Los caparazones de las tortugas marinas funcionan como cápsulas biológicas que preservan un registro químico detallado de los cambios oceánicos a lo largo del tiempo.
Un estudio internacional dirigido por investigadoras de Estados Unidos y Reino Unido, publicado en Marine Biology, demostró que los llamados escudos córneos de estos animales permiten reconstruir la historia ambiental y los episodios de estrés ecológico.
El análisis de los caparazones de tortugas marinas permite identificar información sobre la alimentación, rutas migratorias y exposiciones a eventos como mareas rojas y contaminación.
Según el equipo liderado por Bethan Linscott, profesora asistente de conservación de tortugas marinas en la Universidad de Miami, y Amy Wallace, de la Universidad Estatal de Oregón, este método revela cómo los cambios oceánicos impactan la salud y la supervivencia de especies catalogadas en riesgo y fundamentales para los ecosistemas marinos.
El estudio analizó caparazones obtenidos de 24 tortugas varadas en la costa de Florida entre 2019 y 2022. Mediante cortes ultrafinos de 50 micrones, el equipo determinó que cada capa del escudo córneo corresponde, en promedio, a entre siete y nueve meses de vida.
Utilizando técnicas como el análisis de isótopos estables y la datación por radiocarbono, basada en el “pulso de bombas” generado por pruebas nucleares del siglo XX, así como modelos estadísticos bayesianos, fue posible precisar tanto la velocidad de acumulación como variaciones en la tasa de crecimiento de los escudos.
Cambios ambientales reflejados en los caparazones
El análisis cronológico reveló periodos de desaceleración sincronizada en el crecimiento del caparazón entre 2015 y 2018, coincidentes con eventos ambientales importantes en las aguas de Florida.
Entre estos fenómenos destacan las mareas rojas, floraciones de algas tóxicas que pueden persistir cerca de un año, y la llegada masiva de sargazo, ambos capaces de alterar significativamente los hábitats costeros y las condiciones de vida de las tortugas.
La investigación indicó que las tortugas sometidas a estos eventos no recuperaron sus tasas previas de crecimiento, salvo raras excepciones. El equipo identificó que solo un ejemplar mostró una recuperación plena tras un episodio de declive, mientras que la mayoría mantuvo valores bajos hasta su muerte o varamiento, lo que sugiere repercusiones prolongadas en su desarrollo.
Las autoras destacaron la utilidad de los cortes ultrafinos y la datación individual de cada capa para precisar los periodos de exposición a factores de estrés y evaluar el alcance poblacional de los cambios detectados.
Estos registros se alinearon con floraciones nocivas y arribazones masivas de sargazo, fenómenos que degradan la calidad del hábitat, reducen la disponibilidad de alimento y elevan el estrés fisiológico en las especies marinas.
Herramientas para la conservación y proyección futura
La posibilidad de reconstruir la historia oceánica a partir del escudo córneo constituye una herramienta relevante para la protección de las tortugas marinas, todas clasificadas como amenazadas o en peligro en Estados Unidos.
Dada la longevidad de estas especies y la dificultad para observar sus trayectorias vitales en mar abierto, métodos no invasivos como el análisis caparazonal permiten avanzar en el estudio de su biología y salud.
El grupo de investigación encabezado por Linscott y Wallace señala que esta metodología puede extrapolarse a otros animales marinos longevos, como ballenas, o a mamíferos terrestres migratorios, utilizando tejidos incrementales como barbas, pelo o colmillos.
Esta aproximación contribuye a ampliar el conocimiento sobre la ecología y adaptación de distintas especies frente al cambio climático.
Detectar marcas químicas específicas relacionadas con floraciones tóxicas o acumulaciones masivas de sargazo permite evaluar con precisión el impacto de estos eventos sobre la fisiología y supervivencia de las poblaciones de tortugas.
El estudio respaldó el diseño de políticas de conservación más efectivas, al documentar los riesgos ambientales y sus consecuencias en la reproducción y el éxito biológico a largo plazo.
La importancia de estos hallazgos radica en que los caparazones de tortuga, a través de su registro químico, se convierten en archivos biológicos del océano. Así, ofrecen claves sobre las historias individuales de las tortugas y sobre la evolución de los ecosistemas marinos ante perturbaciones ambientales.
Las tortugas marinas, mediante las señales alojadas en sus caparazones, permiten a la ciencia reconstruir con detalle los cambios ecológicos en el océano e identificar rastros de alteraciones ambientales que no serían detectables mediante otros métodos.
Con información de Infobae






