Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como «químicos permanentes», han captado la atención de las autoridades y del público en los últimos años. Ampliamente usados en utensilios y envases de alimentos, estos compuestos persisten en el ambiente, se acumulan en el cuerpo y pueden ser dañinos incluso en concentraciones mínimas.
Un reciente estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Arizona (EE.UU.) reveló que los riesgos de salud en los recién nacidos pueden aumentar considerablemente en caso de que sus madres hayan bebido agua contaminada con PFAS durante el embarazo.
Se analizaron todos los nacimientos registrados en el estado de New Hampshire entre 2010 y 2019, el cual se centraron en 11 mil 539 casos ocurridos a menos de cinco kilómetros de un sitio contaminado con PFAS, donde las madres bebían agua de sistemas públicos. Esta contaminación provenía tanto de industrias como de vertederos y de actividades de extinción de incendios.
Los resultados mostraron que las mujeres expuestas a estos químicos tenían 43 % más de probabilidades de que sus hijos nacieran con bajo peso (menos de 2.500 gramos), con un riesgo 20 % mayor de parto prematuro y 191 % más de mortalidad durante el primer año de vida.
Según los autores del estudio, esto podría traducirse, por cada 100 mil nacimientos, en unos dos mil 639 bebés con bajo peso, mil 475 nacidos prematuramente y 611 fallecidos en el primer año. Además, las probabilidades de que los bebés nacieran con peso extremadamente bajo o muy prematuramente (antes de las 28 semanas) aumentaron en 180 % y 168 %, respectivamente. Esto equivaldría a 607 casos de bajo peso extremo y 466 nacimientos extremadamente prematuros por cada 100 mil nacimientos.
Con información de RT






