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Bloomberg: Por qué regresan a su país los migrantes venezolanos

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Durante la última década, la crisis económica y la represión política impulsaron a millones de venezolanos a abandonar el país, generando uno de los mayores movimientos migratorios del continente. Hoy, algunos de ellos están emprendiendo el camino de regreso, reencontrándose con sus familias en Venezuela.

De la diáspora al retorno

Aunque la principal dirigente opositora ha insistido en la promesa de reunificar a las familias bajo un eventual restablecimiento democrático, la realidad sigue siendo compleja. A pesar de que las condiciones económicas han mostrado leves mejoras, Venezuela continúa aislada en el plano político y enfrenta un aumento en las tensiones militares con Estados Unidos.

En este contexto, muchos migrantes deciden volver, tras años de desencanto en sus destinos. En EE.UU., la administración Trump revocó protecciones legales, aceleró deportaciones y endureció la detención de inmigrantes, mientras que países como Chile y Ecuador dejaron de ser tan receptivos como en el pasado.

Historias de regreso

Eduardo Rincón, de 24 años, retornó a Caracas en julio junto a su padre y su hermano después de dos años en Miami. Habían logrado ingresar a EE.UU. con parole humanitario en 2023 y, tras varios trabajos temporales, Rincón consiguió empleo en un hotel de Brickell, donde llegó a ganar hasta 4.000 dólares (USD) al mes. Con esos ingresos apoyaba económicamente a su madre en Venezuela.

La situación cambió cuando el Departamento de Seguridad Nacional les notificó la revocatoria de sus permisos de residencia y les advirtió sobre una posible deportación. “No calificamos para el asilo y decidimos permanecer unidos y regresar”, explicó Rincón.

De vuelta en Caracas, gana unos USD 600 al mes en una empresa de plásticos, apenas suficiente para cubrir la canasta alimentaria de una familia de cinco personas, según cálculos privados. Aun así, se ha impuesto un plazo: “Los venezolanos pareciera que estamos condenados a elegir entre tener que vivir con mejoría económica pero sin familia ni amigos, y vivir empobrecidos pero rodeados de nuestra familia y seres queridos”.

Datos sobre el flujo inverso

El regreso de migrantes aún es incipiente. Gobiernos de Costa Rica, Panamá y Colombia informaron que más de 14.000 migrantes, en su mayoría venezolanos, han desistido de llegar a EE.UU. desde enero, tras el endurecimiento de políticas migratorias. Solo en Colombia, Migración registró cerca de 12.000 retornados entre enero y junio de 2025, casi todos venezolanos.

Un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) reveló que 7 de cada 10 venezolanos que alcanzan Panamá expresan intención de volver. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) también constató este patrón en Centroamérica, destacando que en julio, el 83% de las entradas a Venezuela desde Colombia correspondieron a retornados.

Coyotes, agencias de viaje y deportaciones

Las nuevas restricciones migratorias en EE.UU. han derivado en un fenómeno singular: los mismos traficantes que solían trasladar a migrantes hacia el norte ahora lucran en el viaje de retorno. Un “coyote” —como se conoce a los traficantes— aseguró que cobra USD 2.500 por un trayecto desde El Paso (Texas) hasta Medellín (Colombia), con escalas en México, y otros USD 100 para culminar el cruce terrestre hacia Venezuela.

El auge del retorno también ha potenciado negocios vinculados al transporte. “Muchas agencias pequeñas e informales, de personas, han aparecido en los últimos meses por la demanda que hay”, señaló Rodolfo Ruiz, abogado en derecho aeronáutico en Caracas.

Helshy Campos, dueña de una agencia en Maturín, indicó que su personal se duplicó desde julio de 2024. “Los celulares nos explotaron con solicitudes de información desde que Trump canceló el TPS”, comentó. Añadió que muchos de sus clientes son adultos mayores: “Algunos simplemente no se adaptan y les dicen a sus hijos que prefieren vivir sus últimos años y morir en Venezuela”.

Historias de quienes se arriesgan

El caso de Saúl Añez refleja las tensiones de la vida migrante. Tras ser instado por el Departamento de Seguridad Nacional a autodeportarse, realizó un viaje de 20 días desde Chicago hasta Maracay. “La verdad no estaba viviendo bien con todo el estrés que me generaba la posibilidad de ser detenido, deportado y luego rechazado en la posibilidad de volver a entrar”, afirmó.

Otro ejemplo es el de Beatriz Villasmil, de 37 años, quien emigró a Chile en 2017. En 2023 regresó a Caracas tras la muerte de su padre y por el deseo de cuidar a su madre y a su hermano enfermos. “Sí se puede, en Venezuela se puede”, dijo convencida de que el emprendimiento y la cercanía familiar valen más que las promesas de estabilidad afuera.

No todos, sin embargo, logran consolidarse. Manuel, de 36 años, volvió desde Argentina en julio para estar junto a su familia tras la muerte de su abuela, pero, sin empleo, tuvo que regresar a Buenos Aires apenas dos meses después.

Entre la esperanza y la realidad

El Observatorio de la Diáspora Venezolana, con sede en Madrid, advierte sobre la necesidad de no sobredimensionar estos retornos. “Siempre ha habido gente que retorna desde los temas familiares”, señaló su coordinador, Tomás Páez, quien recordó que la tasa global de retorno migratorio ronda el 30%, y que en Venezuela los números siguen siendo bajos.

Aun así, algunos migrantes optan por valorar lo intangible. Juan, un abogado que regresó desde Perú en 2023 tras años de precariedad laboral, lo resume así: “La situación es horrible, horrible, la situación económica de Venezuela es de la peor y el gobierno es de lo peor que nos ha podido pasar en los últimos 26 años. Pero esta ha sido la mejor decisión del mundo, la de haberme venido. No me arrepiento para nada”.

Para otros, como Anthony Maurizio, de 28 años, que no ha visto a su madre ni a su hermano en Caracas desde 2017, el retorno sigue siendo un deseo aplazado. “Este año me pegó mucho cuánto los extraño”, confesó, aunque su plan inmediato es visitar brevemente a su familia antes de continuar su ruta migratoria hacia Europa.

En todos los casos, la constante parece ser la misma: “Es mejor pasarlo mal económicamente en casa que en el extranjero, sin tu gente”.

Con información de Sumarium