Cada noviembre se celebra el mes violeta, que significa el mes para eliminar la violencia contra la mujer, día que es celebrado exactamente el 25 de noviembre, sin embargo, se puede registrar que cada 40 horas una mujer es violentada físicamente, aunque esta no es la única forma que existe.
¿Creerías si alguien te dijera que un piropo puede llegar a ser violencia? Sí, eso pasa mucho, psicológicamente afecta a la mujer cuando se va caminando por las calles, a veces sin si quiera usar ropa “provocativa” y muchos hombres caen en abuso con sus palabras, haciendo sentir a la dama incómoda y ahí incurre en la violencia.
El equipo reporteril del @elaraguenodigital realizó un trabajo de investigación para determinar cuándo un piropo pasa la línea imaginaria y se convierte en acoso, por ello la Lic. Mónica Montenegro, Directora de Salud Mental del Instituto Regional de la Mujer del estado Aragua nos explicó que “hay muchas maneras de halagar y agasajar a la mujer, sin embargo, cuando se llega al punto de faltar el respeto, ahí se puede considerar como un tipo de violencia”.
Asimismo, la Lic. Montenegro señaló que “muchas veces, vamos por la calle y pensamos que es ‘normal’ lo que nos están diciendo porque lo dijo en un tono ‘coqueto’, pero también puede ser un inicio de violencia”. Complementando esta información destacó que todo tiene un origen y el hogar juega un papel fundamental en esto, los valores que se enseñan y poder instruir a las pequeñas cómo deben ser tratadas y hasta qué punto puede ser atendida por un caballero.
Aunque la psicóloga menciona que “no todos los hogares cuentan con un núcleo familiar completo”, también señala que desde pequeñas se debe trabajar en el autoestima de las femeninas para que puedan identificar este tipo de violencia sin necesidad de normalizar estas actitudes.
Y respondiendo a la pregunta del inicio, ya aclarando esos puntos, sí, un piropo puede llegar a ser violencia de género cuando en vez de alagar a la fémina, la misma se siente acosada e intimidada, incluso cuando va caminando por las calles que siempre transita y las mismas personas la agreden con palabras subidas de tono, aunque se piense que es “normal” hablarle de esa manera.






