El único crimen que cometió Fedra, esposa del rey Teseo, fue amar demasiado a quien no debía. Su deseo por su hijastro, el joven y apuesto Hipólito, la hizo sucumbir a una espiral de culpa y vergüenza. En medio de los enredos, los secretos y las mentiras, Fedra se pierde en el laberinto de su mente, sin un hilo dorado que la guíe de vuelta a la salida.
Bajo la dirección de Marisol Martínez, con dramaturgia de Nathalia Martínez, en la Sala Rajatabla se presenta una nueva versión del drama escrito por el francés Jean Racine en 1677 del mito griego. En esta historia su trono cambia por una silla de ruedas y su pasión se convierte en el objeto de un estudio clínico que evalúa hasta dónde puede arrastrar el deseo a una mujer entre boleros y ritmos caribeños.
A diferencia del drama clásico de Racine, Fedra, ensayo clínico de una pasión muestra a una mujer contemporánea. La protagonista es una actriz que debe interpretar el papel de Fedra en los ensayos de una compañía de teatro. La historia se divide en cuatro zonas anunciadas al inicio: el pasado, el presente, el objeto de deseo y el ensayo clínico. Cada una de ellas se entrelazan entre sí y suceden sin un orden cronológico que, poco a poco, arma una historia cercana con la que el espectador podrá conectar sin dejar de lado el componente clásico y universal del mito griego.
Durante los ensayos, la actriz que le da vida a Fedra comienza a tener sentimientos por el actor que interpreta a Hipólito. Su pasión la lleva a acosarlo con mensajes, llamadas y hasta fotos que le toma a escondidas del director, Teseo. Al igual que en el drama de Racine, cuyos textos en versos se incluyeron de forma literal en la dramaturgia, Fedra se deja arrastrar por la pasión y no distingue entre realidad y ficción.
Una noche, al terminar un ensayo, Hipólito discute con Fedra sobre su relación. Molesto, toma su casco para irse en su motocicleta. Entre la lluvia que se desata, la tormenta y la rabia, el joven actor fallece en un accidente de tránsito. La culpa lleva a Fedra a sentir una profunda vergüenza que la empuja al suicidio. Aunque sobrevive, queda recluida en un centro clínico donde el médico estudia su caso.
En el marco del quinto Festival de Artes Escénicas Franco-Venezolano, la obra estará en cartelera hasta el 26 de octubre en la Sala Rajatabla, viernes 17 y sábado 18 a las 7:00 pm y el domingo 19 a las 6:00 pm. En su último fin de semana, Fedra, ensayo clínico de una pasión se presentará el viernes 24 y sábado 25 a las 6:00 pm y domingo 26 a las 5:00 pm. El elenco está conformado por Verónica Arellano, Ignacio Marchena, Sandra Moncada, Erick Palacios y Verónica León.
Fedra, un hilo dorado entre hermanas
Para Marisol Martínez, el proyecto Fedra nació como un abrazo entre hermanas para acortar la distancia del exilio que la separa de Nathalia Martínez y así poder trabajar juntas. El montaje lo define como ese hilo dorado de Ariadna que las une y evita que se pierdan mientras comparten ese ADN familiar que es el teatro. Marisol, dedicada a la dirección, le propuso a Nathalia, dedicada a la dramaturgia, que la acompañara en esta visita al clásico de Racine en un trabajo impulsado, además, por la embajada de Francia.
“Le propuse Fedra y ella me dijo que sí, pero que tenía que ser la versión de Racine porque hay muchas versiones de este personaje. Mi hermana se animó mucho con la idea y empezó a trabajar en el texto”, comenta la directora.
No fue un trabajo fácil. El texto de Racine era muy largo, denso y, además, está escrito en verso. Poco a poco, Nathalia comenzó a desgranar la historia y fue entonces cuando propuso hacer una analogía entre el mito de Fedra y el proceso que sufren los actores de teatro al enfrentarse a una obra.
Como dramaturga, quería hablar de ese desdoblamiento que viven los intérpretes, un proceso que los invade, los confunden y los moviliza de sus realidades cuando les toca interpretar algún personaje. “La idea me encantó, ella empezó a desarrollarla y por eso este Ensayo clínico de una pasión surge en el teatro propiamente. Los actores están ensayando, son parte de una compañía donde se está montando Fedra. En el elenco empieza a suceder entre los actores lo mismo que les pasa a los personajes de la obra”, explica Marisol Martínez.
Una vez definida esta estructura dramática, Marisol Martínez comenzó a plantearse cómo abordar desde la dirección la propuesta: quería, sobre todo, acercar el mito al espectador contemporáneo.
