25 de julio del 2021

Nutricionistas: Pandemia y confinamiento agudizaron la inseguridad alimentaria

El integrante del Observatorio Venezolano de Salud –OVS- y nutricionista Pablo Hernández, señaló que “el patrón de alimentación del venezolano ha cambiado abruptamente en los últimos cinco años. “Normalmente esa varianzas se dan en un periodo de entre 10 y 15 años en sociedades con cierta normalidad, pero en Venezuela este cambio ha sido muy rápido”.

Agregó Hernández que la llegada de la pandemia de coronavirus y el confinamiento “el problema de accesibilidad a los alimentos” se ha agravado porque la gente ya no puede desplazarse a buscar precios más económicos en otras zonas y la escasez de gasolina que dificulta la llegada a las ciudades de los alimentos desde los centros de cultivo.

Asimismo, resaltó que ha bajado el consumo de “las tan necesarias proteínas para el sistema inmune (…) Y no solo eso también el calcio, minerales como el hierro y el zinc e incluso los mismos vegetales y frutas que aportan la tan requerida vitamina C que igual nos ayuda con la inmunidad”.

En cuanto al abastecimiento de alimentos destacó que aunque “Caracas como capital está relativamente mejor que el interior pero, incluso en esos estados, hay diferencias entre los que viven en las capitales y en las zonas que no son el ámbito urbano”.

Por su parte, la doctora especialista en planificación alimentaria nutricional Maritza Landaeta, directora ejecutiva de la Fundación Bengoa, distinguió que actualmente en el país en cuanto al acceso a los alimentos, existen diferentes tipos de familia. “Hay un  porcentaje pequeño de la población que puede tener acceso a todos los alimentos y hay un grupo intermedio que haciendo serios sacrificios dedica todo lo que produce para consumir alimentos”.

Hay otro grupo “donde están los mayores déficits que es ese porcentaje de la población que realmente no puede acceder a los alimentos  porque no tiene ingresos suficientes”, alertó.

“El problema de la alimentación en el país está ligado a la pobreza y mientras no resolvamos la pobreza es muy difícil la familia pueda lograr una alimentación adaptada a las necesidades”, advirtió.

Considera que la familia venezolana de escasos recursos en realidad hace milagros con lo que recibe porque “depende básicamente de los productos que ofrece el CLAP y que cada vez son más restringidos y de menor calidad”.

La  nutricionista señala que no consumir proteínas de las carnes, huevos o lácteos deriva en lo que se cataloga como “dieta anémica” que genera grandes pérdidas y las personas no pueden tener requerimientos necesarios y se traduce en altos índices de desnutrición infantil y de adultos jóvenes”.

“Esto lleva a una situación de alta inseguridad alimentaria y de alto deterioro nutricional e incremento de enfermedades ligadas a la desnutrición”, acotó.

Explicó que la emigración, en la mayoría de los casos de los hombres, ha dejado a muchas familias solas y desamparadas. “75% de las familias están en manos de mujeres jóvenes solas, bien porque el marido migró o porque son las jefas de hogar”.

“La inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad de la familia venezolana sin lugar a dudas se ha  visto muy complicada tanto por covid y como por las restricciones en los servicios públicos, un país con limitaciones para trasladar los alimentos desde los centros de producción a los de consumo pero además no tienen luz o gas y todo esto hace muy compleja la sobrevivencia”, subrayó.

Con información de UniónRadio

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