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El aumento del dióxido de carbono en el aire transforma la sangre humana

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Foto: Archivo

La presencia de dióxido de carbono en la atmósfera experimenta un incremento sostenido año tras año.

Según datos de la NASA, “la cantidad de CO₂ aumentó de 365 partes por millón (ppm) en 2002 a más de 420 ppm en 2022″. Desde la agencia explican que “‘partes por millón’ se refiere a la cantidad de moléculas de dióxido de carbono por millón de moléculas de aire seco″.

Esto se refleja en cambios medibles dentro del organismo humano. Un estudio reciente vinculó estos incrementos con alteraciones en la composición química de la sangre, lo que podría generar riesgos para la salud a escala poblacional si la tendencia continúa.

El análisis, publicado en la revista científica Air Quality, Atmosphere & Health, fue realizado por equipos de The Kids Research Institute Australia, Curtin University y la Australian National University. El trabajo se basa en el seguimiento de marcadores sanguíneos durante más de dos décadas en habitantes de Estados Unidos. Se trata de sustancias o parámetros medidos en la sangre que permiten evaluar procesos fisiológicos, metabólicos o de salud que reflejan el equilibrio químico y funcional del organismo.

Tendencias en los marcadores de sangre humana ante el ascenso del CO₂

El trabajo científico detalla que los niveles promedio de bicarbonato sérico, un compuesto directamente relacionado con el transporte y la regulación del dióxido de carbono en el cuerpo, muestran un incremento del 7% entre 1999 y 2020. Según el artículo, el análisis de la base de datos NHANES (National Health and Nutrition Examination Survey), un programa nacional que recopila información sobre salud y nutrición de la población estadounidense, permitió observar este cambio en paralelo con el aumento del CO₂ atmosférico.

Alexander Larcombe, autor principal del estudio, explicó en un comunicado oficial: “Lo que estamos viendo es un cambio gradual en la química de la sangre que refleja el aumento del dióxido de carbono atmosférico que impulsa el cambio climático. Si las tendencias actuales continúan, los modelos indican que los niveles promedio de bicarbonato podrían acercarse al límite superior del rango saludable aceptado hoy dentro de 50 años”.

Según información de la Universidad de Rochester, el bicarbonato es un compuesto presente en la sangre que ayuda a mantener el nivel adecuado de acidez en el cuerpo. Se forma como resultado del metabolismo y el cuerpo lo transporta a los pulmones para ser eliminado como dióxido de carbono. Los riñones también cumplen un papel clave en su regulación, ya que lo excretan o reabsorben según las necesidades del cuerpo. En conjunto con otros electrolitos como el sodio, el potasio y el cloruro, contribuye a controlar el pH sanguíneo, aspecto esencial para el funcionamiento celular y metabólico.

El análisis también revela que el calcio y el fósforo en sangre presentan una reducción sostenida, de aproximadamente 2% y 7% respectivamente, durante el mismo lapso. Estos minerales desempeñan funciones esenciales en el organismo. Desde The Nutrition Source de Harvard explican que el calcio es fundamental para mantener huesos y dientes sanos, participa en la coagulación sanguínea, la contracción muscular y la regulación del ritmo cardíaco y la función nerviosa.

Por su parte, expertos de Cleveland Clinic indican que el fósforo, junto al calcio, contribuye a la fortaleza ósea y dental. Además, interviene en la producción de energía y la reparación celular. La mayor parte se localiza en huesos y dientes, pero este mineral también resulta clave para el funcionamiento muscular y nervioso, así como para mantener el equilibrio ácido-base y la salud cardiovascular.

El estudio señala: “La relación cuantitativa entre el bicarbonato en plasma y los niveles de CO₂ en sangre indica que, cuando aumenta el CO₂, también lo hace el bicarbonato y viceversa”. Este fenómeno se documentó en diversas situaciones clínicas, aunque la persistencia del cambio a escala poblacional representa una novedad.

De acuerdo con los autores, si la tendencia lineal se mantiene, el valor máximo aceptado como saludable para el bicarbonato en sangre (que corresponde a 30 unidades por litro) podría superarse hacia 2076, mientras que los niveles mínimos considerados saludables para el calcio y el fósforo podrían alcanzarse en los años 2099 y 2085, respectivamente. Los investigadores advierten que, aunque estos cálculos son estimativos, la magnitud de las modificaciones observadas plantea interrogantes sobre los mecanismos fisiológicos de adaptación a una atmósfera cambiante.

