El deceso ocurrió en un hospital privado de Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, sede del poderoso cártel narcotraficante que fundó su hijo, 20 días después de haber sido sometida a una operación en la vesícula, según las mismas fuentes.
Una de sus más sonadas apariciones públicas ocurrió en marzo de 2020 cuando se encontró con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se hallaba de gira por Sinaloa y se acercó a saludar a Loera a su automóvil, lo que generó polémica y críticas al mandatario.
López Obrador defendió su gesto como un acto humanitario ante una mujer mayor que “merece todo mi respeto independientemente de quien sea su hijo”.
“Si doy la mano a delincuentes de cuello blanco, ¡cómo no se la voy a dar a una señora! ¡Cómo le voy a dejar la mano tendida!”, expresó entonces el mandatario izquierdista, en una de sus habituales conferencias de prensa.
Pese a sus intentos, la anciana no logró visitar a su hijo en la cárcel. En cambio, alcanzó a saber de la persecución de autoridades estadounidenses a cuatro de sus nietos, quienes quedaron al frente del cártel de Sinaloa y son conocidos como los “Chapitos”, y de la detención y extradición este año de uno de ellos, Ovidio Guzmán López.
Frente a la vivienda se ubica un templo cristiano que fue mandado a construir por sus hijos, con la intención de que la señora pudiera practicar activamente su fe.
La devoción de Loera la llevaba a visitar frecuentemente Culiacán para acudir a un templo del barrio Tierra Blanca, lugar conocido por ser cuna de capos criminales que vivieron entre los años 1970 y 1990.