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Domesticar fauna silvestre: un riesgo para el animal y el cuidador

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Foto: Archivo

Corre peligro tanto la persona cuando intenta adiestrarlo, como el animal salvaje que fue sacado de su hábitat natural para permanecer en cautiverio. Aunque en Venezuela está vigente la Ley de Protección a la Fauna Silvestre desde 1970 que pena con multas y prisión la caza, el tráfico y la intervención de ecosistemas de especies autóctonas o endémicas del país en peligro de extinción o vulnerables, José de la Vega, jefe regional de la Unidad de Diversidad Biológica del Ministerio de Ecosocialismo (Minec), en Lara, dijo que estas prácticas no se han frenado.

Este año, las especies más rescatadas en el estado son los monos capuchinos, las cotorras cabeciamarilla y los cunaguaros. Las denuncias son hechas por gente de comunidades que acuden al Minec para reportar la presencia de estos animales en alguna vivienda.

«Está comprobado que cuando una persona mantiene un animal de estos en cautividad es porque al momento de cazarlo mató a sus padres. Las personas los comercializan ilegalmente o buscan sacarles crías para traficarlos, porque estas especies son muy bien pagadas en el exterior. Hay personas que también lo hacen porque viajan por la carretera y ven que los están vendiendo y los adquieren, ignorando cualquier procedimiento legal», explica.

Domesticar estos animales pone en riesgo su naturaleza
Las personas que intentan domesticar a un animal corren el riesgo de ser mordidos, como en el caso de los monos capuchinos que pueden transmitir enfermedades como la rabia, sus mordeduras son altamente infecciosas. Personal del Minec cuando ha participado en procedimientos de rescate junto con funcionarios de la Fiscalía Ambiental, han detectado que las personas le quitan los dientes a estos animales para evitar ser atacados, los mantienen encadenados y en espacios reducidos. Estos monos son sustraídos de parques nacionales o de zonas boscosas en donde habitan.

«La consecuencia para el animal es prácticamente condenarlo al encierro para siempre, porque ellos pierden el instinto de depredadores; por lo tanto, no pueden ser regresados a su ecosistema porque no sabrán defenderse ni buscar su comida. El mono necesita su espacio, es un animal muy territorial, el aislamiento de su grupo familiar y la falta de estímulos propios de su hábitat les causa un estrés crónico, lo que deriva en ansiedad, depresión y comportamientos destructivos para estos individuos cazados», dijo Gustavo Flores, educador ambiental, experto en reptiles.

Sostiene que a nivel nacional, las especies más cazadas para domesticar son: guacamayas, loros, algunos felinos como cunaguaros, de los reptiles las serpientes, las usan como mascotas, y entre los monos las especies más buscadas son los capuchinos y los araguatos. «En otros países, estos son animales muy codiciados», apuntó Flores, quien también es comunicador social.

«Lo normal es que la gente los tenga porque los compró en una carretera, se los regalaron, otros lo hacen para venderlos. Pero lo normal es que las personas los compren porque pasaron por una carretera del país y vieron una venta de un mono. Y bueno, les gustó y después se vuelve un problema muy grande. La mayoría de los monos que están en los zoológicos son animales que estuvieron en algún momento en cautiverio o en alguna casa», exclamó.

Con información de La Prensa de Lara