Los niños y adultos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no tienen rasgos físicos que permitan identificarlos fácilmente. Ante la falta de conciencia y sensibilidad en la sociedad, carecen de entornos amigables, caracterizados por el orden y la moderación en la iluminación, los ruidos y los colores, entre otros aspectos que les evitarían crisis en público. Especialistas y padres reiteran su derecho a llevar una vida tranquila, a estudiar, a divertirse y a la libre movilidad sin temor al rechazo o a los señalamientos por estigma.
No se pueden generalizar las reacciones y sus desencadenantes en la neurodiversidad, ya que dependen del perfil hipersensible o hiposensitivo en función del rechazo o la necesidad de estímulos. La neuropediatra, María Laura Braz, advierte sobre estas diferencias que siempre buscan entender el entorno, ya sea escuelas, centros comerciales, iglesias, calles u otros lugares, donde se necesita apoyo visual para ubicarse y encontrar un área de calma, un refugio de paz para sentirse seguros.
De ahí que la recomendación más común sea evitar exponerlos a colores fluorescentes, luz natural intensa, falta de ventilación y espacios cerrados. Se aconseja que lleven auriculares antirruido y siempre su «mochila sensorial» con sus juguetes preferidos.
El hogar, planteles educativos, iglesias, centros comerciales, cines y demás recintos no deberían afectarlos emocionalmente si se conoce y respeta las necesidades de esta comunidad, minimizando las sobrecargas sensoriales.
Es esencial comenzar con un orden establecido para evitar someterlos a un caos impredecible. Así lo afirma la doctora Angélica Torres, presidenta de la Fundación «Sólo Faltas Tú«, quien muestra su preocupación por escenarios que resultan perturbadores para las personas dentro del espectro autista. Entre estos escenarios destaca el alto volumen de la música en los transportes públicos, las conversaciones en tono elevado, la falta de ventilación y la sensación de encierro o calor.
«Los espacios en los que nos desenvolvemos deberían ser amables y así todos podamos estar en ellos«, mencionó Torres, sin implicar un alto costo porque deben ser accesibles y así alcanzar la verdadera convivencia.
Vivir con TEA: Son luchas diarias
Estar frente a Valentina es sentir un fuerte abrazo, de esos que regresa a la infancia y disfrutar de su naturalidad. Pero recién cumplió sus 18 años y solamente pudo cursar la primaria, debido a su TEA con cierto retraso mental, una etapa que fue culminada en dos colegios. Su madre, Katherín Anzola, cuenta que el liceo fue una frustración por los diversos profesores y su dificultad en matemáticas. Ella insistió en confiar en su potencial y gracias a la concentración lleva más de un año estudiando como minichef en la academia de arte culinario «Sí, Venezuela».
El ruido la perturba, no tolera la música a elevado volumen y hasta le molesta el eco del murmuro de las personas en los centros comerciales. Solo pudo disfrutar una película en el cine, pero en la segunda oportunidad se desesperó y quería levantarse de su butaca, al punto de suplicar: «¡Me quiero ir…vámonos!» y «¡Bájale el volumen!».
Con información de La Prensa De Lara