Filipinas tiene una de las leyes antiabortistas más restrictivas del mundo, en uno de los países más católicos de Asia. “Escuchas tantas historias de mujeres que mueren por complicaciones en abortos ilegales que cuando te toca a ti, el miedo se apodera de todo”, dice a EFE Gloria (pseudónimo), quien recurrió a un proceso clandestino para poner fin a su embarazo.
El aborto está prohibido bajo cualquier circunstancia, también en casos de violación, incesto, malformación del feto o riesgo para la vida de la madre, por lo que la ausencia de excepciones legales empuja a miles de mujeres, en muchos casos niñas y adolescentes, a una maternidad no deseada, según la portavoz de la organización la Red Filipina de Defensa del Aborto Seguro (Pinsan), Claire Padilla.
El Código Penal filipino castiga el aborto con penas que pueden llegar a los 20 años de cárcel, tanto para las mujeres que lo lleven a cabo como para los profesionales de la salud que causen o ayuden en el proceso, enfrentándose también a una inhabilitación vitalicia.
En este contexto, al menos tres mujeres mueren cada día por complicaciones derivadas de abortos inseguros y unas 11 son hospitalizadas cada hora, “por una anticuada ley de 1930, ineficaz, injusta y discriminatoria que nunca ha reducido el número de abortos”, según Pinsan.
La clandestinidad
Cuando Gloria decidió abortar, temió por su vida. “Tenía mucho miedo porque escuchas historias de mujeres rechazadas en hospitales porque los médicos se niegan a atenderlas, de medicamentos falsificados vendidos por internet o de redadas policiales”, dice a EFE.
Supo que estaba embarazada cuando aún no había terminado sus estudios universitarios, y recurrió a internet para buscar cómo interrumpir la gestación, viéndose incapaz de ocuparse de un bebé en ese momento.
“Con una cuenta anónima encontré un foro en Reddit que me conectó con un grupo de médicos. Intercambiamos unos cuantos emails y, pocos días después, vino un hombre a mi apartamento en Metro Manila para darme unas pastillas”, indica.
Lo primero que le advirtieron fue que, si surgían complicaciones, no debía decir en el hospital quién le había dado la medicación.
En Filipinas muchas mujeres como Gloria evitan la atención sanitaria por temor a ser denunciadas, en ocasiones poniendo en riesgo su vida. Según la Oficina de Administración Penitenciaria filipina, entre 2015 y 2022 se registraron al menos 22 casos de imputaciones por abortos.
El dolor empezó pronto para Gloria. Las primeras pastillas no funcionaron y lo intentó de nuevo antes de cumplir las 12 semanas de embarazo, cuando, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aborto farmacológico puede realizarse incluso fuera de un centro sanitario, siempre que se disponga de información adecuada, medicamentos de calidad y acceso a apoyo médico si fuera necesario.
Pero esa seguridad dista mucho de la realidad que enfrentan la mayoría de mujeres en Filipinas. Esa segunda vez a Gloria le dijeron que no podía moverse de la cama durante dos días. “No dejé de sangrar durante días. No me dieron ningún calmante, era como un dolor de regla, pero cien veces peor”.
Lo hizo sola en su habitación, sin compartirlo con su entorno. “Me daba tanta vergüenza que no avisé a nadie, ni a mi familia, ni a mi pareja ni a mis amigos. Fue extremadamente doloroso y estuve muy sola”, relató.
Gloria logró salir adelante. Muchas otras no. “Hay mujeres que mueren desangradas en sus casas porque saben que incluso quienes sufren abortos espontáneos han acabado procesadas porque los médicos sospechan que pudieron ser provocados”, señaló Padilla.
Falta de educación sexual
Cerca de la mitad de las mujeres que se inducen abortos en el país tienen menos de 25 años, según Pinsan. La ONU advierte que para muchas de ellas, todavía adolescentes, verse obligadas a continuar un embarazo incrementa notablemente el abandono escolar y reduce sus oportunidades laborales y económicas.
“Todo esto, sumado a la deficiente educación sexual de Filipinas y la enorme influencia de la creencias religiosas, empuja a muchas mujeres a situaciones de gran vulnerabilidad”, señaló Padilla, para quien “así se perpetúa el círculo de pobreza”.
Filipinas cuenta con una de las legislaciones más restrictivas del mundo en materia de derechos reproductivos. Junto con Laos, es el único país del Sudeste Asiático donde el aborto está prohibido bajo cualquier circunstancia y forma parte de la veintena de Estados que lo penalizan totalmente en el mundo.
Además, el archipiélago comparte con Timor Oriental la singularidad de ser el único país asiático con mayoría católica, que explica la profunda influencia que la Iglesia ejerce en la sociedad y las instituciones filipinas, siendo el único Estado del mundo donde el divorcio sigue siendo ilegal, junto al Vaticano.
Con información de EFE






