El letrero de Hollywood se recorta contra el cielo de California, Estados Unidos, una postal icónica que se filtra todos los días por la ventana. Dentro de su oficina, el corazón y la mente de Vicente Zavarce operan a miles de kilómetros de distancia, en las calles de Venezuela. Con Yummy.
Sobre su escritorio, una réplica en miniatura de la Esfera de Jesús Soto sirve como un ancla. Un recordatorio constante de su origen y del propósito que lo impulsa.
A sus 32 años, este caraqueño no dirige una empresa de tecnología desde el exilio; construye un puente. Un puente que ahora tiene un nuevo y ambicioso pilar: Yummy Marketplace.
Zavarce es un hombre forjado en la curiosidad. Aquel día en Boston, cuando la palabra «Uber» era apenas un susurro de innovación, él no solo escuchó. Actuó.
Descargó la aplicación, pidió un carro y, en esa esquina, mientras un vehículo anónimo se detenía frente a él, comprendió que la tecnología era la herramienta para minimizar las fricciones de la vida cotidiana.
Esa revelación lo llevó de las finanzas en la Universidad del Nordeste a la banca de inversión y, finalmente, al gigante del e-commerce Wayfair. Allí, su misión fue migrar audiencias del sitio web a la aplicación, un experimento exitoso que encendió la mecha de lo que vendría después.
Vicente, el hombre, se describe como alguien que persigue la libertad, el impacto y la paz. El CEO es el ejecutor de esa visión. Un imán de talento con la misión de materializar las soluciones que su mente diseña para los vacíos de su país.
El antídoto contra la jungla digital
Yummy, en 2025, es mucho más que la aplicación morada que lleva un pedido de comida o traslada de un punto a otro. Es un ecosistema robusto que respira al ritmo de Venezuela.
Las cifras hablan: la plataforma gestiona más de 25 millones de órdenes a través de una red de más de 5.000 comercios aliados. Su músculo logístico es una flota de más de 70.000 conductores que no solo mueven personas, sino que se han convertido en el torrente sanguíneo de una economía que exige agilidad.
Este entramado no es un accidente. Es la base, pacientemente construida, que permite la existencia de su más reciente creación.
La idea de una plataforma multivertical siempre estuvo en el ADN de Yummy, cuenta Zavarce. Pero para llegar a ella, era necesario erigir la infraestructura.
Esa red de 70.000 conductores es el precursor que hoy permite que Yummy Marketplace nazca con una ventaja fundamental. En palabras del CEO, la plataforma es como un antídoto al desorden que existe, a veces, en el comercio entre particulares en otras plataformas.
Se refiere a ese espacio anárquico y peligroso donde una transacción puede convertirse en una emboscada, un territorio fértil para la estafa y la violencia. El recuerdo de un rapero argentino asesinado durante una negociación en una de las más populares plataformas, por ejemplo, para él es una cicatriz que evidencia el riesgo.
Yummy Marketplace para todo y todos
El Marketplace se presenta como un entorno donde la seguridad no es una opción, sino el pilar central.
Aquí no hay encuentros con extraños. Un conductor verificado de Yummy recoge el producto en la puerta del vendedor y lo entrega en las manos del comprador.
La coordinación de días se desvanece; la venta es instantánea. El pago, a menudo un momento de tensión y desconfianza, se canaliza a través de la aplicación, que retiene el dinero y lo libera al vendedor solo cuando la transacción se completa.
De esta forma, Yummy elimina la incertidumbre de transferir fondos a un desconocido antes de recibir el artículo.
El modelo es simple y poderoso. Para el vendedor, la promesa es directa: «subiste tu producto y te metiste una platica», recalca Vicente.
Destaca que Yummy no cobra comisión por la venta. El 100% del valor del artículo va al bolsillo de quien lo vende, razón por la cual reitera que el impacto social de esta decisión es profundo.
Se trata de inyectar liquidez en los hogares venezolanos, permitiendo que un PlayStation olvidado, una cartera que ya no se usa o un mueble que ocupa espacio se conviertan en dinero contante y sonante.
Además, para los emprendedores, el Marketplace es una caja de arena, un laboratorio para testear la demanda de un nuevo negocio sin la barrera de una inversión inicial.
Verticales de negocio en evolución
El acceso a este ecosistema seguro tiene una única puerta de entrada: el Yummy Club. Para vender, el usuario debe verificar su identidad, un proceso que cruza los datos de su cédula con su información biométrica facial.
Este filtro, gratuito y sencillo, asegura que detrás de cada publicación haya una persona real y única, minimizando el fraude y la creación de perfiles falsos.
Una vez dentro, la inteligencia artificial se encarga del resto. Agentes de IA patrullan los listados como «policías digitales», explica, identificando comportamientos extraños y garantizando que los productos cumplan con los términos y condiciones.
