El Gobierno de facto talibán publicó este miércoles una lista de cuentas bancarias para recibir donaciones monetarias directas para las víctimas del terremoto que dejó más de 1.400 muertos en Afganistán, a pesar de que el régimen opera bajo severas sanciones financieras.
El portavoz adjunto del régimen, Hamdullah Fitrat, difundió en X una «tabla con números de cuentas bancarias (…) para la recolección de ayuda» destinada a las provincias de Kunar y Nangarhar, epicentro de la catástrofe.
El ministro de Asuntos Exteriores de facto, Amir Khan Muttaqi, se reunió también de forma telemática con sus misiones en países como Rusia, China y Catar, a las que instruyó para «redoblar esfuerzos» a fin de conseguir ayuda de gobiernos y organizaciones benéficas.
Este intento de centralizar la ayuda compite con la desconfianza que genera un régimen no reconocido internacionalmente. Los talibanes son objeto de un fuerte bloqueo financiero desde agosto de 2021 y el país fue desconectado en gran medida del sistema bancario internacional SWIFT.
Asimismo el movimiento islamista y sus líderes permanecen bajo sanciones que prohíben las transacciones financieras con ellos, una medida que ha paralizado la economía y que ahora complica enormemente la llegada de ayuda monetaria directa al Gobierno de facto.
Además, han surgido canales de ayuda paralelos, como las campañas de recaudación de fondos lanzadas por la estrella mundial del críquet Rashid Khan o la activista de la diáspora Nilofar Ayoubi.
Estos esfuerzos se suman a los de grandes ONG como la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR), que ha solicitado 25 millones de francos suizos (unos 31 millones de dólares, unos 26 millones de euros).
Este panorama para la ayuda se desarrolla en medio de una situación desesperada en la zona cero.
El último balance oficial cifra en 1.457 los muertos y más de 3.300 los heridos, y la ONU estima que 12.000 personas han perdido sus hogares.
Los supervivientes, muchos de ellos refugiados recién retornados, se enfrentan a la falta de refugio, agua potable y alimentos bajo un calor extremo, mientras los hospitales de la región están completamente desbordados.
Organizaciones como Islamic Relief describen «aldeas enteras reducidas a barro y escombros».
La llegada de cualquier tipo de ayuda se enfrenta a las limitaciones crónicas del país, con muchas de las aldeas más afectadas en la montañosa provincia de Kunar aisladas por los deslizamientos de tierra que han bloqueado las precarias carreteras.
Estructuralmente, la catástrofe golpea a una nación devastada por cuatro décadas de guerra: el sistema sanitario ya estaba al borde del colapso antes del seísmo y la economía se encuentra hundida desde el corte de la ayuda internacional en 2021, lo que convierte a Afganistán en uno de los lugares más difíciles del mundo para gestionar una emergencia.
Con información de EFE






