Un nuevo estudio, liderado por glaciólogos de la Universidad de California en Irvine (UCI), Estados Unidos (EE. UU.), analizó tres décadas de datos satelitales sobre la Antártida, y reveló que los sectores más vulnerables del continente perdieron 12 mil 820 kilómetros cuadrados de hielo firme desde 1996.
La línea de apoyo es el punto crítico donde el hielo continental deja de reposar sobre el lecho rocoso y comienza a flotar en el océano. Según el profesor distinguido de la UCI y autor principal del estudio, Eric Rignot, esta medición es el “estándar de oro” para documentar la estabilidad de las capas de hielo. “Lo hemos sabido durante 30 años, pero esta es la primera vez que lo cartografiamos de forma exhaustiva en toda la Antártida durante un periodo de tiempo tan largo”, explica el investigador.
El estudio, publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), destaca que la pérdida de hielo se concentra en la Antártida Occidental y la Península Antártica. El ritmo medio de retroceso es de 442 kilómetros cuadrados al año. Los cambios más drásticos se han observado en los sectores del mar de Amundsen y Getz, donde algunos glaciares han retrocedido entre 10 y 40 kilómetros.
Casos emblemáticos como el glaciar Smith registraron un retroceso extraordinario de 42 kilómetros, mientras que el glaciar Thwaites —conocido como el “glaciar del juicio final”— ha retrocedido 26 kilómetros.
Los expertos señalan una paradoja: aunque el 23 % de la costa pierde terreno, la Antártida en su conjunto ganó masa en los últimos tres años debido al aumento de las nevadas. “El calentamiento implica mayor evaporación en los océanos tropicales, lo que resulta en mayor precipitación en forma de nieve en las regiones polares”, puntualiza Navarro.
Satélites comerciales y modelos de futuro
Para este hito científico se combinaron datos de múltiples misiones internacionales (ESA, NASA, agencias de Canadá, Japón, Italia, Alemania y Argentina) junto con datos de satélites comerciales de última generación.
Aunque el 77 % de la costa antártica se mantiene notablemente estable por ahora, Scheuchl lanza una advertencia: “Quizás deberíamos sentirnos afortunados de que no toda la Antártida esté reaccionando ahora mismo, porque estaríamos en problemas mucho mayores. Pero ese podría ser el siguiente paso”.
Con información de VTV






