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Los lobos matan y los cuervos recuerdan dónde

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La rapidez con la que los cuervos llegan a las presas de los lobos es asombrosa. Un nuevo estudio en el Parque Nacional de Yellowstone, Estados Unidos, muestra que los carroñeros utilizan una sofisticada estrategia para ello, pueden recordar dónde es más probable que los mamíferos maten y regresan.

Hasta ahora, los científicos asumían que esta especie de ave seguía a los lobos para obtener sus restos, pero la nueva investigación que ha monitorizado a los animales durante dos años y medio da «un giro inesperado»: incluso antes de que los depredadores hayan tenido tiempo de hincarle el diente, los cuervos ya están ‘haciendo cola’, esperando para aprovecharse de los restos de carne.

Los hallazgos sugieren que la navegación y la memoria, más que el seguimiento en tiempo real de los depredadores, desempeñan un papel fundamental en la localización de las fuentes de alimento por parte de los cuervos, escriben los autores en su artículo publicado en Science.

La investigación está liderada por científicos del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (Alemania) y del Instituto de Investigación de Ecología de la Vida Silvestre de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, junto a otras instituciones como la Universidad de Washington y el propio parque, en el que se reintrodujeron los lobos a mediados de los años 90 tras 70 años de ausencia.

Para obtener una visión completa del comportamiento de los cuervos (Corvus corax), el equipo colocó pequeños dispositivos de rastreo GPS a 69 de ellos. Además, incluyó datos de movimiento de 20 lobos grises (Canis lupus) -monitorizados mediante collares de seguimiento-, explican sendas notas de la Universidad de Washington y del Max Planck.

Los investigadores supervisaron a los animales durante el invierno, cuando los cuervos se asocian con mayor frecuencia a los lobos, registrando las ubicaciones GPS a intervalos de hasta 30 minutos para los cuervos y de hasta una hora para los lobos. El análisis incluye además un seguimiento a 11 pumas.

También introdujeron datos sobre dónde y cuándo los lobos mataban a sus presas, principalmente alces, bisontes y ciervos.

Hasta 155 kilómetros de vuelo en un día

Durante más de dos años y medio de observación, los investigadores solo encontraron un caso claro de un cuervo que siguió a un lobo durante más de un kilómetro o más de una hora.

Tras un análisis detallado de los datos de movimiento, el patrón quedó claro: en lugar de seguir a los depredadores directamente a lo largo de largas distancias, los cuervos volvían repetidamente a zonas específicas donde era habitual que los lobos mataran presas.

Algunos individuos volaban hasta 155 kilómetros en un solo día, moviéndose por rutas muy direccionales hacia lugares donde era probable que apareciera un cadáver, aunque el momento exacto de la matanza fuera impredecible.

En cuanto a la ubicación, las presas de los lobos se concentraban en características paisajísticas concretas, como los fondos de valles llanos, donde estos cazan con más éxito.

Los cuervos eran mucho más propensos a visitar zonas con un historial de presas frecuentes de lobos que zonas donde las presas eran poco frecuentes, lo que sugiere que aprenden y recuerdan el «paisaje de recursos» a largo plazo creado por los citados mamíferos.

«Ya sabíamos que los cuervos pueden recordar fuentes de alimento estables, como los vertederos», afirma Matthias Loretto, primer autor del estudio. «Lo que nos sorprendió es que también parecen aprender en qué zonas son más frecuentes las presas de los lobos».

Pueden volar seis horas sin parar, directo al lugar de la presa, asegura el experto.

Los autores no descartan que los cuervos sigan a los lobos en distancias cortas. Para encontrar presas de lobos en la zona, es probable que las aves utilicen señales de corto alcance, como observar el comportamiento de los lobos o escuchar sus aullidos.

Pero a mayor escala, la pauta es clara: primero la memoria, luego las señales.

«Lo que nuestro estudio muestra claramente es que los cuervos son flexibles a la hora de decidir dónde alimentarse, no se quedan atados a una manada en particular», añade por su parte John M. Marzluff, otro de los firmantes.

Vía: EFE