El artículo científico recuerda que la evolución humana ocurrió bajo niveles relativamente estables de CO₂ atmosférico, siempre inferiores a 300 ppm, y que el ritmo actual de incremento, superior a 2 ppm por año, representa una situación inédita.

Diseño y alcance del estudio: un seguimiento de largo plazo

La investigación se apoya en los datos recogidos por NHANES, un programa que evalúa la salud y la nutrición de la población estadounidense a través de entrevistas, exámenes físicos y análisis de laboratorio. Cada dos años entre 1999 y 2020 se obtuvieron muestras de aproximadamente 7.000 personas, abarcando todas las edades.

El equipo científico extrajo y promedió los valores de bicarbonato, calcio y fósforo para cada ciclo de muestreo, comparando los resultados con los registros atmosféricos del observatorio de Mauna Loa en Hawái. La muestra total incluye individuos desde el nacimiento hasta adultos mayores.

El diseño del estudio no permite establecer una relación causal directa, pero documenta un paralelismo sostenido entre el ascenso del CO₂ atmosférico y las modificaciones en la química sanguínea humana en un periodo de más de veinte años.

Phil Bierwirth, geocientífico ambiental y coautor de la investigación, indicó: “En realidad creo que lo que estamos viendo se debe a que nuestros cuerpos no se están adaptando. Parece que estamos adaptados a un rango de CO2 en el aire que quizás ya haya sido superado. El rango normal mantiene un delicado equilibrio entre la cantidad de CO2 en el aire, nuestro pH sanguíneo, nuestra frecuencia respiratoria y los niveles de bicarbonato en la sangre. Dado que el CO₂ en el aire es ahora más alto que nunca, parece estar acumulándose en nuestros cuerpos. Quizás nunca podamos adaptarnos de tal manera que sea de vital importancia limitar los niveles atmosféricos de CO₂”.

Repercusiones en el organismo y posibles escenarios futuros

El trabajo enfatiza el papel del bicarbonato como mediador en el transporte y la excreción de CO₂ en el cuerpo, además de su función como amortiguador para mantener la acidez sanguínea dentro de valores compatibles con la vida. El texto aclara: “El hecho de que su nivel en sangre esté aumentando en paralelo con el CO₂ atmosférico es preocupante”.

Entre las formas que tiene el cuerpo para compensar el exceso de dióxido de carbono, puede respirar más rápido, eliminar más ácidos a través de los riñones y retener más bicarbonato en la sangre. Cuando estas formas de compensación no alcanzan, el cuerpo puede acumular demasiada acidez en la sangre y empezar a liberar minerales desde los huesos, como el calcio y el fósforo, para intentar equilibrar el pH.

Los autores revisan estudios previos sobre exposiciones a CO₂ en animales y humanos, y mencionan que niveles elevados se vincularon con afecciones respiratorias, neurológicas, renales y alteraciones en el metabolismo óseo.

El estudio advierte que una exposición sostenida a mayores concentraciones de CO₂ atmosférico podría llevar a una adaptación fisiológica incompleta, con riesgos para la salud pública. Entre las posibles consecuencias, se mencionan problemas en el funcionamiento de los riñones, dificultades para mantener los huesos fuertes, alteraciones en el equilibrio de las proteínas del cuerpo y cambios en el funcionamiento del cerebro.

El equipo de investigadores resalta la necesidad de que los biomarcadores sanguíneos sean considerados en las políticas de salud y clima. El texto sostiene: “Estos hallazgos subrayan la urgencia de reducir de manera significativa las emisiones antropogénicas de CO₂ para salvaguardar la salud pública”.

“No estamos diciendo que la gente va a enfermarse repentinamente cuando cruzamos cierto umbral. Pero esto sugiere que pueden estar produciéndose cambios fisiológicos graduales a nivel poblacional, y eso es algo que deberíamos estar monitoreando como parte de la futura política de cambio climático”, concluyó Larcombe.

Con información de Infobae