“Quise traerla a nosotros, oírla y acercarla a través de los ritmos latinos, caribes, a través de la salsa y del bolero, el género del despecho. Por eso, la ambiento y la cruzo. Es una manera de leer para nosotros y de encontrarnos, no solamente en los clásicos sino también en historias que son universales. Pero hay que pensar cómo aterrizarlas y cómo traerlas para que el espectador de esta época se sienta parte de la historia, no se sienta alejado sino que se reconozca en ella”.
Para el equipo creativo detrás de Fedra, ensayo clínico de una pasión fue un reto. Especialmente para su directora, a pesar de llevar varios años en el oficio y haciendo el ejercicio de acercar los clásicos o interpretarlos para que sean digeribles al espectador. El acercamiento lo planteó como una reinterpretación en la puesta de escena. En este caso, fue difícil dirigir tantos tiempos en un solo montaje. Que la dramaturgia estuviera servida y bien pensada fue un avance.
“Tuvimos que hacer la tarea pero ya la tarea estaba avanzada. El texto es una guiatura sobre cuándo la obra está siendo la obra que están ensayando y cuándo es un ensayo. Esta puesta en escena pretende ser un proceso en construcción”, explica.
Mujeres, pasiones y laberintos
En Fedra, ensayo clínico de una pasión la actriz se pierde en el laberinto de su mente, sus pensamientos, los diálogos que decía en los ensayos y la realidad: todo está mezclado. Las hermanas Martínez querían, de esta forma, reinterpretar ese espacio mental donde Fedra está perdida. “Ella está en ese momento internada y diagnosticada por este delirio, por la desazón que tiene por todo lo que sucedió en el teatro, que es una analogía de la historia clásica. Hipólito, en el clásico, se mata en su carro cuando su padre lo destierra, se va y choca. En la obra, ese actor que interpreta a Hipólito después de que lo señalan y lo acusan, agarra su moto y tiene un accidente. La obra va pisando y va marcando ese recorrido entre lo clásico y lo contemporáneo”.
La interpretación, insiste, está puesta al servicio de un espectador contemporáneo. La trama trae la historia clásica al presente para hablarle al público en su idioma. El propósito es dar a conocer los personajes arquetípicos de la mitología griega pero en un lenguaje cercano. Explica: “La humanidad ha cambiado muchísimo pero algo que no va a cambiar son las pasiones humanas. Siempre son las mismas, pase lo que pase, la tecnología que tengamos, todos podemos ser víctimas de pasiones desenfrenadas y desbordadas que podamos atajar. Los griegos se dieron a la tarea de reconocerlas y de alguna manera hicieron este estudio psicológico o arquetípico de lo humano. Lo seguimos pisando 21 siglos después, seguimos siendo los mismos”.
Como creadora, Marisol Martínez se define como una activista y defensora del feminismo. En Fedra, ensayo clínico de una pasión, eso no quedó por fuera: su equipo estuvo conformado 70% por mujeres. Confiesa que se siente fascinada y muy obligada a abrir espacios para que otras mujeres puedan crear. “Si yo tengo el espacio porque ya tengo una carrera más larga, quiero abrirles nuevos a otras para que tengan una plataforma, una voz y puedan entrar al mundo profesional del arte. Sé que juntas somos potentes”.
Por eso, su versión de Fedra también tiene un mensaje de empoderamiento de la mujer. Teseo, el rey de Minos, el héroe que mató al Minotauro, cometió muchos crímenes en su reinado. Mató, raptó, robó y hasta violó pero nunca recibió una condena. Del otro lado de la balanza, está Fedra, cuyo único crimen fue enamorarse de un joven que ni siquiera era su hijo de sangre.
“Teseo hizo lo peor, y aun así le hicieron una estatua. Cuando se habla de Teseo se habla del rey de Creta, del héroe que liberó a Creta de un monstruo. ¿Y si el verdadero monstruo es él? Esta obra fue como darle vuelta y ver las dos caras de la historia. Parece que las mujeres siempre somos las voces silenciadas, calladas y han pasado muchos siglos de peso para hacernos escuchar”, reflexiona.
Por eso, cada vez que conversó sobre la dramaturgia, insistió en destacar el papel de Fedra como una mujer que, como muchos en la actualidad, se dejó arrastrar por la pasión. “Es una historia que se puede ver hoy. Si te sientas a ver las noticias, ¿cuántas historias y crímenes pasionales hay? ¿Cuántas cosas ocurren simplemente por una pasión? ¿Cuántos crímenes pasionales existen hoy en día? Fedra habla de eso también”.
Con información de El Nacional






