24 de julio del 2021

¿Cuál fue el primer rascacielos de Nueva York?

El primer rascacielos que se construyó en Nueva York tiene la forma de la proa de un barco, y se llama Flatiron Building (1903, 87 metros). Fue el edificio más alto del mundo hasta 1909 

Su fachada de estilo beaux arts, de piedra caliza y terracota, construida sobre una estructura de acero, es una de las más fotografiadas de la ciudad.

Rafa Mingorance, autor del canal de YouTube Diario Vivo Nueva York, explica en este vídeo las rarezas del primer rascacielos que se elevó en Nueva York, el Flatiron Building

Texto de Rafa Mingorance:

En los últimos años, las pilas de libros se acumulaban por todas partes en las 21 plantas del Flatiron Building.

En 1959 la editorial Macmillan Publishers se instaló en el edificio y poco a poco fue ocupando las plantas que otros negocios dejaron libres. Allí trabajaron pianistas y editores de partituras de piano, dentistas, fabricantes de sombreros para los masones…

El caso es que Macmillan Publishers logró ocupar todo el edificio en 2004 y así fue hasta 2019, año en que los empleados de la editorial se marcharon a unas oficinas más modernas y baratas en el centro financiero de Nueva York. Para muchos, este acontecimiento marca el final de una era que siempre recordarán con nostalgia.

En una fiesta de despedida acudieron antiguos empleados de la editorial que vivían repartidos por todo el país. Se reunieron para darle el último adiós a un edificio emblemático que marcó sus vidas.

El New York Tribune calificó al Flatiron como la “pieza sin vida más problemática de Nueva York”

Al tratarse de un edificio pensado para trabajar, los turistas no pueden visitar el Flatiron. Sin duda, se trata de una joya arquitectónica que recibió gran cantidad de críticas nada más inaugurarse delante del Madison Square Park. En 1902, el New York Tribune calificó al Flatiron de “miserable trozo de pastel”. El mismo diario añadió que se trataba de la “pieza sin vida más problemática de Nueva York”.

El edificio mide 86,9 metros de alto y representa una columna griega. A medida que los pisos se elevan, se divide entre base, fusta y capitel. La parte inferior es de piedra caliza y la superior se hizo con terracota esmaltada.

La idea de añadir acero en su estructura hizo posible que tuviera una altura de 87 metros. La construcción fue rápida, los albañiles edificaron un piso por semana. Cuentan las crónicas que cuando retiraron los andamios, más de 700 personas se quedaron con la boca abierta al contemplar la belleza del edificio.

Pero el Flatiron también tenía detractores. No aceptaban aquella forma tan extraña que tenía el edificio y esperaban que las ráfagas de viento lo derrumbara.

El Flatiron tenía un restaurante en el sótano y fue uno de los primeros que permitió que tocara una banda negra de jazz.

Durante varios años, el edificio se convirtió en lugar de encuentro de gais y prostitutas hasta que en 1911 se inauguró un restaurante muy de moda en la época que se llamaba Taverne Louis.

En 1989, el Flatiron fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Detrás de la fachada, se escondía un edificio con problemas. Los ascensores que se accionaban con un mecanismo hidráulico eran lentos y sufrían muchísimas averías. Además, cuentan antiguos empleados que el ascensor se balanceaba cuando llegaba a la planta deseada.

No se instalaron ascensores modernos hasta 1999. Las ventanas tenían marcos de madera revestidos con cobre, que eran incapaces de parar las corrientes de aire. Este tipo de situaciones provocaba que los manuscritos de muchos libros volaran por las oficinas.

Con la actual reforma del edificio, desaparecerá este problema. En el Flatiron también se instalará aire acondicionado y calefacción centralizada. El ático tendrá unos ventanales enormes y terraza privada. Ahora mismo, los albañiles están restaurando la mampostería de toda la fachada y ese es un trabajo muy delicado.

Al parecer, la empresa propietaria quiere que tan solo un cliente ocupe las 21 plantas del Flatiron. Apuestan porque se asocie a una sola marca. Y no verían con malos ojos que fuera una empresa europea con ganas de instalar su sede en Nueva York la que se instalara en el Flatiron buscando esa ‘calidad vintage’ que resulta tan atractiva.

Por lo menos, hasta finales de este año o principios del próximo no sabremos quién ocupará este edificio tan hermoso que forma parte de la memoria colectiva de la Gran Manzana.

Quo.es

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