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Heidi Klum tiene más de 20 años haciendo de Halloween un icónico performance

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Foto: Archivo

Para Heidi Klum, Halloween no es una fiesta. Es casi una materia obligada. Una disciplina.

Desde el año 2000, la supermodelo viene organizando la fiesta más exclusiva de octubre. Sin embargo, el verdadero legado radica en su compromiso personal con la transformación.

Klum elevó el disfraz de celebridad de un simple atuendo a una forma de performance artístico, invirtiendo meses y cientos de miles de dólares en prótesis complejas y maquillaje de niveles cinematográficos.

Su evolución la ha llevado de íconos (Betty Boop) a lo conceptual (un ejército de clones) o lo grotesco (el gusano de 2022), del que aún se habla hoy día.

El público aún la recuerda enfundada en un traje hiperrealista, colosal y de color carne, siendo incapaz de caminar o usar sus brazos. Tanto así, que fue llevada y depositada en el suelo, donde concedió entrevistas tumbada, literalmente.

Era un disfraz deliberadamente claustrofóbico, sin glamour y casi inmóvil. Fue la antítesis absoluta de una supermodelo.

Y, de hecho, las reacciones obtenidas son la razón por la cual rechaza las máscaras simples. Ella prefiere la erradicación de su identidad a través del arte.

Heidi Klum no se disfraza, se somete a un proceso de ingeniería

No queda duda, es la monarca indiscutible. Su aparición genera más expectación que el propio 31 de octubre. En las últimas dos décadas, la supermodelo germano-estadounidense ha ejecutado una toma hostil de la festividad, convirtiendo su fiesta anual en el escenario de su propia metamorfosis.

Lo que comenzó como una fascinación por la dedicación estadounidense a Halloween, se convirtió en una obsesión personal por la transformación.

Según expertos, seguidores y público en general, su genio reside en su voluntad de ser extravagante y rechazar activamente el mandato de «disfraz sexy» que persigue a las mujeres en su industria.

Como cuando conmocionó, en 2013, al usar prótesis de efectos especiales, no para ser un monstruo, sino para ser una anciana.

Se presentó con arrugas profundas, venas varicosas meticulosamente pintadas y un bastón, un acto de subversión que priorizó el arte sobre la vanidad.

Vale destacar que en su fiesta de 2008 ya había mostrado su audacia al encarnar a Kali, la diosa hindú de la muerte. Era una visión aterradora y compleja: múltiples brazos protésicos, cabezas cortadas colgando de un cinturón y una capa profunda de pintura corporal azul que generó tanto admiración como debate cultural.

Una escalada de complejidad logística

En 2015, se sometió a un proceso de 10 horas para convertirse en Jessica Rabbit, una hazaña de prótesis de cuerpo completo que alteró su silueta en una caricatura viviente. Para 2016, optó por lo conceptual: llegó con cinco clones de sí misma, cuestionando la idea de un disfraz único. En 2018, ella y su ahora esposo, Tom Kaulitz, se transformaron en Fiona y Shrek, un homenaje mutuo al verde ogro.

Pero para demostrar su rango ilimitado, en 2023 hizo su producción más teatral hasta la fecha. Algunos dicen que la más icónica. Se transformó en un pavo real, con un traje de terciopelo azul y un pico prostético.

La cola, sin embargo, no era de tela: Klum contrató a un equipo de acróbatas del Cirque du Soleil que se posicionaron detrás de ella para formar, con sus cuerpos, el plumaje viviente de la cola.

Y es así cómo la también tv host no solo organiza una fiesta. Cada 31 de octubre, produce un espectáculo de un solo acto donde el presupuesto es ilimitado y el objetivo es la erradicación de Heidi Klum.

Su dedicación es tan seria que ha cimentado su estatus: en la corte de Halloween, ella no es solo la reina. Es el estándar.

Con información de El Nacional