04 de agosto del 2021

El misterio de las auroras boreales de Júpiter resuelto

Tras 40 años de estudio, los astrónomos ya tienen una explicación para las auroras boreales de Júpiter, un proceso que podría ocurrir en muchas partes del Universo

Hace años que tenemos fotos en alta calidad de Júpiter, el planeta más grande en nuestro sistema solar. Estas imágenes revelaban enormes auroras en los polos del planeta, con un tamaño superior al de toda la Tierra, pero hasta ahora los científicos desconocían los mecanismos de su formación.

El vídeo de la NASA donde recogen las auroras del gigante gaseoso es uno de los más fascinantes de la historia de la exploración espacial

Entre las auroras de Júpiter y la Tierra hay ciertas similitudes, pero son sustancialmente diferentes. En nuestro planeta se producen por la interacción de protones con la atmósfera, un tipo de ion con carga positiva y que proviene del hidrogeno. Las auroras de Júpiter tienen muchísimas más energías. Al contrario que las de nuestro planeta, las auroras del gigante gaseoso producen rayos X.

El análisis de rayos X es muy importante para el estudio de planetas cercanos, el caso de Júpiter no es una excepción. El “color” en rayos X de las auroras de Júpiter revela que se producen por el choque de iones, moléculas o átomos cargados, contra la atmósfera del planeta. El contacto de estos iones con la atmósfera libera energía, que a su vez produce luz dándonos las espectaculares auroras en los polos de Júpiter. Pero hasta ahora no se sabía el mecanismo que permitía a estos iones llegar hasta la atmósfera.

Mediante observaciones con telescopios espaciales y simulaciones por ordenador, un estudio de la Academia China de las Ciencias ha conseguido resolver el misterio.

El origen de las auroras de rayos X en Júpiter

Al contrario que las auroras de nuestro planeta, las de Júpiter parpadean. Esto dio una pista a los investigadores de que las auroras del planeta gaseoso podían ser producto de la interacción de iones con el campo magnético cerrado de Júpiter, el cual también parpadea regularmente.

Mientras Júpiter rota sobre sí mismo arrastra a su campo magnético. El campo magnético atrapa iones por el espacio, normalmente generados por los vientos solares, y estos “surfean” por el campo magnético, comprimiéndose y calentándose hasta llegar a la atmósfera, donde liberan su energía en forma de calor y luz, formando las auroras. Un fenómeno que han denominado como Ciclotrón Iónico Electromagnético (EMIC).

“Este es un proceso fundamental que es aplicable a Saturno, Urano, Neptuno y probablemente también a planetas fuera del Sistema Solar”, razona el Doctor Zhonghua Yao, líder del estudio.

William Du, coautor del estudio va incluso más allá: “Podría ser que las EMIC jueguen un importante papel en la trasferencia de energía de un lugar a otro dentro del cosmos”.

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