La tecnología incluso asiste al vendedor: al subir una foto, la IA sugiere un título, una descripción y hasta un precio de mercado, agilizando el proceso al máximo.
La respuesta del público, manifiesta, ha sido abrumadora. En apenas cinco días de haberse lanzado, más de 3.000 productos fueron listados en la plataforma.
La variedad, indica por su parte, es un reflejo de las necesidades y aspiraciones del venezolano: desde automóviles y motocicletas hasta licuadoras, computadoras, ropa y joyería. Es un universo de bienes encontrando una segunda vida.
Pero el ecosistema Yummy es aún más profundo. Existe una cuarta vertical de negocios, menos conocida por el público general, pero vital para el tejido comercial del país.
Es un servicio para empresas que permite a cualquier restaurante o tienda no solo vender a través de Yummy, sino también obtener su propio e-commerce y, crucialmente, automatizar sus ventas por WhatsApp mediante inteligencia artificial.
Gigantes como Domino’s y KFC, junto con una multitud de otros comercios, ya utilizan esta tecnología para gestionar sus pedidos, eliminando la ineficiencia de la atención manual y mejorando la experiencia del cliente.
Sin embargo, rescata Zavarce, estas verticales de negocio no diluye la identidad de Yummy; la fortalece. No hay canibalización, sino simbiosis.
Un usuario que pide un transporte en Yummy Rides acumula puntos que puede usar para un descuento en Yummy Delivery, y ahora, también para comprar algo en el Marketplace.
Todo está pensado para conectar. Cada vertical hace a la otra más valiosa, tejiendo una red que atrapa al usuario en el buen sentido, convirtiéndose en ese software indispensable para el día a día.
Vicente Zavarce lo resume con una claridad meridiana: «Queremos mover las cosas que te importan. Todas».
Yummy no tiene precio
La crítica, insiste, es bienvenida y necesaria.
A quienes nunca han usado la plataforma, les ofrece probarla gratis. A quienes han tenido una mala experiencia, les recuerda que Yummy es una empresa joven, en un estado de mejora perpetua. Un esfuerzo impulsado por 300 colaboradores —la gran mayoría en Venezuela— apasionados por su impacto
El tiempo promedio de una entrega de comida, que en 2021 era de 48 minutos, hoy se ha reducido a 29. Esa métrica es un ejemplo tangible de una evolución que ocurre en cada rincón de la compañía, dice.
Desde Los Ángeles, Vicente Zavarce no ve poder en estas cifras, sino responsabilidad. Más de una orden se procesa por segundo, un flujo incesante que ocurre mientras duerme, juega tenis o conversa sobre el futuro; un futuro que le recuerda constantemente la misión de empoderar. Porque la movilidad física es la antesala de la movilidad social.
Esta convicción, de hecho, fue puesta a prueba de la forma más definitiva a principios de año.
Una gran empresa internacional intentó comprar Yummy. Por responsabilidad fiduciaria, la oferta fue explorada, pero la respuesta final fue un rotundo «no».
La razón revela el espíritu de la compañía: el comprador estaba más interesado en la tecnología para exportarla a sus propios mercados que en el futuro de la operación en Venezuela. Es decir, existía el riesgo real de que, ante cualquier volatilidad, apagaran el servicio en el país para el cual fue creado.
«Esa no es la razón por la que empecé», reflexiona. «Si no me importara que esto perdure en Venezuela, me hubiera quedado con mi carrera en Estados Unidos. ¿Cuál sería el punto de vender a una empresa con esas características?».
Ese «no» fue la declaración de principios más poderosa de Yummy, y hoy es la garantía de que su futuro se sigue escribiendo con y para Venezuela.
Sin competencia
La empresa no se apaga a las cinco de la tarde, resalta. Su misión trasciende el horario de oficina, con la responsabilidad de seguir generando oportunidades para que un estudiante que vive en Charallave llegue a tiempo a clases, un músico emergente pueda financiar su arte o para que una madre pueda mantener a su familia.
Y el futuro se escribe con la misma audacia.
Ya se aceptan pagos con la stablecoin USDC en alianza con la startup venezolana Contigo, y se vislumbran nuevos métodos de pago y otra vertical de negocio que se revelará pronto.
El objetivo es claro: pasar de 70.000 a 400.000 conductores y multiplicar las órdenes.
En un mercado de transporte por aplicación que tiene el potencial de ser ocho veces más grande, la llegada de competencia no asusta; al contrario, es un catalizador que agranda el pastel para todos.
Mientras tanto, Yummy sigue innovando al ser la única plataforma que ofrece pagos diarios a sus conductores, un gesto que demuestra que su tecnología de clase mundial está, ante todo, al servicio de su gente.
Vicente Zavarce, desde aquella oficina en Los Ángeles, con una esfera de Soto como brújula, sigue construyendo país, una transacción segura a la vez.
Vía El Nacional


