea. Me atrevo a decir sería como un pecado capital porque no se toma en cuenta a la gente».

¿Qué referencias le da usted al papa Francisco de lo que ocurre aquí en Venezuela?

«Es bueno tener en cuenta que si alguien está al tanto de todo lo que pasa en el país es el papa Francisco y sus colaboradores más cercanos. Ese acompañamiento que él tiene es animarnos permanentemente, ya que nos puso pues aquí, es para que busquemos caminos de solución, para que participemos qué es lo que estamos haciendo, y de allá nos viene un feedback si por ahí se debe ir o no, o que cosas se pueden llevar adelante desde la esfera vaticana».

«Lo que tenemos es una cultura que se ha creado en el venezolano en general, a todo nivel, y es que todas las cosas hay que tratarlas delante de unas cámaras, y cuando todo se trata delante de unas cámaras cada quien trata de quedar bien ante su público. No es que las cosas haya que hacerlas en secreto, pero, muchas cosas y muchos problemas hay que tratarlos que discreción que permita poner las cartas sobre la mesa. Nadie en público acepta decir cuáles son sus fallas, sino, que siempre señala las fallas del otro. Eso solo se puede lograr sin cámaras, dando para que me aplaudan los míos».

«Por eso a veces se dice que el papa Francisco que si por qué El Vaticano… ¿es que acaso el Vaticano todo lo que hace, lo hace tocando las campanas para que vea que es lo que está haciendo? Por eso es que todos llevamos palo, si uno se acerca, si uno se aleja. Ha sido una experiencia enriquecedora. Uno habla con quien le toca y no con quien quiere, eso me parece que es un principio fundamental», señala Baltazar Porras.

Con información de El Estímulo

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