La primera impresión se forma en segundos y, frecuentemente, no depende de lo que se dice. El modo en que una persona se mueve y gesticula define si provoca cercanía o desconfianza desde el primer contacto, ya que el cuerpo transmite señales constantes que son interpretadas de inmediato.
Un análisis realizado por el psicólogo Mark Travers y publicado en Forbes aborda el lenguaje corporal desde las pruebas científicas y detalla cómo determinados comportamientos no verbales inciden en la percepción de credibilidad.
El enfoque parte de investigaciones psicológicas según las cuales esas señales no verbales influyen de manera decisiva, incluso cuando el emisor no busca comunicar nada de forma deliberada.
Manos visibles y confianza no verbal
Uno de los aspectos con mayor impacto en la interacción social es la posición de las manos. Ocultarlas, ya sea en los bolsillos, bajo una mesa o entrelazadas de manera rígida, suele interpretarse como señal de alerta. Si bien quien adopta esta postura puede pretender mostrar calma, el efecto en los demás puede ser el contrario.
Según una investigación de 2024 publicada en la revista académica Journal of Nonverbal Behaviors, este tipo de gesto se vincula con la llamada “filtración no verbal”, fenómeno en que la ansiedad o la evasión se manifiestan a través del cuerpo. La falta de visibilidad de las manos dificulta la interpretación de intenciones, lo que a nivel neurológico, se procesa como amenaza potencial.
Por el contrario, la postura de manos visibles y la utilización de movimientos naturales durante el discurso transmiten apertura y transparencia. Distintos estudios citados por Travers indican que el uso de gestos facilita la comprensión y la memoria de la información por parte de la audiencia.
El ritmo de los movimientos y la autoridad
La velocidad de los movimientos es otro factor relevante. El ritmo al hablar, gesticular o reaccionar determina la percepción de autoridad y control. Las personas consideradas confiables se distinguen por moverse con lentitud y precisión, y evitan gestos abruptos.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology examinó el efecto de las señales posturales y del movimiento en la evaluación social. Los resultados mostraron que estos elementos constituyen uno de los principales canales para transmitir compostura o nerviosismo, y estas interpretaciones surgen rápido y con consistencia.
El análisis del psicólogo señaló que la tensión corporal o los movimientos erráticos afectan la credibilidad, incluso si el mensaje verbal parece adecuado. Reducir la velocidad de las acciones, como responder tras una breve pausa o girar la cabeza con calma, contribuye a proyectar una imagen reflexiva y confiada, reforzando la impresión de movimientos pausados.
Orientación corporal y atención en la interacción
La dirección en que se orienta el cuerpo durante una conversación representa otra señal relevante. Girar hacia el interlocutor, alineando hombros, torso y pies, indica interés y participación activa. En cambio, una postura desviada puede sugerir falta de involucramiento.
Aunque este aspecto opera sobre todo a nivel subconsciente, la persona receptora registra la diferencia en la calidad de la interacción. La orientación corporal completa favorece la percepción de atención genuina, mientras que una alineación incompleta transmite distancia emocional.
Travers sostiene que esta señal incide directamente en la experiencia de ser escuchado, factor fundamental para establecer confianza. La congruencia entre la postura y la interacción verbal fortalece la percepción de autenticidad.
El impacto de las señales no verbales en la percepción social
Los tres comportamientos analizados, manos visibles, movimientos pausados y orientación corporal completa, comparten la capacidad de reflejar un estado de presencia. La psicología sostiene que, cuando hay contradicción entre lo verbal y lo corporal, las personas tienden a confiar más en lo que detectan a través del lenguaje físico.
Estas señales se activan automáticamente y moldean la percepción social en múltiples contextos, desde reuniones de trabajo hasta situaciones cotidianas. Las pruebas presentadas por Travers muestran que pequeños cambios en la conducta no verbal pueden modificar cómo una persona es percibida por su entorno, incluso antes de hablar.
Con información de Infobae






